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ESTRELLAS MUERTAS

Ilustración: Frank Sinatra y Ava Gardner (1951). Fuente: Wikicommons

09 de junio 2025

ESTRELLAS MUERTAS

Publicado en Un día quemaré sus castillos, Overol, 2022.

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Frank Sinatra y Ava Gardner

(verano de 1953)

Cuando se está enamorado,
siempre comienza uno
por engañarse a sí mismo
y siempre acaba
por engañar a los demás.
Esto es lo que el mundo llama
un romance.

Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray

MI QUERIDA AVA:

Sé que nuestro matrimonio ha estado marcado por las traiciones y los problemas de dinero, pero ambos sabemos que tienes una personalidad abrumadora, apasionada también, es cierto, pero abrumadora y hedonista. Ambos somos hedonistas, no voy a negar este hecho irrefutable. Además, a ti te gustan tanto los hombres como a mí las mujeres, pero concordamos en que nuestras similitudes nos hacían la pareja perfecta, aunque estas similitudes no fueran virtudes precisamente. Recuerda, mi tigresa, que nos juramos amor eterno, y yo he cumplido esta promesa al pie de la letra, tú entre todas las chicas guapas que pudiera haber conocido, eres la única que se puede hacer llamar mi amor verdadero. Desde que te vi en la gran pantalla dije a todo el mundo «Un día ella será mi esposa» y lo cumplí. Sé que tú hiciste una apuesta similar cuando me escuchabas cantar Fly me to the Moon o The Girl from Ipanema. Estos seis años de matrimonio han sido lo más maravilloso que he vivido y me niego a vivir sin ti los años que me quedan.

Estoy desesperado, por favor, no conozcas a nadie más, espérame y yo iré por ti a ese país exótico lleno de toros y pueblos viejos.

Te ama, Frank

FRANK:

Me han preguntado cómo me siento después de nuestra última separación. Me siento como un pueblo, soy un pueblo saqueado. Un día vinieron invasores y abrí las puertas con credulidad, los dejé atravesar mis murallas imbuida en cantos de sirena. Vinieron desde lejos y violaron a mis mujeres, mataron a mis hijos y se robaron mi oro. Así es como me siento, Frank, soy un pueblo saqueado. Mis hombres se escondieron en los bosques cercanos esperando no ser perseguidos, mis guerreros más valientes se encogieron de hombros y miraron a la pared. Soy un pueblo devastado por ladrones.

Creo de veras que esta será nuestra última ruptura. Solo me temo que, de aquí en adelante, mis habitantes construirán altos y gruesos muros, cerrarán las puertas y se acostumbrarán al miedo, y el miedo hará que me mantenga vigilante. Miedo a que pisoteen mis flores, que se pierda el olor de mis hierbas silvestres y el frescor de mis riachuelos. Así es como me siento, Frank, así. Pero pierde cuidado, la historia de un pueblo puede ser larga y las épocas cambian a sus habitantes.

No tengo más que decirte, no me escribas más, deja de llamarme y ¡no vengas!

Ava

AVA:

¡Luis Miquel Dominguín!, qué nombre más ridículo, Ava, llamarse Luis Miguel, suena a mal chiste, a nombre de humorista mexicano, de reguetonero o de cantante de club de mala muerte, y ese apellido, ¡Dominguín!, suena como a que quería llamarse Domingo pero se arrepintió. De un torero dice la prensa que te has enamorado, así de rápido, un torero, ¡pero si somos artistas, Ava querida! Qué tiene que ver con nosotros un hombre vestido de señorito de otro tiempo, luciendo el trasero con pantalones ajustados como un afeminado, lleno de filigranas, que gusta de enterrar lanzas en una pobre bestia que no puede oponer resistencia, cercada por gente que desde sus tribunas espera verlo agonizar. Un hombre que se dedica al maltrato animal. Vas a desprestigiarte frente a todos nuestros seguidores animalistas. No lo puedo creer, realmente es imposible, esta es otra de tus malas bromas, seguro has de haber estado borracha cuando te fotografiaron con él. Y dicen que te vas a radicar en España, una estrella de tu estatura en ese pueblo salvaje, lleno de tradiciones sin sentido.

Me has dicho en ese extraño mail tuyo que «eres un pueblo saqueado», seguro también estabas ebria cuando me escribiste eso, tú no eres un pueblo saqueado, el saqueado soy yo, que me robaste el corazón y las ganas de vivir. De pronto te crees poeta y me escupes versos sin sentido ni compasión de mis pobres nervios. ¿Qué pasó con nuestras promesas?, ¿nuestros votos dados en vivo frente a todas las audiencias del mundo? Ya te he pedido perdón; aunque tú nunca has sido mujer de un solo hombre, a mí siempre ese tema me ha importado menos que a ti, pero esto es el colmo. Ya sabes lo que haré si no regresas pronto. Serás la mujer más odiada del mundo, ya lo verás. Nadie querría cargar en tu lugar con el puesto de la responsable de la muerte del «mejor cantante del siglo».

Te arrepentirás y saldrás corriendo de ese país tercermundista.

Te ama por la eternidad, Frank

ESTIMADO FRANK:

No es la primera vez que haces este tipo de cosas para mantenerme a tu lado, ya sabía yo que si te cortabas las muñecas sería lo suficientemente superficial como para llamar la atención, pero no para morirte de veras. Te gusta asustar. Menos mal que no estaba ahí como cuando le disparaste a la cama esos dos tiros que casi me provocaron un ataque cardíaco, simulando que te dabas los tiros a ti. Como si ese precioso colchón King Size x de última generación hubiera tenido la culpa de nuestros problemas, o quizás algo tuvo que ver, vaya una a saber. Supongo que ninguno de los dos está bien de la cabeza. Deja de beber, deja los barbitúricos y la coca, eso es lo único que me queda por decirte, o podrías terminar matándote por accidente.

Luchito y yo estamos felices y en cuanto firmes el divorcio nos casaremos. Esta tierra es hermosa, llena de aromas y sabores y tiene las ciudades más increíbles que haya visto, mejor aun de lo que se ve en los programas de viaje del Discovery Channel. Te lo recomiendo para que vengas a pasar las próximas fiestas con tu futura amante adolescente del momento.

Te saluda, Ava

P.D. ¿Sabes que España está en Europa, verdad? Difícilmente alguien podría llamar a España un país tercermundista, pero qué importa, somos artistas y podemos decir lo que queramos, ¿cierto?

AVA:

Eres una arpía venenosa, siempre arruinando mi vida, pero ya está, es suficiente. Haré una película muy pronto y me darán un Óscar, soñé con esto cuando estaba internado en la clínica por causa tuya, que eres una bruja sin corazón, amante de la sangre y los toreros. La película se llama From Here to Eternity. Lucharé por ese papel y me consolidaré como actor, he aprendido de ti que eres una actriz nata, pero eso no te alcanzará, porque tú nunca lograrás ganarte la estatuilla, eso también lo sé porque me tiré las cartas con una gitana en ese país tercermundista al que te seguí como un bobo.

Realmente eres «el animal más bello del mundo», claro, un animal, ¡un verdadero animal! (como sé que odias ese apelativo lo difundiré hasta la muerte). Yo te he perdonado tantas cosas. Ya sé qué me dirás luego, que tú hasta me sacaste de mis apreturas económicas porque cuando nos conocimos yo no tenía ni un centavo, ni línea de crédito, ni siquiera dinero del Monopoly, nada, es verdad, porque soy un vividor, ¡y qué! Tú también lo eres, por eso nos enamoramos desde la primera cita, desbordados de amor. Tú podrás escupirme a la cara que te he utilizado en favor de mi carrera y que te he puesto los cuernos de las formas más obscenas imaginables, pero tú, Ava querida, me has privado de dos hijos sin consultarme. Has abortado dos veces y de la primera ni siquiera me enteré hasta mucho tiempo después. Nunca consultaste mi opinión al respecto, te importaba más tu carrera y tu cuerpo, ¿y qué hay de mí y de mis sentimientos? Los hombres siempre deben conformarse con esas ideas feministas de que el cuerpo les pertenece a las mujeres, ¿y nuestros derechos ahora no valen un centavo?

Lo único que me consuela, pero a la vez me amarga, es que la gitana con la que me tiré las cartas en ese pueblo salvaje me ha dicho que morirás antes que yo y que mi carrera será más larga que la tuya, pero que tú siempre serás el amor de mi vida. Esto me aflige y me consuela al mismo tiempo. Es extraño, pero no me parece bien sobrevivirte, no me parece bien, mi amor. Llámame de vez en cuando, mándame un audio o lo que quieras, firmaré esos papeles si prometes no salirte para siempre de mi vida. Yo prometo, en cambio, estar ahí cuando tú me requieras.

Te ama para siempre, Frank.

*

Vivien Leigh y Laurence Olivier

(otoño de 1961)

MI QUERIDO LARRY:

Te escribo este mail para felicitarte por tu matrimonio con Joan, estoy segura de que con ella podrás llevar una vida más plena que la que tuviste conmigo. Sé que me dejaste con Merivale por buenas razones, creo que sus afectos por mí son sinceros, aunque fueran motivados por mis dos Premios de la Academia.

Escribo esta carta también porque deseo expresarte mi profundo agradecimiento por haberme tolerado todos estos años. Sé que has dicho a nuestros conocidos comunes que «me poseía un monstruo increíblemente maligno» y que por eso me padeciste todo este tiempo, pero sé bien que es una forma amable, poética de describir la convivencia con mi personalidad ambivalente, violenta, lo sé. Sé que ambos nos usamos y ambos nos odiamos tanto y por tanto tiempo, pero el amor que nos profesamos sigue en mí como una llama inextinguible.

Reitero mis cariños a la nueva lady Olivier, pero debo reconocer que me llena de cierta satisfacción maliciosa que este monstruo maligno que soy yo haya calado tan profundo en ti que me ha vuelto inacabable a tus ojos. No tienes que negarlo, te conozco más que a mí misma, eso es seguro.

Por siempre tuya, Vivien

MI QUERIDA VIVIEN:

Sabes bien que durante dos décadas estuvimos unidos, casados, pero sobre todo cazados. Durante todo ese tiempo me esforcé por amarte incondicionalmente. Amarte a ti y todas las Vivien que guardas dentro, pero nunca pude lograrlo por completo.

Yo amaba a la actriz apasionada, esa que era capaz de arrastrarse por vidrio roto si era necesario para darle credibilidad al personaje, esa que mientras estaba en el escenario dominaba todas las caras, todos los gestos y todas las situaciones, esa fue la Vivien más fácil de amar. Las otras con el tiempo me resultaron detestables: la frágil, la niña llorona, la fiera celosa, la dictadora y la meretriz; con altos y bajos, las quise un poco en su momento, es cierto, pero mi afecto por ellas dimitió con el tiempo.

Somos un matrimonio de actores, ambos fingimos ser quienes no éramos para adaptarnos y sobrevivir. Pero ya fue suficiente. Tus manías, tu obsesión por los reels y tus ridículos tiktoks, tu forma de morder la cuchara cuando te llevabas un poco de sopa a la boca, tus tutoriales en Yotutube sobre la vida saludable, tu veganismo de pantalla cuando eras capaz de atravesarte una vaca en casa en cada asado en que convocábamos a nuestros amigos artistas, tus malos modos de Cleopatra que se te pegaron desde que filmaste esa película fracasada, terminaron por hacerme claudicar. (Recuerda, mi cielo, que en A Streetcar Named Desire no estabas actuando, ambos lo sabemos, y que yo no soy Marlon Brando).

Le daré tus cariños a lady Olivier.

Por siempre tuyo, Larry

LARRY:

Mira, querido, me enferma tu alusión a Cleopatra, porque fuiste tú mismo quien insistió en que debía esforzarme por obtener ese papel y no previste que ese fanfarrón de Gabriel Pascal haría de la película un bodrio. Es una herida la que sacas, un golpe bajo.

Ambos hemos hecho nuestra parte para tener una carrera gloriosa en el medio y pasamos por fracasos y humillaciones buscando el vellocino de oro. Yo logré la fama interpretando a la mañosa Scarlett O’Hara, pero ¿qué me dices de ti, eh, Heathcliff? ¿No saltaste a la fama interpretando a ese personaje celoso, malhumorado, estafador y vengativo en esa película oscura y deprimente basada en la novela creada por esa triste escritora decimonónica que ya nadie recuerda? Por otro lado, sir Olivier, ¿no estuvimos ambos involucrados en A Streetcar Named Desire? Recuerda que mi interés en interpretar a Blanche DuBois junto a Marlon en el cine radicaba en que yo interpreté a Blanche en el teatro una y otra vez aquel otoño y fue precisamente ese personaje decadente y apasionado el que me hizo entrar en una crisis nerviosa de la que me costó tanto reponerme.

Sí, ya sé lo que vas a decir, me recordarás la escena del zapato donde yo me negué a salir al escenario porque la vestuarista me lo había perdido y terminamos ambos abofeteándonos frente a toda la camarilla, pero recuerda lo mucho que me presionabas para entrar en el papel y lo mucho que me hacías llorar detrás de bastidores para lograr la tensión emocional con la que buscabas la conexión con la audiencia, una audiencia precaria que no era capaz ni de poner el teléfono en modo avión para ver una obra de teatro. Y cómo te gustaba eso a ti, esa facilidad para manipular mis sentimientos a través de la excusa del teatro. Te fascinaba ese poder que tenías sobre mí desde que nos conocimos debido a mi admiración por tus interpretaciones shakesperianas, gambarianas o de Foster Wallace que me hacían babear por ti y seguirte el amén hasta en las excentricidades más ridículas. Así que no seas injusto y no te hagas el martirizado, que no te queda. Ambos nos hicimos daño, pero ninguno de los dos es inocente. Sé que me has cuidado, pero de la misma forma me has tenido por las cuerdas, al borde de la muerte, gracias a las malas condiciones en las que vivimos como gitanos, montando obras de aquípara allá, sin respetar aforos ni medidas sanitarias. Y claro que hablo de esta enfermedad que me pegué por tu causa, que sé bien me matará cualquier día y no de mis cambios de humor, de eso tú hablas con todo el mundo haciéndote la víctima. ¿Crees que no me llegan los comentarios? ¿Cómo me hacen mierda en Twitter cada vez que posteo algo? ¿El comidillo ese que me deja como la loca y a ti como el pobre Laurence? Así que ¿sabes qué? ¡Vete a la mierda!

Y le retiro mis cariños a esa perra fea de la que te has enamorado, a quien solo escupo víboras y maldiciones.

Por siempre tuya, Vivien

VIVIEN:

Ya sabía yo que la amorosa Vivien no podía durar por demasiado tiempo, un correo irónico fue todo lo que te duró. Aquí ya te veo nuevamente con tus ideas llenas de cólera y pestilencias, mira que tratar de fea a mi adorada esposa. Y para que sepas Joan no necesita ser una loca de patio para interpretar personajes memorables, para eso es una actriz y no un personaje en sí misma. Con ella estoy seguro de que llevaré los días más felices de mi vida, porque serán los más tranquilos. Agradece que soy un caballero, mira que la escena del zapato es una cosa mínima considerando todo lo que me has hecho hacer y padecer, o ¿ya olvidaste cuando te presentaste desnuda en la escalera frente a nuestras amistades porque estabas molesta por no poder salir con tu nuevo amante? En fin, fueron tantas las veces en que te rogué que dejaras de hacer tan evidentes tus coqueteos con otros para evitarme la vergüenza, pero parecías esforzarte más en que todos lo notaran, hasta etiquetándote con ellos.

Eres una sanguijuela y una actriz brillante, no lo niego, y puedo escribirte ambas cosas en la misma línea sin titubear. Vivir contigo no siempre fue un infierno, pero sí que me hiciste la vida imposible en la última década y estar libre de ti para mí fue como salir de una condena y estar en libertad condicional. Como me has escrito tú misma, efectivamente eres inacabable ante mis ojos, pero en el recuerdo de tu compleja personalidad. Ya se ha acabado esta tortura que llamamos matrimonio y espero que ahora comience una nueva era, espero en verdad, una era favorable para ambos.

No olvides tomarte tus medicinas y mantener al día tus vacunas. Si necesitas algo no dudes en llamarme, ya te dije que debías cuidar esa tos y esos desgarros. Si te cuidas estoy seguro de que podrías ganarte otro Premio de la Academia cualquier día de estos.

Atentamente, Larry

QUERIDO LARRY:

Solo quiero decirte que tengo claro que soy una sanguijuela y una actriz brillante, como que tú eres un actor de carácter, un director teatral apasionado y exigente, así como un amante escuálido y aburrido, al que le gustan tanto las mariposas como las mariquitas. Todavía te guardo secretos que no has querido revelar a pesar de que han cambiado los tiempos y el género fluido está de moda. Ya deberías ir parando tu lengua de macho sacrificado. Me resta decirte que dudo mucho que me llegue la tercera estatuilla, ya que no me siento muy bien últimamente, pero estoy segura de que tu amada y fea esposa Joan nunca logrará ninguna estatuilla, lo invoco como la bruja que soy, no importa la actriz sólida en que procure convertirse.

Con amor, Vivien

Greta Montero Barra

(1986, Coronel) Es profesora y doctora en literatura por la Universidad de Chile. Ha publicado los libros de poesía "Dummies" (2013), "Balada del Señor Cuervo" (2016) y "Un día quemaré sus castillos" (2022). El cuento “Yo no soy Maite Orsini” pertenece al conjunto de relatos "Yo no soy esa", publicado en 2023.

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