Si yo fuera un actor clave del tablero mundial – Carcaj.cl
Si yo fuera un actor clave del tablero mundial
03 de agosto 2025

Si yo fuera un actor clave del tablero mundial

Son días preocupantes. Nada más ayer Israel bombardeó a Irán, aunque aquí, donde yo vivo, el asunto no fue más que una pausa en la conversación, al modo del oigan, ¿se enteraron que Israel bombardeó a Irán?… y luego de un par de tibias exclamaciones y referencias a la miles de veces preconizada 3era guerra mundial, continuar la conversación por donde veníamos conversando, que el día de ayer era acerca del bebé Damián, que ya camina, pero que aún no pronuncia palabras humanas y, entonces, las opiniones se decidieron por enfocarse en él y establecer que se debía tratar de un bebé adelantado por caminar tan pronto, a la vez que de un niño completamente normal por todavía no hablar, lo que de alguna manera silenció el hecho de que, tal vez, en nuestros imaginarios pueda ser que vaya corriendo atrasado respecto de sus contemporáneos que ya hablan. ¿Cómo poner algo así en perspectiva, las imágenes fantásticas, cinematográficas, de la guerra que me muestra el celular entre avisos de publicidad, si por acá no caen bombas? Sea como sea, eso fue ayer, porque ocurre que en otras ocasiones, si uno se encuentra con otro entusiasta de la actualidad mundial, y desde la humildad a la que obliga vivir por estas latitudes, nos es posible liberarnos a comentar hasta hartarnos, por horas entre tragos y cigarros, hasta la embriaguez y la mucosidad invadiendo los pulmones, sobre la contingencia geopolítica, y estipular teorías y predicciones sobre lo que acontece y lo que acontecerá, ¿atacará EE.UU. a Irán?, ¿intervendrá China?, ¿lanzará Israel la bomba nuclear? Es con esos pensamientos, si se les puede llamar así, que alguien como uno se va a dormir en estos días que, a pesar de ser del siglo XXI, expelen un tufo a Historia, tal y como si se trataran del siglo XX.

Debe ser por toda esta situación, por todo este alboroto que en mí se comienza a parecer, de manera extraña e inmoral, al entusiasmo, que alguien como yo, hoy, se despierta y lo primero que hace es leer las noticias, y que en un momento de distracción comienza a fantasear con que es un actor clave en el tablero mundial, un jugador neurálgico en el desenvolvimiento de los hechos, un personaje de la Historia en vivo, aquella que el presente escribe para el futuro, alguien importante, estratégico, no solamente un chileno de clase media-media-alta y que en 1 hora más debe ir a dejar a su hijo al jardín infantil, a donde no ha llegado la guerra; no un hombre entrando a la mitad de la vida, afortunado y privilegiado porque deberá pagar su hipoteca hasta que entre al final de la vida; nada de eso, sino un hombre de tamaño, que habla otra lengua, la de la política internacional, y que no tiene sueños porque cómo podría tenerlos alguien así, alguien pragmático y viril, sobre quién descansa el destino de la civilización… ¿o de la incivilización? Bueno, en definitiva, alguien sobre quien descansa el destino de la Historia… ¿o alguien que ejecuta el destino de la Historia? Bueno, en todo caso, alguien sobre quien se habla en los medios de comunicación y a quien se señala como la persona clave en los conflictos internacionales, el actor económico, político, diplomático, militárico, por autonomasia, a quien todos los que también son importantes llaman por teléfono, y sobre quien, después de su muerte, un periodista-historiador compilará un libro dedicado exclusivamente a sus llamadas telefónicas más importantes, esas que marcaron la Historia del mundo, que tal vez pudiera titularse “El teléfono del Presidente, la intimidad de nuestro siglo en sus horas más oscuras”, y que se vendería con relativo éxito mundial en las librerías de todas las latitudes educadas, pero con gran influencia en las identificaciones mentales de algunos lectores, especialmente varones en la segunda mitad de la vida, muy pocos que serán futuros personajes importantes del siglo XXII, la gran mayoría, hombres comunes -y si el feminismo avanza, también mujeres comunes- que tendrán fantasías grandilocuentes después de leer el libro, que han llegado a conocer por la recomendación de algún amigo que ya lo leyó fascinado o como regalo de sus hijos para el cumpleaños, tal y como yo he recibido el libro “ROMA SOY YO”, la biografía de Julio César que, tal vez, sea la ficción que más inspira mis fantasías más épicas, sólo rivalizada por aquel libro sobre Winston Churchill que me regaló un ex suegro hace más de una década, tal vez queriendo transmitirme algún mensaje encriptado para que me haga hombre y más decisivo acerca de mi compromiso con su hija, nunca lo sabré, pero en cualquier caso, un libro cuyo título resuena en mi mente, “Lecciones de liderazgo de Winston Churchill, las grandes enseñanzas del último león”, y con el que me he llegado a imaginar, de formas que me extrañan incluso a mí mismo, en la soledad del mando, viéndome con los ojos cerrados, a mí mismo sentado, en su oficina-búnker durante las horas más críticas de la guerra, porque yo no tengo oficina propia, a mí mismo acompañado del 4to vaso de su botella whiskey de 18 años, porque en mi casa no tengo Whiskey, y decidiendo qué hacer con mis tropas estancadas en Dunkerque .

Pero si me pongo más serio, menos etéreo en esta reflexión, ¿cómo lo haría yo si fuera un actor clave en el tablero mundial? ¿sería capaz, yo, por ejemplo, de leer el verdadero plan de alguien tan húmedo y serpenteante como Bibi Netanyahu? Me imagino que sí, para qué les voy a mentir, yo creo que sí, creo que ese no sería mi problema, porque si he de reconocer alguna debilidad en mi carácter, creo que no se trata de la inteligencia estratégica que, sin haber estudiado demasiado, ya manejo más o menos bien y que sin duda dominaría si me hubiera dedicado en serio al tablero mundial, sino que, si de verdad les desnudo mi alma, lo que debo confesar es algo mucho más mundanal, pedrestre, pues mi debilidad es, en efecto, la comida y la bebida. 

De eso me di cuenta hoy, mientras me imaginaba en una cena importante de la ONU, vestido de traje, y me comparé con mi comportamiento de ayer en el asado con mi familia, cuando mientras esperábamos la carne comíamos el picoteo, y yo iba ahí, traga que traga, como si no faltaran nada más 15 a 20 minutos para que esté lista la carne que, dicho sea de paso, le queda tan bien a mi padre, pero que no logra suavizar mi voracidad que me pone a devorar las aceitunas, los quesos, las galletitas, como si yo no tuviera fondo, bebiendo una cerveza, luego un vino, luego un aperitivo, y en ese orden, como si no hubiera más tiempo que el que me da el siguiente bocado, y luego el choripán, y luego otra aceituna más bajo una muela, y bajo la otra un cuadradito de queso maasdam, y tan pronto trago intento alejarme, estratégicamente, de la mesa y de la tabla del picoteo, para resistir menos de un minuto y volver al ataque, esta vez contra una galletita untada en queso crema y, de inmediato, un amplio sorbo a la copa de vino, mientras mi contraparte, Netanyahu, bombardea Teherán, Tabriz y la ciudad santa de Isfahán, y deja a todo el mundo, bueno no a todo el mundo porque muchos estarán haciendo otras cosas, pero sí que deja a mucha gente, sobre todo el tipo de gente que, como los historiadores-periodistas, escriben acerca de la escritura de la Historia, a todo ese mundillo pegado a la noticias del desarrollo de la futura III guerra mundial, y mientras nos tiene a todos mirando ese espectáculo de aviones de 5ta generación, aprendiendo las capacidades de esos súper computadores aéreos que acarrean bombas a 2000 kilómetros por hora, aprovecha de bombardear a sus enemigos en Gaza, aquellos niños mugrientos y desnutridos que “indebidamente” esperaban la comida de la ayuda humanitaria, si es que uno, como debe poder hacer alguien que está a la altura de la Historia, es capaz de pensar con la frialdad de la realpolitik…  espérenme, que escucho el canto de la lavadora de ropa…

…¿Dónde iba?… Ah sí, ¿qué pasaría si yo fuera un jugador clave del tablero mundial? Creo que el Mossad rápidamente se enteraría de mi debilidad y, todavía más rápido, la usaría en mi contra. En cada cóctel intentarían, con rotundo éxito, tentarme con variedades exquisitas de lo más finos y diversos quesos, canapés, me embriagarían, sin yo poder oponerme, con finos whiskeys que ya han cumplido la mayoría de edad, o mejor, con un flujo interminable de Frangélico y de amaretto, talón de Aquiles de mi paladar y sensible dato que posiblemente les habría soplado, sin siquiera saber que entregaban información clave a gente peligrosa, mi madre, mi hermano o mi esposa o cualquiera que me conozca, y una vez que me tuvieran atragantado hasta desear vomitar para poder comer y beber más, ya ablandado en mi razocinio por la dulzura del licor de avellanas, llegaría Benjamin Mileikowsky -apellido original de la familia Netanyahu- completamente sobrio a tomar ventaja de mi infiltrada voracidad y quedarse con el Golan para siempre, o con Cisjordania, o con Gaza, o con el Sinaí… para qué estamos con cosas, probablemente, si ya me reventé la tripa con la gran variedad de exquisiteces, logre su plan de extender al Estado ilegítimo desde el Nilo al Éufrates, tal y como añoran los fanáticos fundamentalistas del “Gran Israel”. Pero no me debo distraer más con tales exquisitos aromas, porque odio que a la ropa recién lavada le salga olor a humedad. 

Sergio Rojas Ebner

Psicólogo clínico, magíster en filosofía, cineclubista, escritor de ficción aficionado y miembro del Grupo clínico Signo.

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