El ciervo herido - Frida Khalo. Fragmento intervenido
Soñé con un poema
Tengo cosas por arreglar
El cierre de la mochila,
la cintura de la falda,
un agujero en la pared
y en mi interior
suturar la herida en la rodilla
cubrir la sangre con tierra y sal
de lágrimas atascadas
arreglar la parálisis que me persigue,
relajar mis hombros
o desaparecer en el abismo,
evaporarme con el calor,
sucumbir a la tristeza
y la bota despegada,
una mesa caótica,
comida echada a perder
¿podré encontrarme entre los residuos?
dos uñas rotas,
el vaso medio lleno,
papeles arrugados
amenaza de inundación.
Ven, pequeña,
no te ahogues en el mar contaminado
controla la asfixia que consume
regresa a tu centro.
*
Esa cosa con plumas
En lo alto de la pared blanca se lee «oficina inundada: se permite llorar». Dirijo mi cuerpo hacia la esquina compacta en un intento por encontrar mi salvavidas. A los 6 años lo tuve por primera vez, color rosa pantera con rayas blancas. Lo perdí cuando recibí mi primer diploma. Una mañana flotaba con él y al día siguiente ya no estaba. Regresó días después cuando se cayó mi primer diente. Desgastado y con una raya blanca raspada, envolvía mi torso para protegerme. Siguió conmigo por 7 años más, hasta que un día sangré y costaba respirar. Calambres, ronchas y berreos se adentraron en los huesos. Ya no era un salvavidas rosa, cuando desapareció de nuevo, volvió de un azul tornasol con franjas rojas. Si entrecerraba los ojos, casi parecía la caza de un tiburón hambriento cuando alguien invade su territorio. Invadir, el dolor lo hacía por mí y como un tiburón, se derramaba hasta agotarme. ¿Dónde está la esperanza en forma de pájaro de Emily Dickinson? ¿A dónde se fue el amanecer de la tarde como un nuevo comienzo? ¿Dónde estoy yo que no puedo verme?
Pudiera ser un arcoíris,
el cielo reflejado en la fuente,
un soplo de aire fresco.
Arrepentimiento que envuelve.
Pudiera ser un árbol frondoso,
mover mis hojas en el ocaso,
quemarme en primavera y
resurgir.
Pudiera ser una diosa con manos mágicas,
sanar a otros,
sanarme,
aun cuando lamo mi herir.
Pudiera ser lo que no fui.
Y a lo largo de estos años, mi salvavidas tiene visitas intermitentes en las que cada vez que regresa, su color es distinto. A veces es gris o totalmente negro como el abismo que me traga, otras, es del tono exacto del amanecer en las olas. A veces me deja respirar y a veces me asfixia. A veces me pierdo entre el sufrimiento y a veces encuentro la luz como una estela brillante.
*
Sin título
llego tarde
a los primeros lugares de la escuela
al dinero y privilegio
al talento
a la piel lisa y pálida
a la obediencia
a las curvas del cuerpo
al trabajo estable
y a la reciprocidad.
llego tarde y
me desbordo.
*
Ciudad
Un cuerpo compuesto por suspiros y parpadeos, con la luz interna fundida y el anochecer creciente en la cabeza. Caminar es toparse con rocas afiladas y plantas a punto de sucumbir a lo marchito. Tráfico mañanero, legañas y la urgencia de llegar a tiempo.
El tramado del estómago con sus curvas se asemeja a calles laberínticas. Y aquel susurro de hambre, a los pitidos de los coches con prisa.
(Des) composición: unir cada parte desde la uña doblada al talón desgastado.
El abismo consume ese mismo cuerpo, se traga sus quejidos para luego abonarlo a la tierra. En aquella negrura de desechos, ningún alma crecerá nuevamente. La musicalidad del caos se acompaña del desastre inminente de estrellarse con una valla eléctrica, o de caer en una alcantarilla con la tapa recién robada.
Apariciones de gestos decaídos y una vida llena de contaminación visual.
*
¿De qué color es la parálisis?
Ahí, hondo en el vacío del estómago,
¿será purpura o grisáceo?
En los recuerdos ahogados con tristeza,
¿negro o azul marino?
Extremos moribundos de una piel marchita
pinceladas de rojo sangre
y una mandíbula trabada.
Retazos de fotografías en un túnel
de malestares.
Avanzar al borde del pasado
sin reconocerse.
¿Mi nueva vida será verde o anaranjada?
Evitar mirarse al espejo cada tanto,
encierros bajo la capa de aprensión,
soy un animal acorralado.
*
Sobrevivir
Siempreviva: Limonium sinuatum. Planta herbácea perenne y originaria de la Región Mediterránea. Florece desde finales de invierno hasta verano. Pertenece a ese grupo de flores frescas que tienen mucha duración. Después de meses aún pueden conservar su forma.
Para tomar aire y llegar a la orilla, es necesario soltar las prendas empapadas y liberar las lágrimas que pesan más en el encierro. Hay un punto o una línea, que cuando se cruzan, no es posible retroceder. Es el suficiente o la versión de llenarse de rocas y hundirse. Es ese anochecer en el cerebro que decía Emily Dickinson. Mientras uno se desvanezca, las flores permanecerán.
Aquí hay un poema (escondido) o tal vez sólo creencias. ¿Está bien creer que el flujo golpeará las rocas y entre jadeos, las rodillas se tornarán menos verdosas?
Una resbaladilla de 2.5 metros se alza con su pintura desgastada, el recuerdo de raspones nuevos en las piernas flota junto con las agujas dispersas en el pecho. Partes que se fragmentan y que parecen atiborradas por cicatrices, sobresalen, sincronizadas con el dolor. Al subir esas escaleras, el miedo a hacerse más raspones es mayor. Ya no hay espacio para más.
La incomodidad mueve,
arrastra y sutura.
La culpa impuesta no es nada más que ese vacío que se extiende entre parpadeos. Los ornamentos de las siemprevivas caerán unos milímetros, la cantidad exacta para notar un cambio, pero no para desecharlas.
*
Sin título
Tengo lágrimas
atoradas en la frente
dolor en el centro del pecho
la urgencia de incendiarme
como un papel
volando,
a la deriva
¿qué hago con el
sentimiento de no
caber en el mundo?
Incómoda
con mis extremidades
con mi rostro
con mis granos
y manchas
con las marcas
de mi ser.
Soñé con un poema.