Raúl Ruiz en inglés: 1700 días traduciendo los diarios del cineasta – Carcaj.cl
Raúl Ruiz en inglés: 1700 días traduciendo los diarios del cineasta
16 de julio 2025

Raúl Ruiz en inglés: 1700 días traduciendo los diarios del cineasta

En el prólogo del libro “Los años chilenos de Raúl Ruiz”, el cineasta Gonzalo Maza refuerza su convencimiento de que “es deber de todo ruiziano decente hacer algo que ayude a rescatar su obra dispersa por el mundo, o algo que ayude a difundirla o entenderla”, acentuando que su obra filmográfica nos excede como cinéfilos y como chilenos. 

Comparto absolutamente esta tarea ante una vida barroca, no limitándose a una disciplina en sí, si pensamos que el cine es el arte que reúne a muchas otras, mientras que nunca paró de escribir guiones, novelas, poemas, ensayos, generar instalaciones artísticas, presentar obras de teatro y así podríamos seguir.

Ese camino, más allá de si genera tributos o no, tiende a acercarse a una obsesión, con todo lo que ello significa. El cineasta y crítico chileno Jaime Grijalba es un ruiziano más, a quien descubrí por casualidad internándome en las cuantiosas búsquedas por internet esperando una sorpresa digital del maestro.

Hablo de obsesión porque Grijalba al igual que yo ha hecho de los diarios de Ruiz, publicados por Ediciones UDP en 2017, una obra repartida en dos tomos que juntos alcanzan las mil doscientas páginas, rescatando los últimos 18 años de vida del cineasta afincado en París, y todo lo que vivió en ese proceso.

Grijalba da un paso más y comenzó hace unos años un proyecto con sus amistades que no hablan español, traduciendo una fecha del diario por día al inglés a través del sitio ruizdiaries.substack.com. Más de 1700 días de trabajo, 1709 para ser exactos, traducidos a 4 años, 7 meses y 25 días para ser exactos, donde el oficio de la traducción se ha vuelto su única fuente laboral, recibiendo donaciones de la comunidad anglófona que persigue los rastros de un artista inacabable, que pareciese que, a 13 años de su muerte, sigue realizando nuevas obras.

El viaje de Grijalba traduciendo los diarios de Ruiz comenzó cuando su pareja le regaló los dos tomos como regalo de navidad. “Fue una sorpresa tremenda, porque estaban en la boca de todos, y yo lo único que quería era unirme a la conversación”, rememora de aquel 2017. 

Empezó a leerlos inmediatamente y las primeras entradas eran fascinantes. “En ese momento yo tenía una cuenta en redes sociales en la que me seguían muchos críticos de cine de todo el mundo, así que empecé a escribir algunos posts sobre las entradas”, explica. 

Fue ahí cuando tres o cuatro personas, no recuerda el número exacto, le preguntaron por qué no lo traducía para ellos. Así nació la idea de hacer una especie de newsletter, donde traduce una entrada del diario al día. Al principio partió en Tinyletter, y luego se movió a Substack, y así ha seguido, ahora con más de 300 suscriptores.

Ante el deber ruiziano que menciona Maza, Grijalba comparte que hay una responsabilidad en “tratar de volver disponible su palabra y su obra a la mayor cantidad de personas posibles”. Él, un apóstol más del evangelio del puertomontino, lo ha llevado a condensar esta tarea de forma gratuita y altruista.

“Es un deber de ampliar su voz más allá de la muerte y de la especificidad de su lenguaje, de volver su conocimiento, sus chistes, sus reflexiones, públicas, las vuelve universales al mismo tiempo”, anota. 

Y luego agrega: “Encuentro imposible pensar que un recurso tan valioso como sus diarios queden enfrascados solo para aquellos que hablen español”. Ruiz llegó en su vida a hablar francés, italiano, inglés y portugués, sin mencionar que viajó por todos los continentes, con pasos memorables por Australia, China, Taiwán y un largo etcétera.

Traducir el desborde

Los diarios de Ruiz son crípticos, están escritos en varios idiomas y a veces contienen fragmentos inconclusos o esbozos de películas. ¿Cómo navegar esas zonas de ambigüedad al traducir? “Siempre trato de ser lo más fiel posible al lenguaje y a la estructura de los diarios tal como fueron escritos por Ruiz, pero también tal y como fueron editados por Bruno Cuneo”, comenta. 

Una decisión que tomó tempranamente fue que cualquier frase o texto escrito en otro idioma que no fuera español o inglés, no iba a ser traducida. “No soy un traductor profesional, solo he escrito por más de diez años en inglés sobre cine, por lo que no puedo pretender traducir otros idiomas que no conozco, y usar herramientas automáticas u online no forma parte de mi ethos de trabajo”, reconoce. 

La tarea del traductor, más allá de que es una profesión que muchos estudian y se perfeccionan, nace del origen del ser humano por entenderse con el otro. Lo que no se tiene se puede rellenar con la investigación, la búsqueda y el respeto por el estilo de escritura que Ruiz juega en sus diarios.

“La forma de escribir de Ruiz es muy chilena, muy del deambular, y eso hace difícil la comprensión y la escritura. A veces, he decidido cambiar algunas palabras o la cadencia de las frases, pero siento que la mayor parte del tiempo (99%) trato de ser tan incongruente, inconcluso, desperdigado y estrafalario como Ruiz es en su escritura”, agrega. 

Ante el juego que propone este tipo de escritura, las dificultades siempre aparecen, sobre todo cuando a Ruiz le da por hablar de cosas por las cuales Grijalba siente un mínimo de interés, como matemática, genética, física cuántica o tantos otros que constantemente aparecen aquí y allá en sus constantes exploraciones. 

“Trato de hacer lo que puedo y en muchas ocasiones cometo errores no forzados. No soy experto en esos temas, y no pretendo transformarme en uno solo para traducir un par de párrafos, sobre todo con la cadencia con la cual estoy lanzando las traducciones”, explica, a lo que complementa: “Lo bueno de cometer errores es que me llegan correos de expertos en esas áreas, que también siguen a Ruiz, y que me explican un poco más y logran que la siguiente vez que tenga que hablar de, por ejemplo, los reomodos, pueda tener una palabra más correcta que pueda usar, así como un entendimiento de qué significa”. 

Grijalba da ejemplos de ello. La frase más relevante fue cuando Ruiz dice «El cine es mi espejo turbulento», la cual tradujo como «Cinema is my turbulent mirror», y no fue el único en impactarse con esa frase (que deviene de un libro que estaba leyendo Ruiz en su momento), ya que, explica, la usó el cineasta David Gatten en su charla cuando vino a Chile como base para hablar sobre su propia obra.

Una tarea continua 

La comunidad de ruizianos existe, pero hasta ahora está reducida al campo académico y cinéfilo. Ruiz nunca ha sido de las masas, pero su complejidad y análisis del país lo convierten en un chileno universal. 

Gracias a este proyecto, Jaime ha iniciado muchas conversaciones con gente que conoció y sale mencionada en los diarios de Ruiz. Hablamos de gente muy interesada en saber cuándo aparecería, si es que los mencionaron cuando lo conocieron, o gente que lo recuerda con mucho cariño por todas las hermosas conversaciones que tuvieron juntos. 

Uno de ellos es el antes mencionado David Gatten, cineasta experimental estadounidense, que está fascinado con los diarios, y que conoció a Ruiz en una conversación. “Él siente que el proyecto le ha dado mucho de qué pensar para su propio cine, y que se ha transformado en un amigo y confidente muy cercano”, detalla.

Ante una tarea donde no hay financiamientos y solo un placer que otorga el acto de concretar deseos, Grijalba habla de que hay días que son más difíciles que otros, pero el tener una audiencia apasionada ayuda muchísimo, y lo mueve a querer hacerlo bien por ellos, no por sí mismo.

Para quienes quieran leer el diario en inglés pueden acceder a Substack (ruizdiaries.substack.com) de forma gratuita, con lanzamientos de lunes a viernes.

Si quieren apoyar el trabajo de Jaime, pueden regalarle un café a través de ko-fi.com/jaimegrijalba, donde recibe donaciones. 

La última entrada al momento de escribir esto fue el 20 de mayo de 2005, y aún quedan seis años pendientes por traducir. En ellos, aparecerán luces de los últimos años, donde Ruiz visitó Chile en varias ocasiones, siguió desarrollando su faceta intelectual en la Universidad de Aberdeen, o consumó obras como “Misterios de Lisboa”, “Litoral”, “La Noche de Enfrente”. Un chileno fascinante que trasciende fronteras y espacios temporales.

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