Viajar hacia adentro: CD Espirituada de Enrique Paredes Bassi – Carcaj.cl
Viajar hacia adentro: CD Espirituada de Enrique Paredes Bassi

Foto: @nicolasslachevsky

13 de enero 2026

Viajar hacia adentro: CD Espirituada de Enrique Paredes Bassi

Sobre CD Espirituada, de Enrique Paredes Bassi. Editorial Aparte, 2024.

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CD Espirituada, de Enrique Paredes Bassi, publicado por Editorial Aparte en 2024, invita a sumergirnos en la experiencia del viaje. No se trata, sin embargo, de un trayecto común, definido por la distancia o el desplazamiento, sino de un periplo interior que busca reconocer los elementos ocultos del paisaje. Es ahí donde lo simbólico emerge: la maleza o la ceniza de un incendio forestal, como signos que dialogan con lo constante y lo eImero. Aunque el hablante transite por estos escenarios, es en su interior donde proyecta el senJdo de tales hallazgos.

En este libro, Paredes Bassi despliega la agudeza de su mirada con la intención de revelarnos un modo disJnto de afrontar lo real, dibujado en nubosidad, lluvias estacionales u objetos abandonados.

A veces, este viaje —como lo sugiere Whitman (“No hay más ruta que el camino que se inventa uno mismo”)— se reduce a enumerar fenómenos climatológicos, sin necesidad de imprimir movimiento a las palabras.

“te gusta contar: las conchas dejadas
a su suerte por la cornamenta
guardar los pedazos que quedan
de loza rota y ponerles polvo de oro.
a eso se acostumbró el viento,


a acabar tanta dosis de aventura
y nunca cansarse de elegir una serie
como si se estuviera buscando algo
que ver a temperatura ambiente”.
(p. 18)

Así, CD Espirituada irradia en sus páginas una actitud inquieta, el afán de querer contenerlo todo en esta especie de cartografía. Incluso la intimidad oculta en los trajes de baño, en estas páginas evoca la idea del verano, lo mismo que el bloqueador solar o las fogatas nocturnas. Todo parece entramarse con el sol, aunque también con esa luna alienígena que ilumina las viejas voladas de siempre.

Las formas de los poemas se ajustan a las variaciones que enriquecen el relato: ferias navideñas, antiguas cárceles de mujeres o ruinas del tendido eléctrico que contribuyen a ensanchar la mirada. Digamos que el foco no está en lo imponente, sino en esas otras capas que habitan la realidad y que el autor explora.

El libro también propone un desplazamiento entre los hitos que resisten en la memoria juvenil. De esta forma los salones de antiguos institutos de educación, impregnados con

el residuo de las olas o la inminencia de la pandemia, cargan de ambigüedad la experiencia poética. Esa tensión imprime una riqueza particular a la propuesta: el hablante se descubre inmerso en la ciudad, aunque de bruces es devuelto al campo por el ácido de los tomates pudriéndose en pallets, camino a la periferia.

“esperando el bus de vuelta. / compar/ la preocupación / del paisajista de interiores / por un ciclo de color en las estaciones” (p. 66), escribe el autor, asociando la espera a la posibilidad de camuflarse entre quienes comparten el cuadro. Gente quizá fortuita, que interviene con matices el devenir de una escritura forjada en los lugares impensados. La riqueza de este trabajo reside también en ese oportunismo, en la ambición de escribirlo todo o, si se quiere, de dar espacio a lo que parece carecer de una escritura. Tal impulso no hace sino robustecer la figura del escritor: un poeta que, con el catalejo en la mano, aguarda los momentos en que la vida se manifiesta.

Las relaciones personales se convierten asimismo en elementos de este paisaje transversal, compuesto por un incesante ir y venir entre lo rural y lo urbano, lo interior y lo exterior, lo nombrado y lo innombrable, aquello que —hasta este libro— no tenía voz.

“cortezas detenían el derrumbe
de la escuela tres. no alcanzaban
a ser vigas y el baño lo clausuramos
unánimemente. en ese estado
de completo abandono las salas
cobraban ideas del más allá:
cinco actividades paranormales
fueron famosas en esos pasillos”
(p. 111)

La voz que emerge en estos versos es también la de un niño. Tal vez ahí radique uno de los mayores aciertos: su capacidad para preservar el tono de la infancia, esa inocencia apenas degradada por el asombro. Por eso CD Espirituada logra hacer converger tantos registros; pues las cosas se alzan sin adornos y habitan, con simpleza y fluidez, una voz que se sostiene tan solo en la bondad de la experiencia. Una voz que no busca impostar otras vidas, sino dar forma —desde una mirada desnuda— a lo que permanece.

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