Una flor entre las hojas de una agenda – Carcaj.cl
Una flor entre las hojas de una agenda

Nagakubo - Treinta y tres estaciones de la calle Tokaido

24 de noviembre 2025

Una flor entre las hojas de una agenda

Sobre Sueño de la libélula, de Natsume Soseki. Satori Ediciones, 2013.

§

La impresión de un lector al acercarse por primera vez a un haiku es la de asumirlo como algo fácil de concebir. Solo tiene diecisiete sílabas en su adaptación al español y esa brevedad lo condiciona a pensarse como algo simple. Es justamente esa condensación, que engaña y fascina a su vez, lo que hace perdurable a una de las composiciones estróficas más breves con las que un lector o amante de la poesía pueda toparse.

Otra de las pisadas en falso que se ha tenido con el haiku es la de asimilar, a lo largo de los años, una carga filosófica que, en muchos de los cultores clásicos queda relegada a planos menores o a entreverse de soslayo, una carga filosófica que resulta casi nula. No hay urdimbre filosófica a propósito en el haiku, solo observación, apreciación en su grado más humano. Es un vicio harto común catalogar al haiku como una poesía filosófica cuando la poética del mismo, más bien, se basa en la emoción y el asombro (aware) que produce la contemplación de la realidad más inmediata y de la naturaleza.

Al escritor y cultor del haiku, Natsume Soseki —quien supo acoplar la herencia clásica de la cultura nipona con la apertura a Occidente y la modernidad que trajo consigo la Era Meiji—, poco le interesó permear sus versos con pensamientos o ideas profundas que evocaran dejos filosóficos; nada más lejos de eso. Lo que prima en sus haikus, de siempre, es su capacidad de capturar lo contemplado y convertirlo en algo perdurable. Lo sencillo, lo cotidiano, volverlo perdurable.

Tal vez hablar del haiku y atreverse a cultivarlo hoy día, en pleno siglo XXI, sea un acto de rebeldía ante la rapidez con que se vive, a lo convulso de las nuevas tecnologías; como una de las más sensibles insurrecciones que puede llevar a cabo uno mismo: dedicarse a ver lo cotidiano, lo común de todos los días, con los ojos del asombro, de la fascinación. Por igual, también debemos tener en cuenta que, la lectura que nos llega de los maestros japoneses del haiku, es una traducción, una interpretación de sus versos y, aun así, algunos consiguen hacernos llegar sus emociones, como el caso de Natsume Soseki.

Natsume Soseki nació en Tokio en 1867, descendiente de un linaje de samuráis. A los quince años perdió a su madre y esa ausencia, sumada a la de dos hermanos que posteriormente fallecieron, condicionó su predisposición a la soledad. Siempre fue un tanto melancólico. Como muchos otros haijines, Natsume Soseki eligió un seudónimo para darse a conocer como poeta. Su verdadero nombre fue Natsume Kinnosuke y está considerado uno de los escritores más relevantes de la Era Meiji, uno de los más cruciales para entender este período histórico, no solo con sus haikus, sino también con su narrativa, con sus novelas Soy un gato (1905); Botchan (1906); y Kokoro (1914), entre las más relevantes de su carrera. Tuvo una infancia dura, sufrió en carne propia no pocas carencias materiales y de salud. En cambio, la poesía que aparece en Sueño de la libélula, antología traducida y publicada por Satori Ediciones, irradia una luz agradable.

Fue muy buen amigo del reconocido poeta y crítico Masaoka Shiki, se conocieron en sus etapas universitarias. Fue precisamente su amigo, quien lo conminó a cultivar el haiku de la manera más innovadora posible: a lo largo de su progreso como haijin, Natsume Soseki pasó de poemas algo abigarrados a otros más humanistas. Es de recalcar, además, que fue ese amigo y crítico, Masaoka Shiki, quien acotó que entre los haikus de Matsuo Basho, los realmente bellos son una minúscula minoría, sepultada por una mayoría de versos malos o poco interesantes que los superan en diez a uno.

A pesar de que destacó también en el género narrativo, Soseki nunca dejó de lado la poesía. Cultivó el haiku prácticamente toda su vida, incluso lo cultivaba antes de concebir su discurso a través de la narrativa. En la introducción que acompaña la antología de Satori Ediciones, se puede leer un conciso bosquejo biográfico sobre su vida y obra donde nos dice que se diferencia de sus antecesores, por momentos, en algunas dosis de humor en sus haikus, así como de cierto tono surrealista que pueda insuflarle a su poesía. Incorpora para sí el concepto de fuuryuu, tomándolo del tanka — otro género poético del Japón—, abriendo su diapasón a un espectro más humano, más pleno. Es muy suyo eso de identificarse con los caminos del cielo, renunciando al yo propio; prepondera, en su poesía, la inmersión en la naturaleza, buscar siempre escapar, evadirse.

Satori Ediciones es una editorial dedicada por entero a Japón. Su propósito es dar a conocer la cultura y la literatura niponas a los lectores hispanos a través de obras publicadas por autores de reconocido prestigio, tanto occidentales como japoneses. Buscan llenar los vacíos que existen en lengua española respecto a la cultura de la Tierra del Sol Naciente.

Entre su excelente catálogo cuentan con una colección que titulan Maestros del Haiku donde no solo han publicado la poesía de Yosa Buson, Kobayashi Issa, o Matsuo Basho, sino también la del ya mencionado Masaoka Shiki y la de Ryunosuke Akutagawa, otra faceta suya más allá de la conocida por Rashomon, En el bosque, o Kappa. La colección cuenta con los haikus traducidos por Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala (Sevilla, 1937), uno de los más reputados traductores de la literatura japonesa al español.

La antología bilingüe que reúne la poesía de Soseki, cuyo título es Sueño de la libélula, contiene setenta haikus inéditos y lo acompañan, además de las aclaraciones respecto a su traducción, unos comentarios a cargo del traductor. El hecho de tratarse de traducciones nos impide adentrarnos de lleno en la concepción poética de Soseki, mas nos arroja luces sobre sus inquietudes, sobre su visión del mundo acoplada a tan solo diecisiete moras en japonés, y sílabas en español, que es lo más cercano que existe en nuestro idioma para intentar emular al género poético más internacional que tiene la literatura del Japón debido a que, en los últimos años, ha ganado más seguidores tanto en Europa como en América.

José Kozer, poeta cubano que ha desarrollado toda su carrera en Estados Unidos desde que emigró a los veinte años y que, además, ha tenido la amabilidad también de traducir al español la novela La puerta, de Natsume Soseki, dijo en una entrevista que le realizara Óscar Jairo González Hernández, que «la poesía es resistencia». La poesía de Natsume Soseki y el haiku en general vienen un tanto a ser esa resistencia contra el paso del tiempo, una rebeldía contra la vida misma capaz de redirigir las atenciones cotidianas del día a día hacia otros temas: un ave que vuela, un libro dejado a medias en otoño, una sombra estirada por el viento, unos patos que atraviesan el cordaje de un barco, un paño frío que recién pisa el poeta, un cielo convertido en un vergel de magnolias, una ventana dispuesta a abrirse con vistas al firmamento, una flor entre las hojas de una agenda, o también, como así lo fue, una oda a la amistad, un canto elevado a la más estrecha y sublime interacción entre los hombres: la amistad.

A su amigo de siempre, Masaoka Shiki, imposibilitado de salir en las noches a ver la luna a causa de la tuberculosis que se lo impedía, Natsume Soseki le escribió no pocas cartas donde solía contarle cómo se veía la luna y, por supuesto, acompañaba de haikus sus misivas. Uno de ellos, acaso uno de los más conmovedores que pueda leerse en la antología de Satori Ediciones, es:

La luna, al este;
y tú entretanto,
¿acaso duermes, amigo?

Emmanuel Montes Álvarez

1996, La Habana. Licenciado en Español-Literatura por la UCPEJV. Autor de la novela Los días que pienso en ti (Avant, Madrid, 2023). Ha publicado escritos en plataformas de España, México, Venezuela, Uruguay, Chile, y en antologías publicadas tanto en Cuba como en USA. Ha colaborado con revistas como Hypermedia Magazine, Casapaís, Carcaj. Finalista del Concurso de Creación Literaria «Pallars Sobirà», Pirineos, en España. Ganador de la primera beca de escritura creativa auspiciada por el programa Transcultura de la Unesco y Aurelia Ediciones Un libro es un show. Lleva su blog los hijos bastardos de la melancolía.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *