
3 poemas del libro «Gigante Magallanes»
Poemas extraídos del libro «Gigante Magallanes», de Eduardo Serrano Velásquez (Pez Espiral, 2023)
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PROFUNDIDAD DE CAMPO
Cuando viajábamos al poniente por la 78
nuestra única ocupación era
trazar rutas poligonales en el mapa,
no por azar o búsqueda
de un recorrido inmutable,
sino como método de supervivencia,
mientras mirábamos de frente a la carretera
a través del cristal manchado del vehículo,
soslayando los autos en llamas
y los cuerpos aglomerados en la berma.
Cuando viajábamos al poniente por la 78
nos gustaba ver la cordillera
desde la gélida cabina,
no pensando en los camiones con propano
que nos empujaban con la fuerza del aire
hacia los acantilados,
derritiendo el alquitrán de la autopista,
sino en los campos cubiertos de cables
y torres de alta tensión
que fraccionaban el paisaje
anquilosado del invierno.
Cuando viajábamos al poniente por la 78
nos gustaba observar las constelaciones
y cúmulos de estrellas en el cielo nocturno
como grandes catedrales desiertas
no para buscar direcciones,
sino como excusa para apretar a fondo
el acelerador de partículas
y desmantelar el territorio
en aristas, vértices y puntos de fuga.
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* *
TELESCOPIO ALMA
Observo la catástrofe microscópica
de mi propia imagen en el espejo
como una falla geológica
que comienza un poco antes
de que el cuerpo se levante
y deslice a través de la casa
tanteando los objetos con las manos,
desde las solitarias playas de nuestros sueños
hasta la fría habitación que parece un templo.
Desde ahí la fractura de las placas internas
se hace visible en el reflejo
como un holograma de los pastos y terrenos
de este lado de la ciudad,
grietas que no se pueden esconder
a lo largo del rostro,
como senderos de hormigón roto
cubiertos de hojas secas
bajo la luz de grandes nubes frías.
Más allá de eso, solo se ve
una porción diminuta de luz
en medio de la oscuridad
que sigo hipnotizado con la vista,
como si estuviera aún
en medio de un sueño,
caminando sin rumbo entre las habitaciones
momentos antes de que amanezca,
y el azul acrílico del cielo
entre por la ventana y cambie
la perspectiva de las cosas.
Entonces vuelvo a encontrarme
frente al espejo para observar
las grietas cada vez más profundas
que se dibujan detrás del rostro.
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* *
GIGANTE MAGALLANES
Cuando tú tenías un segundo de vida
no existían ni las estrellas
ni las galaxias,
sólo diminutos rayos de luz,
sólo átomos ardiendo a fuego lento
en el infierno.
Cuando tu tenías un segundo de vida
no era nada fácil
desprenderse de las envolturas,
ir quitando una a una
las capas que cubrían tu cuerpo
hasta dejar solo
el pequeño atlas de tu mirada
llana y transparente.
Cuando tu tenías un segundo de vida
sólo era cuestión de tiempo
para que empezaras
a descubrir las cosas a tu alrededor
siguiendo esas pequeñas luces en la oscuridad,
como la tardía respuesta de nuestros sentidos
a la distancia que nos separaba.
Porque entonces abrir de golpe
los ojos en la noche al despertar de un sueño,
era lo mismo que conocer la sensación del miedo,
cuando no se recibía la cantidad de luz
necesaria para enfocar
la nitidez de los cuerpos en el espacio.
Porque mirar de pronto en la oscuridad
hasta que los ojos se acostumbraran,
era lo mismo que verme por primera vez
y reconocer el timbre seguro de mi voz
pronunciando tu nombre en medio de la noche.