Crecer en la derrota. Sintetizadores en Europa del Este – Carcaj.cl
Crecer en la derrota. Sintetizadores en Europa del Este

ilustración: Fotograma del documental D'est, de Chantal Akerman

29 de diciembre 2025

Crecer en la derrota. Sintetizadores en Europa del Este

Duerme, no te preocupes por nada,
solo existe la música

BORIS RYZHY

Eingedenken

El ejercicio de recordar es a veces un esfuerzo que te descoloca de ti mismo. Luego viene la melancolía, la sonrisa y el verano que se lleva a través del viento la inercia de lo que no fue. Sin embargo, hay una armonía que produce la música en todo el cuerpo, en todos los sentidos del ser humano, que no llamaría de forma simplista melomanía, sino la vía por la que se ha transitado, llorado, o disfrutado el viaje para pensar la vida acompañada. En la universidad empezó el desplome. Al mismo tiempo que asistíamos a clases en el norte u oriente de la ciudad buscamos en los pogos del internet música nueva, entre más lejana mejor. Nos obsesionamos pronto con bandas como Motorama, Lebanon Hanover, Molly Nilsson, Soviet soviet o las legendarias The Cure y Depeche Mode. Por primera vez, conocimos los festivales masivos por Av. Constitución. Un par de años después moría Fidel Castro en Cuba, el 25 de noviembre de 2016. Así lo anunció una de las profesoras más irreverentes y brillantes que dió la universidad por esos años. Las pocas veces que se salía del guión académico nos contaba que, su infancia y adolescencia transitó en la Cuba revolucionaria de principios de la década de los 70 ‘s del siglo XX. Su vida escolar y social eran estables, en casa había lo suficiente para vivir con dignidad.

La ley de Reforma Agraria de 1959 había eliminado la Ley del latifundio y se fomentaron hasta entonces cooperativas agrícolas que mejoraron la producción y las condiciones de vida en la mayor parte de la isla. Contaba que la calidad de los electrodomésticos que llegaron a Cuba desde la URSS, eran insuperables. Era temprano cuando, sentada en su oficina de la universidad, nos anunciaba la catástrofe que en esos momentos padecía su país por la muerte de Castro, luego frente a nosotros cerró la puerta.

En ese ocaso se dibujaban los días en Cuba desde la toma del poder por Fidel Castro y el Movimiento 26 de julio, hasta que el proyecto revolucionario se desvaneció gradualmente desde principios de la década de los 80’s, para pronto colapsar casi al mismo tiempo con la caída de la Unión Soviética en 1991. Días en los que, recordemos, Cuba tuvo encuentros de toda índole con la URSS, por ejemplo en el deporte, la cultura, el intercambio diplomático, los intercambios estudiantiles y la medicina. Luego, la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas emprendía el declive. Una vez ya había recomenzado la crisis planetaria por el régimen nazi y las dos guerras mundiales, como resultado de los acuerdos de la Conferencia de Yalta (1945), donde Stalin, Roosevelt, y Churchill acordaron repartirse las zonas de influencia y garantizar así las zonas de coexistencia parcial en el sistema internacional con líneas, por cierto, bastante delimitadas y algunas áreas en gris, por definirse luego.

Las juventudes de Europa del Este se diversificaron ya para mediados de los 80s`s y mientras que, en latinoamérica la rebeldía ideológica, los movimientos armados y la guerra de baja intensidad confluctuaron en el paisaje, los jóvenes en la URSS veían los horizontes desvanecerse hacia los que caminaron sus abuelos. Cincuenta años después de la Revolución Rusa, en ciudades como Leningrado (San Petersburgo), Novosibirsk, Sverdlovsk (Ekaterimburgo) y Minsk, en la actual Bielorrusia, la música y la literatura se volvieron la forma de expresión de las juventudes como resultado de las decisiones políticas que tomaron los líderes de sus diferentes naciones, y que posteriormente, o entre períodos específicos, arrastraron a pueblos enteros a la guerra, a la limpieza étnica, al detrimento de los bienes materiales o la desintegración familiar y social, protagonizando así el declive soviético.

Similar con lo que ocurrió en Cuba, el movimiento revolucionario no generó las condiciones internas para su sobrevivencia, en las décadas subsecuentes ambos proyectos socialistas no consolidaron una postura de constante transformación que sobreviviera a los cambios y contradicciones. Me parece que, como en distintos ensayos político-revolucionarios de las izquierdas en el mundo, Cuba y la URSS tenían esa posibilidad de renovación. Aún en esas condiciones nos mostraron que el aparente continuum de la historia en las naciones, pueblos o comunidades tiene la posibilidad de agrietarse, como lo ha declarado desde algunos años el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, es decir, se da a entender en ellas que la organización social en las sociedades puede modificar las relaciones políticas para empezar en cada instante desde otros caminos posibles.

Musicalidad

Decepcionados del futuro que prometía ser ruin, los jóvenes rusos, bielorrusos, ucranianos y serbios que crecieron en la década de los 80’s escribieron y musicalizaron letras, entre otros temas, en contra de la guerra. Por ejemplo, bandas como Кино (Kino), liderada por Víktor Tsoi, debutaron en el Leningradskiy Rok-Klub conmúsica folklórica rusa, cajas de sonidos y postpunk. Con canciones antibelicistas como Gruppa krovi (“Grupo sanguíneo”) se opusieron a la guerra afgano-soviética: “…mi grupo sanguíneo está en mi manga, mi número de serie está en mi manga, deseame suerte en la batalla y que no quede tendido en la yerba…(…) no quiero la victoria a cualquier precio, no quiero el pecho de nadie bajo mi bota…(…) prefiero quedarme contigo, pero una estrella roja en lo alto me llama en el camino…”1

El gobierno de la URSS envió para entonces a jóvenes de entre 19 y 26 años a combatir en Afganistán, donde se estima que murieron poco más de 15.000 soldados entre los años de 1978 a 1985, hasta que Gorvachov decidió retirar a las tropas soviéticas. De esta forma combatieron a las tropas muyahidines que en su momento estaban interesadas en derrocar al gobierno comunista de Afganistán bajo el mandato del presidente Mohammed Daoud. Después de la retirada de la Unión Soviética, Afganistán cayó en manos de los muyahidines, y los talibanes, que fueron una de sus facciones más tradicionales, tomaron el poder permaneciendo hasta nuestros días.

En la literatura, poetas como Anna Ajmátova, Marina Tsvetáieva, Nikolai Tikhonov, destacan hasta hoy y probablemente en la posteridad por su trabajo poético, gracias al testimonio que dieron sobre los años en que les tocó vivir. Sin embargo, consideramos que el poeta Boris Ryzhy, nacido en Chéliabinsk, Rusia (1974), podría sugerirse, junto con la poeta ucraniana Nika Turbiná (1974), como representantes de la última generación soviética de la URSS. En este sentido, por ahora me interesa hablar de la obra de Ryzhy, quien vivió su breve y contemplativa juventud en compañía de los primeros destellos del New wave derivándose de éste, años más tarde, una atmósfera fría y desoladora con el cold wave en la escena musical de Europa del Este, con bandas menos conocidas como Zvuki Mu liderada por Piotr Mamanov, y Grazhdanskaya Oborona, proyecto musical del poeta Egor Letov. A continuación, un extracto del poema Así se forjó el acero: “(…) La historia se hizo a sablazo limpio, la historia fue destruida a sablazo limpio, la historia fue agujereada con una bayoneta, la historia fue declarada culpable y eliminada. Así se forjó el acero.” (Letov, 1987)

Boris Ryzhy por su parte, creció para convertirse en ingeniero en minas, tenía como destino buscar oro en las rocas pero terminó encontrándolo en las palabras. El poeta vio la disolución ante sus ojos de un proyecto revolucionario de largo alcance, y la terrible entrada a Rusia de las políticas neoliberales. Debido a que creció en el transcurso de la década de los 90’s vió el ascenso de las múltiples características del nuevo sistema económico, como la devaluación del rublo y su hiperinflación, así como el retiro de las políticas sociales por parte del Estado, lo que generó el empobrecimiento acelerado de la población y el crecimiento del desempleo. Para ese entonces la región que comprende los Urales se convertía paulatinamente en uno de los epicentros más importantes del arte ruso contemporáneo, como en Moscú, donde los círculos literarios y musicales flotaban sobre ambientes repletos de alcohol y drogas.

Ryzhy vio durante el transcurso de su adolescencia el declive de sus vecinos y amigos. Los compañeros de su infancia, decía él, “cayeron”, hasta poblar los cementerios de Ekaterimburgo como consecuencia de la Perestroika. Desde 1998 hasta su muerte en 2001, su obra literaria se consolidó y ganó algunos premios e invitaciones a festivales de poesía en el extranjero. Sin embargo, la desesperanza por el futuro en la nueva era neoliberal le devoró el corazón y provocó que levantara la mano contra sí mismo, dejándonos sus poemas:

Sobre qué guardan silencio
¿Por qué guardan silencio las piedras envejecidas?
¿Por qué razón están sordas al silencio de la tierra?
su gravedad está cerca de mí
En cuanto al verso: en verso, el silencio es aún más importante
Si las rimas son verdaderas o no, ¿qué es una palabra?
solo una esperanza de un conmovedor silencio
El verso se diferencia de la prosa
no solo por ser huérfano y diminuto
Temprano en la mañana con la palma de mi mano tibia
sequé las lágrimas de la piedra.

En años recientes, se crearon algunas bandas influenciadas fuertemente por la legendaria Кино, el new wave, synth-pop, dark-wave, postpunk y el cold wave. Entre ellas destacan las más conocidas: Molchat Doma, Buerak, Nürenberg o Peremotka, mi favorita. Pero también bandas como Ploho, liderada por el ruso Víktor Uzhakov. La generación que caracteriza a los integrantes de estas agrupaciones nacidas a inicios de los 2000´s o finales de los 90´s comenzaron a producir canciones a partir de un sentimiento colectivo que tiene que ver también (como sus antecesores) con el antibelicismo, el desencanto político generacional, la nostalgia estética y musical de sus regiones territoriales atravesadas por el gobierno de la URSS. Por ejemplo, en el sencillo Discoteque de Molchat Doma aparecen bustos esculturales de pensadores como Marx, Lenin, Gorvachov o Stalin entre luces nocturnas y la biblioteca de Minsk en segundo plano, lo que muestra el desencanto del presente y el abandono en el otro ante lo incierto, “Olvido tu mirada, bailaré hasta mañana/ olvido todo, quiero estar contigo” (Molchat Doma, 2020, Discoteque, álbum Monument). A mediados de la pandemia por covid-19, la banda bielorrusa tuvo mayor alcance gracias a la socialización masiva en TikTok de su canción Sudno2, inspirada en los versos del poeta Boris Rizhy: “Es duro y desagradable vivir, pero es mejor morir”. La rabia de las décadas anteriores que sobrevolaban la escena musical se transformó con el punk en alienación y nihilismo como doctrinas a seguir. Mientras el punk había enviado a joder a todo el mundo, décadas después con el postpunk se reconoció también estar jodido.

En la actualidad el sistema mundo se reacomodó otra vez entre centros y periferias, con ello la escena más fresca del underground postsoviético sigue acumulando seguidores en América latina. Hoy en día podemos ver a estas bandas recorrer ciudades como Lima, Santiago, Bogotá, Sao Paulo o Ciudad de México. Sin embargo, a pesar de su éxito hay comentarios en redes sociales sobre si el postpunk o los integrantes de estos grupos son reaccionarios, ya que, por ejemplo, reflejan nostalgia de la estética soviética, hay nula manifestación pública sobre conflictos políticos y por el rechazo a veces indirecto, sobre la represión que ejerce actualmente el gobierno de Rusia a cualquier disensión que trate de interferir con el proyecto estatal. Hoy en día bandas como Ploho han creado temas sobre la identidad cultural, la guerra o el colapso de la modernidad, su vocalista Víktor Uzhakov fue impedido de abordar el avión que lo traería en 2021 para sus giras musicales en Latinoamérica, sin éxito por parte de las autoridades rusas, el vocalista de Ploho optaría por venir el año siguiente a realizar sus giras con la banda. El reclutamiento militar ruso serviría más tarde para llevar a miles de hombres a combatir por la anexión de Crimea y en contra de Ucrania. El caso de Buerak aborda temas sobre el desencanto, el aburrimiento y la masculinidad decadente, y en sus conciertos podemos ver una actitud rebelde y despierta generalizada en las juventudes rusas.

Por otro lado, y a modo de develación, mencionaré los nombres de grupos tendientes a los sonidos del RAC (Rock Against Communism), con claras posturas ultraderechistas y que tienden hoy en día a simpatizar con movimientos neonazis y fascistas alrededor del mundo. Por ejemplo, la banda Kolovrat es abiertamente neonazi y racista. Russkiy stil es una banda que defiende valores conservadores y exalta el orgullo nacional ruso. El grupo Yarga, está vinculado a ideas de supremacía eslava, o Bashnya Rowan, que aunque tiene una estética postpunk coquetea con una nostalgia imperial, además la banda ha creado códigos reaccionarios que los jóvenes de derecha rusa han adoptado. Este breve listado de agrupaciones tendientes al postpunk y corrientes musicales por decirlo de algún modo underground son abiertamente neonazis y fascistas; no es raro que la mayoría de sus seguidores sean parte de la generación actual de jóvenes que rondan los 20 a 30 años, quienes destacan hoy día por relacionarse con base en valores y prácticas conservadoras en el género, las mujeres y la familia, así como prácticas antiderechos en temas como el sexismo, la racialización, el racismo, el aborto y la limpieza étnica, conformados estos últimos en amplias masas de participantes en países como Alemania, Italia, Ucrania, Francia, o Inglaterra.

Jetzteit

En su mayoría, las bandas emergentes de postpunk nos ofrecen volver a la poesía postsoviética, a rechazar la violencia armamentista e institucional. Si bien no declaran una postura política de izquierda en sus presentaciones o redes sociales, sí invitan a las juventudes a transitar el mundo y sus problemas a partir de la música. Con ritmos oscuros, nostálgicos y enérgicos musicalizan el día a día en nuestras ciudades periféricas. A veces se organizan conciertos o festivales aquí en Ciudad de México donde regresan las bandas de postpunk que nos han marcado. Vuelve la fiesta, el brillo en el rostro, los tonos oscuros en los labios, la cerveza local. Es decir, se vive entre las melodías del postpunk y sus corrientes musicales hermanas, tendemos a perdernos en la nostalgia de ciudades frías, lejanas o complejas. Cuando los escuchamos en vivo, pensamos el mundo en sus derrotas, nos atraviesan emociones de ciudades lejanas e incomprensibles.

Es decir, la derrota por ejemplo, de sabernos humanos a pesar del genocidio, del reclutamiento de los jovenes por los ejércitos nacionales o por el narcotráfico, del detrimento de la moda y su fetichismo. De alguna u otra forma la poesía vive y es a través de la música y de sus lectores, de quien recita o escucha a su banda favorita en la intimidad, o quien viraliza por Tiktok canciones de Molchat Doma en el pico más alto de una emergencia sanitaria. Así como la literatura es un puente entre la memoria y la historia para reconstruir y servir de herramienta para la reconstruccción del pasado, así el postpunk, new wave, el synthpop son con la poesía. Y es que pienso mucho en Boris Ryzhy o en Turbiná, en su muerte prematura, en el mundo que dejaron atrás colmado de conflictos y violencia. Pienso en su testimonio y en la memoria personal que ahora conocemos a través de su poesía. En las lecturas o el mito que debió ser su sombra en toda Rusia después de la Perestroika o la caída del muro en Berlín, o ahora que Vladimir Putin y Zelensky llegaron al poder, incluso ahora siendo un mito más allá de los bosques Urales para que sus versos sean parte de las canciones más buscadas en internet en el mundo subterráneo de la música. Pienso entonces en Víktor Tsoi, en la protesta que habita en varias de sus letras que han tocado a las nuevas generaciones y que se oponen a participar del proyecto colonizador e imperialista entre Ucrania y Rusia, o que critican abiertamente la militancia neonazi en los poblados ucranianos. Sobre todo, pienso en su negativa de participar de la violencia como lo hizo hace 4 años el ruso Víktor Uzhakov. Pienso también en la inmensidad de su tristeza, porque sobre todo en estos días nuevamente se asesina por supuestos designios divinos, o por el placer de acabar con la otredad y con lo que se cree inferior.

Ahora vuelvo al lugar donde se siente la música, como cada fin de semana empieza mi lista de reproducción en YouTube, a veces pienso en la juventud que hemos dejado atrás y en nuestras rodillas que ahora no soportan bailar toda la noche, en la ansiedad que devora a mi generación y sus arrepentimientos, pienso que quizá los ideales del pasado eran fuertes e inmensos y con eso bastaba para trascender todo espacio y tiempo. Reflexiono y pienso, aunque es más importante decir que me atraviesa el cuerpo reproducir el postpunk aunque deba recorrer de norte a sur esta ciudad.


Notas

1 Tsoi, V. (1998). Gruppa Krovi. En Gruppa Krovi. Unión Soviética: Melodiya Records.

2 Molchat Doma @molchatdomaband. (2022, agosto 9) “Sudno” usada como música de fondo en TikTok https://vt.tiktok.com/ZSATx8415/

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