EL ANTAGONISTA – Carcaj.cl
EL ANTAGONISTA
16 de julio 2025

EL ANTAGONISTA

Eran las 11 de la mañana cuando Brian, vestido de terno y corbata roja, se despidió del concierge del Hotel Hilton mientras sonaba un bossa nova instrumental. Al cruzar el hall, un espacio amplio y decorado al estilo Art Nouveau, la sonrisa que acababa de esbozar se fue apagando. Caminaba seguro sobre las negras baldosas repasando mentalmente los temas de la reunión que tendría con los lobistas del Congreso. Dos botones del hotel, un universitario rubio y un hombre moreno de unos 50 años, conversaban amistosamente en la avenida a un costado de la fachada. Un vehículo esperaba entre el bullicioso tráfico por él. Los botones se despidieron protocolarmente con una especie de reverencia. Una vez más, se adentraría en el caos de Manhattan.

En los menos de tres metros entre el hotel y el auto, cuando se aproximaba a tomar el vehículo que lo esperaba, un joven de rasgos mediterráneos, vestido de negro lo intercepta y le dispara con un silenciador tres tiros en el pecho. El joven de pelo negro huye a paso raudo. Se detiene frente a una bicicleta eléctrica estacionada y se monta en ella hacia el Central Park. 

Al cruzar los muros de la entrada del parque como si entrara en otro Estado, un pensamiento se desgaja en su memoria. Recuerda una fallida protesta en la Universidad. Volvió a reproducir la voz de un delegado del pleno, ¿de qué facultad era? ¿Periodismo? ¿Agronomía?, sí, quizás Veterinaria. Una declaración trasnochada, esas palabras aparecían recurrentemente mientras pedaleaba. Su opositor redujo a esa frase lo que él consideró su primer manifiesto político. 

Al divisar el puente que lo acercaba al lado de la ciudad donde estaba la estación de buses, comenzó a sentirse más aliviado. Las imágenes mentales se diluyeron en el agua marfil y entró en un estado contemplativo. Los olmos y los arces le recordaron las mañanas en que recorrió las reservas naturales de Pensilvania. Tuvo ecos de su formación laica y del espíritu progresista que rondaba los pasillos de su Escuela. Frente a la verde explanada proyectaba sin querer el brillante porvenir que los profesores veían en él. 

Súbitamente se detiene. Mira el cielo nublado y toma un gran respiro. Varios grupos de gente, la mayoría turistas, recorren el parque. Es uno más entre ellos, una vez más. El rostro de terror del empresario desaparece. Sin embargo, su mano izquierda sigue tensa. Se sorprende de que el suceso no haya causado una mayor conmoción en él. Desafectado. Le reprochó una exnovia unos años atrás. Por qué eres tan desafectado. Los pensamientos volvían a aparecer superponiéndose entre sí. Entonces, los oscuros tonos de los pinos comenzaron a afectarle. Cuando un ejército de árboles te invada. Recordó. Era la predicción de la muerte que las brujas le dieron a Macbeth y comprendió que debía salir del Parque. Es como un espacio autónomo sin embargo, pensó intentando convencerse, pero como una fatamorgana apareció la imagen de los rascacielos borroneándose seguros sobre la ciudad. 

«Había unas amenazas» declaró la esposa visiblemente afectada a los periodistas que se agolparon para reportear el asesinato. «Algo relacionado con la cobertura» concluyó. Esa mañana, Luigi había leído el artículo del New York Times al desayuno. Los medios se cuadraban con la familia del parásito de cuello y corbata que había matado. No sabía sinceramente quién había enviado los mensajes, pero no eran de su incumbencia.

El mejor alumno de la generación 2016, vio su rostro masificado en un pantallazo de una cámara de seguridad que difundió la Televisión. Luego, en la estación de buses de Filadelfia, vio otro anuncio que ofrecía una recompensa a cambio de información sobre su paradero. Sospechó su captura y decidió escribir una declaración. En el trayecto hacia Altoona, escribió unas notas rápidas explicando el asesinato:

Muchos han sacado a la luz la corrupción y la codicia hace décadas y los problemas siguen existiendo… No es una cuestión de conciencia, sino de juegos de poder actuando. Evidentemente, soy el primero en enfrentarlo con una honestidad tan brutal.

Tras la enfermedad de su espalda había visto el desamparo de algunos pacientes frente al sistema de salud del país. Era inaceptable cómo el sistema más caro del planeta enriquecía a un grupo de empresarios. Durante su convalecencia, las discusiones en foros de internet lo determinaron a actuar. Su asesinato sería solo un resorte de la justicia dentro del juego de poder que era Estados Unidos. Tomaría la vida de alguien en nombre de una justicia primordial. Era una acción de causa y consecuencia. Pero todo eso, ya era pasado. 

Durante aquellos días recordó muchísimo. Así que salía a caminar varias veces al día cubriendo su rostro con una mascarilla. Se esforzaba por pensar en otras cosas. Apareció una antigua discusión de Reddit sobre la legitimación de la violencia. Las parcas tenían poder sobre los dioses. Sentía que en esa discusión se encerraba un sentido oculto de sus acciones. Caminaba por el centro y tuvo el deseo de releer aquellos comentarios. En ese momento vio un McDonald y pensó en entrar. 

Habían pasado cinco días desde el asesinato y estaba cansándose de ocultarse. Sin saberlo comenzaba a ceder a sus deseos reprimidos y sintió tranquilidad. Se quitó la mascarilla negra que lo protegía como dejándose arrastrar por fuerzas mayores.

Cuando entró al local, uno de los comensales dijo en broma que había aparecido el tirador de Manhattan. Luigi lo miró con irreverencia. Parecía cansado. A uno de los trabajadores de la caja le quedó dando vueltas la broma y la expresión del joven que se agolpaba ahora en el mesón. 

Uno de los cajeros se retiró a la cocina y revisó su celular. Mientras, el joven humanista se quitaba los audífonos y escuchaba a su contraparte: 

-Bienvenido a McDonald, ¿puedo tomar su orden?

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