Imperialismo y violencia: Análisis de «Buddha collapsed out of shame» (2007) – Carcaj.cl
Imperialismo y violencia: Análisis de «Buddha collapsed out of shame» (2007)

Collage digital a partir de "Buda explotó por vergüenza", de Hana Makhmalbaf

01 de febrero 2026

Imperialismo y violencia: Análisis de «Buddha collapsed out of shame» (2007)

Es necesario resistir en el propio campo de la política de producción de la subjetividad y del deseo dominante en el régimen en su versión contemporánea- es decir, resistir al régimen dominante en nosotros mismos-, lo cual no cae del cielo ni se encuentra listo en alguna tierra prometida.
Suely Rolnik, Esferas de la insurrección.

Para entender el conflicto Afgano, es necesario comenzar por comprender que el imperialismo se instaura sobre un país más allá de la invasión territorial colonial, sino que el poder de un estado se expande más allá de las propias fronteras a través de el control político, dominio y dependencia económica, influencia cultural, religiosa e ideológica, entre otros dispositivos de vigilancia y gobierno.

Afganistán es entendido como un territorio estratégico, ya que geográficamente se encuentra como punto central entre países en conflicto con Estados Unidos, por lo que la guerra (en este caso en particular) más que por el extractivismo petrolero o de recursos naturales, se define por la posición geopolítica del espacio.

Luego de la guerra fría, Estados Unidos retira su poder estratégico del territorio y comienza una guerra civil. Es aquí donde surge el Talibán, movimiento político-militar islamista, que intenta recuperar de forma estricta los ‘’mandamientos’’ del Islam, además de intentar restaurar el orden de un país devastado por la guerra. El gobierno talibán, se encuentra caracterizado por entregar refugio a Al Qaeda, esto hasta el 2001, luego del atentado a las torres gemelas, EE.UU exige entregar a Osama Bin Laden (jefe de Al Qaeda) lo que es denegado por los talibanes, dando paso a la invasión de EE.UU en Afganistán.

Es necesario recordar que la invasión estadounidense duró 20 años en el país afgano, retirando recién el 2021 las tropas.

El título de la película realizada por Hana Makhmalbaf hace referencia a las destrucciones de las estatuas de Buda en Afganistán, a manos de los talibanes, como forma de expresar su poder y ‘’victoria’’, lo que también son las primeras imágenes que podemos ver proyectadas. Con esto, el filme nos plantea desde el inicio su leitmotiv: la violencia del imperialismo y la guerra, los procesos de subjetivación y sus consecuencias. Además, la directora nos interroga con estas imágenes sobre la aniquilación cultural de unos sobre otros. El buda explotó, para ella de vergüenza, para otros por ser un símbolo pagano o simplemente para entregar una amenaza de los no-límites del imperialismo y la guerra.

Baktay es una niña de 6 años que luego de escuchar leer a su amigo Abbas, sueña con ir a la escuela para aprender a leer cuentos divertidos. Por lo que decide luchar por ingresar a la escuela y educarse. En el transcurso de la historia, vemos como la protagonista se enfrenta a diversas dificultades, desde no poseer un cuaderno o tener que utilizar un pintalabios como lápiz a causa de la pobreza que dejó la guerra y la inversión estadounidense, hasta enfrentarse a violencia simbólica, física y de género.

Podemos visualizar como su vestuario de color verde resalta no solo por sobre lo agreste de las cuevas y las ruinas, sino también, se entremezcla con la inocencia que caracteriza su personalidad, a diferencia de los comportamientos de las demás personas, quienes constantemente le imponen múltiples barreras para conseguir educación.

Nos ubicamos históricamente en Afganistán luego de la ocupación estadounidense y de la ‘’victoria’’ talibán. La guerra ha terminado, pero las consecuencias estructurales devienen huella mnémica. La violencia se ha vuelto natural, los niños juegan a la guerra, la guerra es el juego que para ellos representa diversión. La guerra no solo dejó consecuencias físicas, sino que los procesos de subjetivación se encuentran mediados por esta.

Baktay decide viajar a la escuela de niñas que se encuentra al otro lado del río, es en este viaje que es ‘’secuestrada’’ por unos niños que juegan a la guerra. La dinámica es que ella es una pagana y ellos son talibanes. La niña es castigada por llevar un cuaderno, ya que: ¡las niñas no van a la escuela! El cuaderno que tanto esfuerzo le costó comprar, es ahora destrozado por los niños, quienes con sus hojas crean aviones y misiles de papel, que luego serán lanzados hacia Baktay como símbolo de bombardeo y destrucción. En este momento, descubren que además lleva el pintalabios que usaría como lápiz, ya no solo el castigo debe ser por recibir educación siendo una niña, sino por pecadora, las mujeres no pueden maquillarse, por lo que Baktay debe ser apedreada. Ella se resiste: ¡no quiero jugar al juego de apedrear!, aquí consigue la respuesta que nos hace preguntarnos si tan solo la guerra ha sido normalizada como juego o como forma de existencia y es que, los niños comienzan a cavar una tumba para enterrar su cuerpo. El apedreamiento es entonces, una órden de Dios, por lo que debe ser materializado. La cabeza de Baktay es cubierta, una mujer debe estar cubierta como mandamiento, no puede mostrar su cabello ni su rostro porque esto también es señal de deshonra a Dios.

La niña es llevada a una cueva, lugar donde hay 3 niñas más que también están como rehenes, al preguntarles el por qué las secuestraron ellas responden que están ahí por ser lindas, por tener ojos lindos y porque el envase de un chicle contenía la imagen de un jugador de fútbol. Órdenes de Dios sobre el comportamiento de una mujer en una sociedad islámica.

Baktay escapa, logrando llegar a la escuela para niñas. Es aquí donde nuevamente se enfrenta a las consecuencias de una sociedad castigadora; ella comienza a jugar con el pintalabios, por lo que es expulsada de la escuela, las niñas no pueden jugar, ni pueden maquillarse, las niñas se encuentran privadas de todo.

Al regresar a su casa, se encuentra con su amigo Abbas, pero también con los niños que jugaban a ser talibanes, pero el juego ha cambiado, ahora son soldados americanos. Los niños son secuestrados por terroristas y simulan matar a Abbas. Asustada, Baktay huye de ellos, pero escuchamos como Abbas grita: ¡Baktay, debes morir, si no, no te dejarán libre! La protagonista sigue huyendo, rehusandose a seguir la dinámica del juego de morir en manos de los americanos. Baktay no quiere jugar a la guerra, ni a la muerte, ni al apedreamiento, ella quiere ir a la escuela para aprender a leer y conocer historias divertidas. Baktay quiere educación, libertad y autonomía. Baktay rechaza la muerte y habla.

Para Spivak (1988) el imperialismo produce sujetos subalternos, quienes se encuentran fuera de la lógica occidental del sujeto clásico, son sujetos que no tienen un acceso real ni material al poder y la autonomía. Por lo que su palabra dentro del discurso dominante no existe, no hay discurso, lo que no significa que no tenga voz para articular su propia narrativa, pero este espacio de representación no le es dado. Cada vez que un subalterno se dispone a hablar, su palabra es reinterpretada o silenciada por las fuerzas imperialistas, coloniales y/o académicas. El subalterno no es mudo, se encuentra silenciado.

Para la autora, esto se ve representado sobre todo en las mujeres subalternas, quienes estarían doblemente en esta posición, ya que no solo se encuentran oprimidas por la lógica imperialista, sino que también bajo el yugo del sistema patriarcal. Lo que se muestra claramente en el juego del apedreamiento en la película, las niñas son secuestradas por poseer lindos ojos, lo que en la película se le llama ojos de lobo, ya que serían ojos pecadores y peligrosos para el orden de la sociedad islámica. Las niñas deben ser castigadas hasta la muerte por poseer belleza física. Las niñas afganas se encuentran en un tercer nivel de subordinación: son mujeres, son pobres y son de Afganistán. Su discurso está silente, no existe espacio para él. Es por esto que el intento de Baktay por estudiar se hace tan complejo,lo que queda a la vista al momento de llegar a la escuela con Abbas, de donde es expulsada ya que es niña y esa es una escuela de hombres, su deseo de conocer historias divertidas ya no solo es coartado por no tener dinero para un cuaderno, sino por su sexo y género. Ella habla, pero no es escuchada ‘’Si en el contexto de la producción colonial el subalterno no tiene historia y no puede hablar, el subalterno como femenino está aún más profundamente en tinieblas’’. (p.33)

Asimismo, es que en la película observamos cómo es criticada la idea de la salvación por parte de las fuerzas imperialistas, la protagonista se nos presenta como una niña autónoma, que logra atravesar todas las adversidades que le impone la sociedad, se la caracteriza como una persona insurrecta al momento de huir de los niños que juegan a ser soldados estadounidenses, huyendo de quienes, se supone, traían paz y orden, para que estos no la maten.

El filme entrega una respuesta visual a la pregunta de Spivak: ¿puede hablar el subalterno? La respuesta entonces es sí, este habla pero el sistema es quien le enmudece, no solamente reinterpretando las palabras plenas, sino que embelleciendo, occidentalizando y/o volviendolas académicas. Como también, utilizando dispositivos de dominación, aniquilación y destrucción total no solo del espacio geográfico y la cultura, sino también destruyendo los procesos psíquicos relacionados al enfrentamiento del trauma de la guerra y el asesinato de los cuerpos, de forma literal, como también cohartandolos simbólicamente en el caso de lo femenino.

Es entonces que Baktay habla y resiste.

Referencias

Spivak, G.(1988). ¿Puede hablar el subalterno?

Paloma Núñez R

(1995) psicóloga clínica titulada y psicoanalista autodidacta. Especial interés en la crítica cultural, el estudio del cine y la convergencia de ambos en el psicoanálisis lacaniano y las ciencias sociales.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *