El pasto que se sacude la mierda de ayer. “Ficciones fantásticas” de Sam Pink – Carcaj.cl
El pasto que se sacude la mierda de ayer. “Ficciones fantásticas” de Sam Pink
22 de noviembre 2025

El pasto que se sacude la mierda de ayer. “Ficciones fantásticas” de Sam Pink

No deja de ser curioso cuando una obra en otro idioma llega a nuestro país a través de una editorial no transnacional. Maquinaria mercantil, derechos, la frecuente y forzosamente zigzagueante labor de traducción. A ese tipo de aparición corresponde Ficciones fantásticas (Viuda Negra, 2024), publicado en inglés solo un año antes y que llega al circuito local en una traducción de Nicolás Pérez Ferretti.

Estos doce relatos se estiran a partir de cuadros del estilo de vida norteamericano, ese american way of life, en su versión más precaria y anodina: personajes viviendo un día más, un día a la vez, en formas antiépicas, anticlimáticas o, cuando mucho, ridículamente climáticas. Un hombre que limpia y tira las cosas de su hijo suicidado, un anarquista que se vestía del Guasón venido a menos (si es que podía venir más a menos) como supervisor del pasillo de los congelados, otro hombre al que un curso de tiro le gatilla (o simplemente lo hace externalizar) cierta paranoia, otro que se obsesiona con erradicar una plaga de cucarachas en su departamento.

«Disfruto dejar que no haya nada. Es genial. El problema era esperar algo y luego no encontrar nada» (p. 105), dice el narrador de «Solo soy un puto tipo», hablando de sus expectativas en el trabajo como empaquetador de libros. Esa puede ser una suerte de marco de expectativas dominante, los narradores, todos personajes, se mueven por una suerte de inercia cotidiana en la que producen una versión de los hechos que pueda hacer sentido –aprovechando la expresión del inglés to make sense– o en la que reafirman la ausencia de este y la inmanencia de acciones y eventos específicos. Anudar los relatos en torno a esas experiencias concretas generan una apariencia de inconclusión satisfactoria en las narraciones: exhiben lo arbitrario de su principio y de su fin, sin estar amarrado a una finalidad ni objetivo concreto; ocurren y ya, no tironean ningún Gran Relato y el siguiente día todo puede funcionar de igual forma.

Aperturas y salidas tienen un aire de familia al discurso chachariento de The Stranger, ese vaquero fuera de lugar que intercambia palabras con el protagonista de The Big Lebowski (dir. Ethan y Joel Coen, 1998) en un bowling, durante la última escena:

«I guess that’s the way the whole darned human comedy keeps perpetuatin’ itself, down through the generations, westward the wagons, across the sands of time until we– aw, look at me, I’m ramblin’ again. Well, I hope you folks enjoyed yourselves. Catch ya later on down the Trail.

Say friend, ya got any more of that good sarsaparilla?»i.

Los relatos inician acciones mínimas que, aunque si bien podrían a la larga darles un giro a las vidas o al menos a los juicios e interpretaciones de los personajes, decantan en un rumeo –si es que no lo ha sido ya toda la narración– o en la constatación de un presente que se perpetuará. Los relatos hablan del «presente inelástico imperfecto –el tiempo verbal en el que tienes que pagar alquiler durante toda la eternidad», como definió ese presente inconmensurable, des-medido o a-medido Anne Boyer, a propósito de su tiempo enferma de cáncer. No cuesta encontrar ejemplos de esta fórmula en los cuentos:

«Mi hermano fingió caerse de espaldas mientras lo sostenía por los tobillos.
Mi sobrino se rió y dijo:
—De nuevo.» (Libélula, p. 9)

«La tarea actual.
Una operación pertinente al flujo de eventos que solo se vuelve gestionable cuando se intenta en formas más pequeñas, en tiempo presente.
Como ahora.
Aquí viene don Bidón.» (Montacargas amarillo, p. 43).

«Y yo me quedé ahí mirando. Siguieron por mucho, mucho más tiempo del que pensé.» (Nevadas, p. 78)

«Estrecha mi mano entre las dos suyas, inclinando un poco la cabeza. “Que Dios te bendiga”, dice. “¿Hay algo que quieras que mencione en mis oraciones esta noche?”. Y digo que no. O solo “sí, lo de siempre”.» (Epílogo: Hermano Lombriz, p. 112)

En ese presente inelástico se desenvuelven las historias, quizá curiosamente sin lamento. Estas voces no están teñidas por la tragedia, ni siquiera por otra comedia aparte de esa risa situacional que surge en el lector al caer en cuenta de cierto ridículo y/o cierta inocencia. La risa que puede emerger ante los nihilistas de The Big Lebowski, por ejemplo; ante ese nihilista que el protagonista mira flotar borracho sobre un flotador en una piscina y del que solo comenta: «Debe ser agotador [ser un nihilista]». En esta descripción breve, la palabra fórmula puede sonar peor de lo que es: una postura sobre el cotidiano de la clase trabajadora, una constatación de la falta de promesas y un descontento que se vive para adentro. Las historias, los narradores, sus situaciones gatillantes y sus reacciones resultan ser lo suficientemente distintas como para que el conjunto no agote.

En su libro 99 Poems to Cure Whatever’s Wrong With You or Create the Problems You Needii(Clash Books, 2019) Pink incluyó el poema breve «Yesterday’s Bullshit Dies Today»iii:

«Watching a breeze
move through some Grass
I imagined it was just
the Grass
shaking off yesterday’s bullshit
to prepare for today.
To prepare for
more bullshit.»iv

Día tras día. Mierda tras mierda, trabajo tras trabajo: una fórmula del eterno retorno para la clase obrera.

Para terminar, un detalle. Quizá sea ese apuro de la novedad, tan a favor de esta publicación, lo que ha jugado en contra de una traducción que esconde al Diablo en sus detalles. La lectura puede tener chispazos de incomodidad y trabazón dadas por cierta inconsistencia en la traducción. Es el caso, por ejemplo, del protagonista de «Comando y control», en cuyo discurso aparecen usos coloquiales como «¡Chúpenla!» o «Conchadesumadre»–lo que se agradece y hay que valorar y defender cuando corresponda a la hora de traducir para nuestro pequeño campo–, pero en el que también suelta «portación» de armas y no «porte». El relato siguiente, ofrece un contraste más marcado: de la proliferación de una oralidad que se ofrece al lector local, entramos al siguiente texto titulado «Solo soy un puto tipo». Puede ser por la insistencia en esta expresión dentro de un texto bastante breve, pero vuelve a la traducción un tanto zigzagueante, acercándose a ese doblaje latino que todos los latinos hablamos al mismo tiempo que no habla nadie o peor: a las traducciones castizas. Por suerte el Diablo está en los detalles y, por esta vez, de los detalles no pasa.

A la larga, esto no afecta mayormente a una narrativa cuya propuesta sigue primando: un conjunto de relatos en que, como en esa primera impresión que me dio The Big Lebowski, nada avanza real ni significativamente. Día tras día, mierda tras mierda, catrasca.


Notas

i «Supongo que esa es la forma en que la mierda de comedia humana se perpetúa a sí misma, a través de las generaciones, hacia el oeste los vagones, a través de las arenas del tiempo hasta que… Oh, mírame, estoy divagando de nuevo. Bueno, espero que hayan disfrutado. Nos vemos más tarde en el camino.

Dime amigo, ¿tienes más de esa buena zarzaparrilla?»

ii 99 poemas para curar lo que sea que haya de malo en ti o crear los problemas que necesitas.

iii «La mierda de ayer muere hoy»

iv «Mirando una brisa / atravesar un poco de pasto / imaginé que era solo / el pasto / sacándose de encima la mierda de ayer / preparándose para hoy. / Preparándose para / más mierda.»

***

Sam Pink (Chicago, 1984). Escritor, artista visual y músico. La crítica lo considera como uno de los máximos exponentes de la literatura alternativa estadounidense. Alcanzó cierta popularidad tras la publicación de Persona (original en inglés Person por Eraserhead Press, 2010; publicado en español con traducción de Marina Alessia por editorial Triana en 2014). Ha publicado aproximadamente una veintena de obras de narrativa y poesía, entre ellas La dieta de los no hola, Kétchup, Voy a clonarme, luego matar al clon y comérmelo y su última novela, Rontel. Sus textos se han difundido en diversas editoriales independientes y en internet, y han sido traducidos a varios idiomas. También toca en la banda Depressed Woman. En la actualidad vive en Michigan.

*Este texto fue remunerado por Revista Origami para su convocatoria 2024, gracias al financiamiento del Fondo del Libro y la Lectura.

Diego Leiva Quilabrán

(Santiago, Chile, 1995). Crítico literario. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas y Magíster en Estudios Latinoamericanos.

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