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PALESTINA, TIERRA SANTA

Foto: School of children, Jenin, Palestine, 1910. Fuente: Public Domain Labrary

15 de marzo 2026

PALESTINA, TIERRA SANTA

por Jean Tible
Traducción de: Daniel Ruilova

Artículo publicado originalmente en portugués en la revista Tocaia, https://tocaia.info/edicao/palestina-terra-santa/.

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I. Por todas partes

Las protestas por las vidas palestinas estallan en tantos puntos del planeta, desde Malasia a los EE.UU., de Londres a Bogotá. Estas componen una tercera ola de las revueltas globales (Sri Lanka, Serbia, Nepal, Bangladesh, Indonesia, Filipinas, Madagascar, Marruecos, Perú y más), después de la primera a partir de finales de 2010 (Túnez, Egipto, Siria, España, Grecia, Occupy, Taksim, 2013 brasileño y tantas más) y de la segunda en 2019 (Sudán, Hong Kong, chalecos amarillos, black lives matter, Chile, Ecuador, Colombia, Haití y Argelia, entre otras), frenada parcialmente por la pandemia.

Una sublevación por la dignidad para todo el mundo, contra la permanente guerra capital-colonial-racial1 y su complejo militar-industrial, ahora con IA. Estos actos enfrentan una siniestra convergencia represiva, de dictaduras y democracias. Son impactantes las respuestas tiránicas – tanto de los EUA persiguiendo a quienes organizan acampadas en las universidades, como las acusaciones de terrorismo por crimen de opinión o solidaridad a la lucha palestina por los tribunales ingleses, alemanes o franceses.

Las injusticias están por todos lados, cada punto es especial y Palestina concentra su carga particular. Un genocidio transmitido en tiempo real. En la historia de los últimos siglos, repleta de ellos (siempre singulares), los perpetradores niegan su existencia en el transcurso posterior. Un terror abyecto se manifiesta en el intento de aniquilación de las existencias palestinas – las personas, el lugar y sus vínculos –, al atacar casas, hospitales, escuelas, universidades, periodistas, sitios arqueológicos y sagrados, plantaciones y toda la infraestructura vital de la Franja, además del recrudecimiento en Cisjordania. En este presente de horror total, se juzga suertuda a la familia que logre enterrar sus muertos.2 ¿Qué claman esta lucha-sobrevivencia, y su impresionante fuerza, que se muestra contundentemente en la nueva vuelta, tras el segundo cese al fuego, al norte en escombros?

II. Continuidades

Al leer el desgarrador libro La limpieza étnica de Palestina, se evidencian las nítidas continuidades entre lo que ocurre hoy y el proceso de nacimiento (y después consolidación) del Estado sionista. Ilan Pappé escruta los archivos del ejército israelí, de las reuniones de la Consultoría y los diarios de Ben-Gurión en ese año decisivo de 1948.

En febrero de 1948, Ben-Gurión decía en público que estaba ocurriendo una guerra de eliminación de los judíos (donde los árabes eran equiparados a los nazis). Sin embargo, Pappé ve en ello una “maniobra deliberada de relaciones públicas para garantizar que, tres años después del Holocausto, el ímpetu de los soldados judíos no vacilase cuando eran ordenados a limpiar, matar y destruir otros seres humanos”. Insiste el investigador que en abril y mayo los diarios del líder se enfocan en los desafíos organizativos de la formación del nuevo Estado (y no asuntos militares), estando ausente esta percepción de un segundo Holocausto en curso. La tenebrosa masacre (incluso de niños) en Deir Yassin indica “este ejercicio ‘cuantitativo’ – que los israelíes repetirán hace muy poco tiempo, en la masacre de abril de 2002 en Jenin”. El alto número de víctimas es “un aviso para todos los palestinos de que destinos semejantes los aguardaban si se negaban a abandonar sus lugares y huir”.3

Ya en Sabbarin, cerca de Haifa, por haber tenido resistencia armada, mujeres, viejos y niños son “confinados atrás de alambre de púas por algunos días, como castigo – de una forma muy parecida con las jaulas en las que los palestinos hoy son mantenidos, por horas, en los puestos de control en Cisjordania, cuando no logran presentar los permisos correctos”. Todo un método de destrucción y eliminación. Incluida la metáfora de la enfermedad a extirpar y la animalización. En los años 1970, un alto funcionario identifica a los palestinos de Galilea como “cáncer en el cuerpo del estado”, mientras “el jefe del estado-mayor israelí, Raphael Eitan, abiertamente se refirió a ellos como ‘baratas’”4 en esa trayectoria continuada, que lleva al ministro de Defensa en octubre de 2023 a calificarlos de “animales humanos”, justificando así el cerco total de Gaza, con el bloqueo de agua, comida y energía.

III. Infraestructura

La toma del territorio es preparada por el Mandato Británico de Palestina. El Fondo Nacional Judío, iniciado en 1901, constituyó un instrumento primordial para la inmigración a gran escala, tras la primera guerra mundial. En las décadas siguientes, nace una estructura proto-estatal, con una esfera económica distinta, con capital foráneo y excluyendo el trabajo árabe. A mediados de los años 1930, incluso siendo una población minoritaria, el sector ya era superior a la economía de los árabes. Esta iniciativa era apoyada por la Asociación de Colonización Judía, fundada y vinculada a poderosos filántropos judíos alemanes y franceses. Su acción permitió la compra de tierra y “los subsidios que le permitieron a la mayoría de las primeras colonias sionistas en Palestina sobrevivir y desarrollarse”.5

El Mandato incentivó, así, una administración sionista paralela, con funciones casi gubernamentales en las esferas de educación, salud y obras, además de un “status diplomático internacional”. Nada similar existía para la población palestina. Este conjunto fue decisivo, “base para un crecimiento significativo de la población judía y la adquisición de tierras ubicadas estratégicamente que permitieron el control de la espina dorsal territorial del país a lo largo de la costa, al este de Galilea, y en gran y fértil valle de Marj Ibn ‘Amer que las conecta”. Israel fue fundado de a poco en esos puntos inicialmente aislados; le faltaba la fuerza militar para ser soberana.6

La población judía se triplica (de 6% en 1918 a 18% en 1926), pero se estabiliza en los años posteriores. Esto cambia nuevamente en 1933, en el gobierno nazi: con la caza sistemática a los judíos alemanes y las leyes discriminatorias británicas y estadounidenses, el destino más frecuente es Palestina (en 1935 llegan más de sesenta mil, “un número mayor que toda la población judía del país en 1917”). En 1939, la proporción judía en la población alcanza casi un tercio. Por otro lado, la represión feroz y sangrienta (con cien mil soldados y uso de la fuerza aérea) a la Gran Revuelta contra el dominio británico, en 1936-1939, deja sus marcas, con “el 14% a 17% de la población árabe masculina adulta muerta, herida, encarcelada o exiliada”.7

IV. Base colectiva ancestral

Como fue desarrollado por el escritor libanés Elias Khoury, “para que los judíos se convirtieran en un pueblo como otros pueblos – y ‘otros pueblos’, aquí, significa los pueblos europeos –, tenían primero que inventar sus propios judíos”.8 Se trata de un ataque a los expulsados y a su pasado – los palestinos nunca habrían existido, una declaración que retorna constantemente. Además, “hay un amplio material literario dedicado a probar que, antes de la llegada de la colonización sionista europea, Palestina era estéril, vacía y atrasada”.9 El trabajo y la fuerza dinámica de los inmigrantes la habrían transformado, ilustrado por el eslógan sionista una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra, no por casualidad también utilizado por la dictadura empresarial-militar brasileña en los años 1970 en su propio proyecto de colonización de la Amazonía.

“Oiremos la voz de los ancestros… en los vientos, tomaremos su pulso en los brotes de los árboles. Esta tierra es nuestra abuela sagrada, piedra por piedra, es una cabaña de dioses que habitaron con nosotros e iluminaron, a cada estrella, nuestras noches de oración…”.10 Elías Sanbar, diplomático palestino, en conversación con su amigo Gilles Deleuze, aproxima a los pueblos palestino y ameríndios, Israel nace, así, de forma similar a los EE.UU, sustituyendo lo autóctono: para cumplir su destino manifiesto, se vuelve necesario hacer tábula rasa de esta presencia anterior. Las víctimas palestinas entran en un vacío; “el Estado de Israel actuando como una formidable máquina que fabrica la ausencia palestina, por las armas, desplazamientos forzados, pero también su eliminación sistemática de los rasgos, de todo rasgo, de los que a partir de ahí, privados de su nombre, se pudren en los campos de refugiados, relegados a un universo de lonas y carpas”.11

Así como los mitos amerindios encarnan una base ético-estética cosmopolítica para sus pueblos, la poesía y literatura árabe y palestina ejercen una potencia semejante, que viene de lejos y florece en el combate al silencio de su destierro. El escritor Hussein Al-Barghouti, al saber de su inminente partida por un cáncer terminal, regresa al valle ancestral de su familia, y narra, en sus paseos nocturnos, una tierra y un valle (Deir al-Jouwani, en la aldea de Kobar, no muy lejos de Ramallah), habitados por pequeñas serpientes coloridas [za’ra] que pueden volar sobre las montañas, en un “mundo de zorros, hienas, djinns [espíritus] e innumerables seres invisibles”. Olivos, higueras, almendros. Hussein respira en estas historias el aire de otros lugares y tiempos, iluminados por la luna (cuya luz opone a la de las colonias, ahora próximas), “capaz de inspirarle la fuerza de los comienzos para enfrentar la ‘dureza de los fines’. El imaginario es energía (…). Nada nunca termina realmente en esta Tierra Santa, todo siempre vuelve. O, como dijo el poeta Mutanabbi: ‘lo que pasó sigue por venir, ya que lo que debe venir ya partió!”12

Más al norte, la villa de Mujaydil sobrevivió inicialmente a la Nakba, la mayoría de los dos mil habitantes huyeron hacia Nazaret. Los cristianos, gracias a la intervención del Papa dos años después, obtuvieron el derecho de volver, pero no aceptaron hacerlo sin sus vecinos musulmanes. Como respuesta, Israel demolió la mitad de las casas y una mezquita. Pappé reconstituye la vida cotidiana antes de la Catástrofe, indicando “la desaparición de toda una comunidad, con sus intrincadas redes sociales y obras culturales”. En este lugar conocido “por su elaborado sistema de captación de agua lluvia del tejado de la mezquita directamente hacia un pozo”, había muchas escuelas, religiosas pero también una pública, “la Banin, famosa por los magníficos árboles que daban sombra al recreo de los niños, por el pozo ubicado al medio del patio y por los árboles frutales a su alrededor”. Una joya, “que sustentaba todas esas obras impresionantes, era un molino construido en el siglo XVIII, que servía a las villas de los alrededores, incluyendo a la población del asentamiento judío ‘veterano’ de Nahalal (Moshe Dayan, que vino de Nahalal, mencionó como su padre dependía del molino)”. La operación militar que conquista Nazaret y sus alrededores tuvo como nombre Dekel [palmera] y el historiador relata que hoy son pinos los que cubren muchos de estos vestigios, ahora un “‘pulmón verde’ plantado por la agencia nacional judía con el propósito de ‘recreación y turismo’”.13

V. Picada

¿Nuestro rumbo colectivo se decide allí? La cuestión palestina tiene un lazo vital con Brasil – con las luchas indígenas por la comunalidad de la tierra y las luchas contra la máquina de muerte, en su matanza permanente en las periferias/campos/selvas/aldeas/quilombos (que importa instrumentos y métodos comprobados por Israel). Y con el camino de la amistad y de la solidaridad. Jean Genet, escritor francés que anduvo por los campos de entrenamiento y de refugiados en los años 1970-1980, interrogado sobre su ayuda a los palestinos respondió que era una locura decir eso, ya que era justo lo contrario, porque fueron ellos quienes lo ayudaron a vivir. Ya oí, en el movimiento indigenista, la imagen de la picada (de cobra) para marcar un cambio en la trayectoria militante cuando una persona es tocada por la belleza existencial indígena y eso se torna un compromiso para siempre, de vínculo-lucha. Me parece que algo semejante sucede con Palestina. La Nakba sigue y aún no logramos detenerla, pero una nueva generación se levanta. Como dijo un rabino formado en la tierra santa palestina, “no esperamos al Mesías, es él quien nos espera”.14


1 SILVA, Denisse Ferreira da. A dívida impagável. Oficina de Imaginação Política e Living Commons, 2019. [Hay trad. cast.: La deuda impagable. Buenos Aires. Tinta Limón, 2023].

2 SAIF, Ate Abu. Quero estar acordado quando morrer: diário do genocídio em Gaza. Sao Paulo, Elefante, 2024. [Hay trad. cast.: Quiero estar despierto cuando muera: diario de un genocidio. Barcelona, Blackie Books, 2024].

3 PAPPÉ, Ilan. A limpeza étnica da Palestina. Sao Paulo, Sundermann, 2016 [2006], p. 93, 111, 128 y 223. [Hay trad. cast.: La limpieza étnica de Palestina. Barcelona, Crítica, 2008].

4 PAPPÉ, Ilan, A limpeza étnica da Palestina, p. 93, 111, 128 y 223.

5 KHALIDI, Rashid. Palestina. Um século de guerra e resistência (1917-2017). Sao Paulo, Todavia, 2024 [2020], p. 26. [Hay trad. cast.: Palestina: Cien años de colonialismo y resistencia. Madrid, Capitán Swing, 2023].

6 KHALIDI, Rashid. Palestina, p. 55.

7 KHALIDI, Rashid. Palestina, p. 60-61 y 66.

8 KHOURY, Elias. Meu nome é Adam. Rio de Janeiro, Tabla, 2022 [2016], p. 226.

9 KHALIDI, Rashid. Palestina, p. 23.

10 DARWISH, Mahmud. “Discurso penúltimo do ‘indio vermelho’ diante do homem branco” en Onze astros, Rio de Janeiro, Tabla, 2021 [1992]. [Hay trad. cast.: Once astros. Madrid, Cultura Hispánica, 2000.

11 SANBAR, Elias. Dictionnaire amoureux de la Palestine. París, Plon, 2009, p. 421.

12 AL-BARGHOUTI, Hussein. Je serai parmi les amandieirs. Arles, Actes Sud, 2008 [2004], p. 12, 47 y 54.

13 PAPPÉ, Ilan. A limpeza étnica da Palestina, p. 190-191.

14 HAGAÏ, Gabriel. Itinéraire d’une initiation: le cheminement d’un rabbin qabbaliste. Bruxelas, Vues de l’esprit, 2025, p. 39

Jean Tible

Militante y profesor de Ciencia Política en la Universidad de São Paulo (USP). Es autor de política selvagem (n-1 y GLAC, São Paulo, 2022), Marx selvagem (Autonomia Literária, São Paulo, 2018) y coeditor de Junho: potência das ruas e das redes (FES, São Paulo, 2014) y Negri no trópico (Autonomia Literária / Editora da Cidade /n-1, São Paulo, 2017). Sus artículos y libros están disponibles en https://usp-br.academia.edu/JeanTible.

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