Parábola de la Propia Estructura Narrativa en Juego en esta Parábola – Carcaj.cl
Parábola de la Propia Estructura Narrativa en Juego en esta Parábola
13 de enero 2026

Parábola de la Propia Estructura Narrativa en Juego en esta Parábola

por Kit Schluter
Traducción de: Vicente Lane

Dado que todas las narrativas son interminables, el inicio de las narrativas es mucho más importante que la resolución de las mismas.
Dallas Wiebe

Tras terminar un borrador de un libro infantil titulado La Esposa Trípode del Sombrerero, la Criada que en Secreto Era una Autora de Libros Infantiles cayó sobre un lecho de flores, luego cayó dentro de una botella de lejía. Cuando se encaramó por sobre el cuello de la botella, su cabello era blanco, y su piel incluso más blanca. Así, la Gata del Amo la confundió por un gran ratón de tamaño humano, y se relamió los labios con un apetito bien afilado y los rugidos de su estómago.


“¡Ay, pequeña Gatita!”, exclamó la Criada que en Secreto Era una Autora de Libros Infantiles. “Simplemente tengo que contarte. Acabo de terminar de escribir mi primer libro y no podría estar más contenta con el resultado. Escucha con atención, porque todo sucede rápidamente. Cuenta la historia de una mujer rica de tres piernas y su esposo, un pobre sombrerero que gasta toda su herencia en un par de pantalones a tres piernas para ella.”


“Increíble…,” murmuró la Gata del Amo. “Jamás había conocido a un ratón tan grande, menos uno que escribiera libros infantiles.” Luego, fantaseó con lo tierno y delicioso que debía saber el cerebro de un ratón tan grande e intelectual, y su boca se inundó con la saliva que manaba en lustrosos flujos bajo su lengua.


“Bueno, cierto día este pobre sombrerero acude a un sastre especializado en confecciones de lujo para extremidades inusuales. Pero cuando el sastre indica el precio, nuestro caballero entiende enseguida que un solo par le costará todo su nido de ahorros – una modesta suma que acaba de heredar tras la muerte de sus padres, cosa que dejó sin explicar, verás, para dar un toque de misterio. Pero el sombrerero ama tanto a su esposa, y cree, como tantos hombres, que es el deber de un esposo colmar a su esposa con regalos imprácticamente caros, que va y le compra aquellos pantalones a tres piernas. Y así es como de pronto se encuentra a sí mismo en la indigencia.”


A estas alturas a la Gata del Amo le estaba entrando bastante hambre. Y junto a su hambre crecían sus ansias de hundir sus colmillos sobre el apetitoso cerebro de la Criada. “Mira,” comenzó la Gata del Amo, consciente de la descortesía que sería comerse a alguien en medio de su relato, pero con la esperanza de apresurar la llegada de su conclusión y así proceder con su merienda. “Debes saber esto de mí: no me importan mucho los comienzos – ni tampoco, fíjate, los desarrollos. Ni siquiera me importan los clímax… En cualquier caso, ¡estoy esterilizada! Lo que más me gusta de una historia es su resolución… un final agradable, pulcro y rápido.”


“¡Ay, Gatita!” dijo la Criada. “Eso podría ser un problema… Verás, no creo en los finales, por lo que seguramente no encontrarás lo que buscas en mi libro infantil. Un novelista de mi agrado alguna vez dijo: ‘Las resolución no es importante porque ninguna narrativa se resuelve, ni puede resolverse, jamás.’ ¿Para qué luchar contra lo evidente?”


Y la Gata del Amo, demasiado hambrienta como para seguir esperando a que la incipiente escritora terminara su narración, se fue garbeando hasta la cocina a comer el trozo de pescado que su amo le había dejado aquella mañana. Y mientras comía su salmón, acompañado de media hogaza de pan duro, compuso el comienzo de un poema en su cabeza, el cual versaba algo así como: 

Las llamas lamían un barril de avena
mientras los niños amasaban pan de polvo
cantaré sobre estos bebés hasta que sus ojos se vuelvan azules
y todo el fruto de mi cuerpo flote hacia el cielo…

Vicente Lane

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