¿Dónde guardas tú el silencio? Sobre «Carahue es China», de Ricardo Herrera – Carcaj.cl
¿Dónde guardas tú el silencio? Sobre «Carahue es China», de Ricardo Herrera
16 de julio 2025

¿Dónde guardas tú el silencio? Sobre «Carahue es China», de Ricardo Herrera

Entre muchas otras cosas, la identidad es también un contrato con el poder. A través de ella podemos negar, afirmar o reivindicar derechos y quehaceres que sólo podrían tramitarse desde una imagen estable y singular, a veces agraviada, pero sobre todo identificada por el sentido común o la hegemonía, llámese esta estado, tradición, o en el caso del arte, canon. ¿Cómo se impone el canon? Concretamente no lo sé, pero intuyo que con violencia, como tantas otras operaciones de ensamblaje histórico que terminan por instalar marcas culturales, valores por medio de los cuales son capaces de capturar el logos y restringir no sólo lo que se puede y no se puede decir, sino también las maneras de enunciar, o sea, el cómo decir lo que decimos. Fijar una imagen estable ayuda a posicionar políticamente algunas cosas, pero a la larga, no es más que una trampa, y las palabras, no necesariamente, tienen la obligación de ser fundacionales, sino que también deberían ayudarnos a que las cosas se deshagan, sin mayor permanencia que la de un tatuaje en el agua. La identidad estabilizada y domesticada con la cual se aplana la radicalidad y su potencial, solo logra cancelar el diálogo y cerrar posibilidades a un encuentro nuevo. Consciente de esta trampa que opera neutralizando al discurso, es que Ricardo Herrera introduce una paradoja, un mal entendido, un absurdo. Eso que para Beckett era algo así como la tarea principal del arte, ser capaz de «encontrar una forma que contenga a la confusión» (Detritus, 1978).

Afirmar que Carahue es China, es declarar un contrasentido, o al menos algo que interrumpe la lógica racional de las cosas. Una contradicción que logra reunir en un mismo tiempo y lugar, la unidad y la alteridad, la diferencia y lo idéntico, confundiendo lo uno y lo otro en una estructura de duplicidad. El título de este libro, editado en 2015 por Editorial Bogavante y reeditado el 2023, en una hermosa edición, por Editorial Aparte, de entrada, suspende varias normas y reglas que constituyen los cimientos históricos de lo que entendemos por identidad, pertenencia o tradición. 

La distancia que hay entre sus primeras palabras, quiero decir, su título, y la realidad, no es menos que abismal. De ahí en más, el campo abierto que se despliega en los poemas, sumado a las posibilidades a las que nos arroja la imaginación del autor, se vuelve ilimitada, generando una serie de rupturas espacio temporales, a través de las cuales asoma una multitud de mundos de distintas épocas que simultáneamente se encuentran y dialogan. Carahue es China, pero también es Barcelona, Alejandría, París o Namur, lo que equivale a decir que Cavafis, Bretón o Michaux pueden transitar las calles de la aldea y con sus poéticas, configurar una variación universalista del lar. Una especie de mixtura, de fusión de distintas tendencias que aspiran ser asimiladas para ampliar el registro lingüístico y desde ahí crear un nuevo espacio propio. Lo que encontramos en este libro es un intento por cuestionar las mitologías oficiales de la memoria colectiva y proponer una ruptura en la linealidad histórica y tradicional en términos de concebir el pasado como proyección del presente. Encontramos nuevos materiales, para no habitar una casa llena de palabras cansadas. El arte de relacionar cosas distintas, lejanas, clandestinamente cercanas o diversas, como La Gran Muralla China y el pastel de papas o paraguas y globos rojos, o una ciudad que suene como un saxo de cicuta, no es solo un juego de elementos opuestos que le otorgan dinamismo al texto, sino también, un método de composición que abre un espacio para la conjetura reflexiva, y desde la duda, ataca lo convencional. Blanco o punto de mira de la paradoja, mecanismo que siempre se establece como una transgresión o negación de la idea del límite, y que se encuentra allí, donde el texto no se adapta a las categorías comunes, ahí dónde las figuras se convierten súbitamente en otras y donde los lugares cambian imprevistamente para crear mundos propios y extraños, donde el tiempo se dilata y contrae invadiendo al poema. Como en estos versos:

¿Dónde guardas tú el silencio?
Voy a nombrar algunos lugares donde puedes guardar tus lecturas o tu
/silencio:
En la quijada de Walcott destrozada por Marciano
En el árbol que crece sobre el mar
En los peces que son hojas en las ramas
En el granizo que se deshace en tu mano
Siempre es un buen lugar una sala de cine
Siempre es un mal lugar un pozo de agua (69)

o en los siguientes:

Nos acercamos a la garza como si fuera
La nueva forma del amor que extendiendo sus alas
Hace nacer una música que solo escucharemos
Si la ventana cerrada de golpe por el viento
Coincide con la piedra que cae al lago
O coincide con el choque del picaflor contra el vidrio
Y tal vez
Con ese libro que resbala de una mano al agua

Que imagina que vuelve y construye una puerta
que solo puede cruzar ese cuerpo.
Luego se cierra para siempre
Luego flota sobre el agua dormida (26).

A fin de cuentas, la identidad no es más que un fenómeno de fronteras. Afirmar que Carahue es China, es establecer un umbral entre lo propio y lo ajeno, que nos sitúa en el lugar del otro y permite acercarnos a la percepción interna de la cultura, y desde ahí, desestabilizar lo que se ha impuesto como único logos posible para dar cuenta de la emergencia de otros logos, producto de contextos particulares. Es algo así como traficar con nuevas monedas en la economía del intercambio simbólico, es no aceptar el lugar sin antes protestar, o al menos es lo que puedo reconocer en el mensaje cifrado del libro. Una tentativa crítica por poner en tensión la idea de pensamiento único, pero no para anteponer otro único, sino que muchos, con el fin de escapar del designio único del logos, y con ello, desterrar al territorio para luego volver a él. 

Ese texto que es la identidad, necesita permanentemente del encuentro con el otro. La identidad crece en la medida en que los lenguajes se contaminan, por eso es importante el entrecruzamiento con otros, para que la identidad no se vuelva  violenta, autoritaria y negadora de la diferencia. Para el Estado es muy fácil recrear una identidad, sobrevalorar o minar su desarrollo, fijar una imagen y desde ahí petrificar cualquier intento de fuga.

Para el poeta Sergio Mansilla, el discurso dominante de la historia de un país margina a muchos e hipertrofia a unos pocos (y tergiversa a ambos), por lo que resulta imprescindible emprender cierta revisión de los lugares comunes de dichos discursos, con el fin de reconocer, entre el cambio y la permanencia, a los agentes que han intervenido e intervienen en la construcción de la identidad y pertenencia a un determinado lugar. En definitiva, esta crítica no propone el abandono, tampoco el desarraigo, o como dice el poeta Felipe Moncada, «dejar de ocupar el espacio de la aldea, caricaturizada hasta el hastío por un larismo mal entendido» (Territorios invisibles, 2016), sino que significa replantear al sujeto en su entorno vital, y dar cuenta de las transformaciones de la aldea o provincia, para generar nuevos mapas de significados por los cuales transitar. 

*Se agradece a Catalina Estrella por las tareas de corrección y edición de este texto.

 

Alfonso Medrano

(San Javier, 1987). Estudió Psicología en la Universidad de Santiago de Chile. Actualmente se desempeña como editor en Deriva.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *