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La torre arrodillada

"La torre". Carta de tarot italiana del siglo XVI. Fuente: Gallica

11 de octubre 2025

La torre arrodillada

La torre arrodillada

una sola piedra,
la sola, sola piedra,
barre la luz vacía

la misma lima de cantera,
soga relampagueante,
arrastra las aves,
                            entierra las nubes

los hombres que no imaginan
              defenestran cometas       

en cada surco del precipicio
las ventanas abismadas
englosan restos de gracia,
                       pálpitos de la verticalidad esteparia

por mi parte, tallo de plumas,
sostengo paneles
de transparencia
       estoy imantado, supongo, por una danza aérea

una grieta en el surco,
arco solemne sobre una silueta telúrica

Y no obstante, hay algo de maravilloso en precipitarse

las cuestas enroscadas de los senderos
        no aparentan profundidad alguna
(lilas ingrávidas)
son sombras acelerando,
    todas, como un golpe
    en un cuenco de latón

mi mentón y columna
se encajan como daga rubeda
                        en la claridad

                    / efluvio calcáreo /

astillas de dardos lunares
en una cuna de palmas
la grava está salpicada de lumbre
y esta piedra tan sola,
                        sola toda,
germina en espigas óseas

*
* *

Delirio oro

tala en cara lívida, plenilunio

sin drama
la insistencia del ábside
                                 caer en un paraje que retorna

en ruinas de pétreas arboledas, bailo

la nube del cerezo se abrasa;
el aire es un escarpelo que ríe
                                             [la siembra de la tempestad, todo el frío]

latir noche
                       latir norte
         retumbar

[la maquinación de lo emotivo
está en los dibujos de una serpiente]

viajo y recibo
un testamento abierto:
“nadie se salva”
                               brincan uñas encima

alguna vez miré al Sol:
todos los cuerpos conmutaban

el trote de un cielo de caballos
        enciende mi inocencia
                                              tantos rostros en los brazos del fuego

entre sordas revueltas
copos de silencio

s e    d e s p l a z a n
m i s
s i g n o s

fondo de fieras,
dormir liviano
    [esa penumbra sin señas]
                   mi sal adentro

miro sin regocijo
la última hoja:
                             el amanecer arde estático…

*
* *

Un ícono sin santo

inaudito centro
                       la circunferencia agotada
su área disuelta en un anillo extraviado

la didáctica de lo que está y lo que es,
                                          envasa ojos
ocultamiento de la legibilidad,
el cincel crea certidumbre:
un no acontecer que posibilita

(está siendo, en la conciencia aligerada)

saludo consagrado en la altura del espacio,
templo de grietas remendadas con entraña mineral

la adoración de lo que pervive,
                                         lo que fue, y seguirá siendo

aros y espigas, escuadras de pulso

                                                        satisfacción radiada en una concentración
                                                                de nombres, miradas y claves

aire de aire,
                 aire rojo escalonando lo invisible
                       mientras fogonea la nada

un minuto de asombro
en la contemplación dirigida
bloque asteroidal, mandrágora de magma:
la cuesta de la imaginación es la penumbra

*
* *

Asido en el sitio

lirio atrapado
en el mar
la terrible pasividad
               de una ola

extensión de todo el vértigo
y el rumor de la impaciencia

estrujado, capullo de ortiga,
asido por el baile de una esfera
           el cascajo cósmico
           entre toda la tétrica claridad

[festejo sin tiempo
 luz de brisa,
 reverso del horizonte]

un suspiro en mis piernas desnudas,
una mano en mi pecho frágil
      socorro físico, el placebo espiritual
                   para la renuencia a la calle

otra vez, torcido, paño enfurecido,
como una cintura de agujas animales
[centro]: la confrontación deseada

como la mirada, como la expectativa,
me entrego a un voto de violencia
                             | estupor, mis ojos no tienen párpados

¿qué es este acto de insumisión? 
un código que se sigue, y se interpreta,
                               en el atrio de piedras llanas

en la oración de profundas vocales, decimos:
todo está aquí,
cuesta de ramas;
el cielo no es una ilusión

*
* *

Tantra y Ona

acostado yermo
sin soberanía

al alud árbol,
su sombra estirada sobre la superficie de mi abdomen

mío brillo, mío azar
sotavento, airar viñas
                  este impulso en mis manos
masticar brillantina
masticar un hilo de cáñamo

qué cede, qué entrega,
                dorsos de mimbre

arrejuntar carnes
el hermoso título del desconcierto

quita-pone, inclinar cadenas
                    entre tierra y aire
simetría de una pulsión
aquende astro en los muslos

me maldicen, como una canica ardiendo

sin tensión | pisanervios

friso de ágata
[ caído ]
complementos
qué tan lejos es gemir dentro

aniquilación

cerezo de venas

ánimafuria, ánimagracia
acuerdo de un nido de hojas
                   sobre mi pectoral hinchado

la muerte me viene de la entraña
asta de araña con alas de oro
Aviñón fulgurante aquí en mi abdomen
el dios reducido entre los restos de espuma inerte

Kyoto resarcido, shunga
Orestes, Orestes, O r  e s t e s
             los libros hablan y el mundo no acaba, astorgano

mandala dulce, estrépito,
repetición en mis muslos sonrojados

retrocedo en la memoria de algo que nunca existió
[ soy la última lágrima en caer del cielo ]

*
* *

In-sopor

languidez torva,
entre ceñidas costuras
desconozco la muerte

paladar, gusto a hierro,
                           la hoguera pequeña
                           donde mi cubil se calienta

sospecho que la muerte es más bien
un rostro signando la posibilidad

el abrigo de tierra
me llama grieta,
me llama serpiente y humedad mínima
                            | sobre el fiero frío,
todo el aserrín del carbón encendido |

pirita,
sorbos de leche caliente,
estoy adornado de collares y tiaras
                                                            [el renunciante sentado
                                                           es la figura geométrica
                                                           donde el horizonte y la altura se aparean]

tuve un escorpión que drenó mi inocencia;
la cama no volvió a ser cama
y ahora rezo febril
para que mi cuerpo permanezca terso bajo ella

no puedo negarme a morir;
probablemente no desfallezca del todo
cuando mi silla se incline y brinque
                             en cada sombra y en cada destello
cuando el eco de mis manos
sea unas semillas que crepitan con el aire
                                                                 [no seré yo quien duerma,
                                                                 sino ustedes me estarán soñando]

el todo nosotros,
aguijón, asiento y fuego,
en un nido de hielo perpetuo

enjambre de lunas

cada partícula
es la sofisticación de un rostro numinoso

efímero todo: solo incendios y reflejos

*
* *

Primera persona (o de cómo desaparezco)

madre-tiento,
intratable mar vestigio,
mío-mío sur,                                                                                 
                    entrabe sombra, alta vigía

deriva de civilización
azur arbóreo, linfa y ámbar
                      (como estigma perdurable)

devorador de búsquedas aleatorias
                   postrado en loto
                   circuncidando la forma
                   de-vas-ta-ción
mandrágora chispa; antes que genio, a u r a

mío-mío norte,
padre-observación
signo astro, una cumbre de dientes
                    carne furtiva
                    la maleza divina entre forajidos

la sola repisa,
ansiedad y diagrama
                 (tal vez, quizás, ahí)
la sola pieza,
acunada entre el cenit y el nadir
borrasca, delimitación de la biología
sin infancia
sin juventud
sin vejez
                precipitadamente mediodía

carátula de estampas,
lobera rebosante, mirlo y martillo
             l ó b r e g o 
tela cáustica: cada exhalación se detiene

timbre embistiendo; alabarda, manos y manos

menor rigor, lentitud de…
                     septentriones
                     australes
                     conciencia y energía

pomelo imperativo, súcubo y ángel
metonimia de la carne,
                           maíz transfigurado
                           (encarnación del hambre)   
                            ingesta

toda mía-mía será tuya,
                ohternura;
                abriga la Luna, piedra roja…

Aldo Vicencio

(Ciudad de México, 1991). Poeta y ensayista, estudió la Licenciatura en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es autor de Piel Quemada: Vicisitudes de lo Sensible (Casa Editorial Abismos, 2017), Anatolle. Danza fractal (El Ojo Ediciones, 2018), Púlsar (Ediciones Camelot América, 2019) y recientemente de Tangram (Vitrali Ediciones, 2023). Su obra ha sido publicada en diversas revistas literarias, como Punto en Línea de la UNAM y Tierra Adentro (México); Digo.Palabra.txt (Venezuela), Agradecidas Señas (Estados Unidos, México, Europa), La Ubre Amarga (Bolivia); Buenos Aires Poetry (Argentina), Santa Rabia Poetry y Kametsa (Perú); Una verdad sin alfabeto (El Salvador); Cinosargo y Vórtice (Chile), Low-Fi Ardentía (Puerto Rico), El pez soluble (El Salvador, Guatemala, Panamá y Costa Rica); Oculta Lit, penúltiMa y Zenda (España), entre otras. Ha sido incluido en las antologías Nueva Poesía y Narrativa Hispanoamericana (Lord Byron Ediciones, 2016), Nido de Poesía (LibrObjeto Editorial, 2018), Poesía No Consagrada Vol. VI, (Granuja, 2021), Luces tras la cortina (Ediciones Kametsa, 2022) y Entalpía. Muestra de poesía (Primer Festival de Poetas Jóvenes: Michoacán escribe, 2022). Ha participado en diferentes festivales y coloquios sobre poesía y literatura.

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