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CARCAJADA: VOLVER A RAYAR LA CANCHA

Ilustración: "Devenir", de Carepan. Xilografía

22 de junio 2026

CARCAJADA: VOLVER A RAYAR LA CANCHA

por Carcaj

Que la cancha ya está rayada, nos dicen. Que de nada sirve irse a llorar al fondo de una galería cada vez más perdida detrás de nuestras pantallas. Que es mejor tomar una breve pausa de hidratación (para no perdernos el quirúrgico bombardeo de comerciales) y luego volvemos: el espectáculo debe continuar.

¿Pero qué espectáculo es ese que tanto se parece al fútbol y que, al mismo tiempo, se ha vuelto tan extraño? ¿Es lo mismo que jugamos en el liceo, en el barrio, en el club? ¿Quiénes son hoy todos esos agentes alrededor de la cancha, esos gobiernos, lobbies y corporaciones que se afanan tanto por robarse el partido? ¿Y qué posición ocupa ahí la FIFA? ¿En qué mundo quiere hacer rodar la pelota, que pareciera no escuchar el ruido de las bombas, las masacres, los gritos que revientan en las fronteras? ¿Es este mismo mundo en el que mojamos las camisetas y contamos las monedas en los descuentos, para organizar un torneo o ayudar a algún cabrx del club? ¿Qué mundo es ese, donde el matón más desquiciado del equipo se lleva un “premio FIFA de la paz”? ¿Sigue realmente el Mundial teniendo lugar en un mundo?

La pregunta, como siempre, es si acaso se puede dar vuelta el partido. Porque antes que renunciar al fútbol,  de lo que se trata es de disputar su sentido: adentro y afuera de la cancha. Parar la pelota, bajarla al suelo y mirar entre líneas: ¿Es todavía posible inventar nuevas formas de jugar? ¿La pelota no se mancha (como decía Maradona), o está siempre ya manchada? Más que intentar recuperar una pureza perdida, la tarea es preguntarnos cómo emparejar y volver a rayar la cancha. 

Y para eso, podemos partir por rayarla precisamente aquí, donde aprendimos a jugar o amar el deporte más popular. No ya en esas fiestas tristes, las misas cada vez más irrespirables que se celebran sobre pedestales de oro y sangre, sino en esos espacios donde, desafiando las lógicas del mercado y el espectáculo, es posible seguir jugando aun si no hay cancha, ni arco, ni pelota incluso. Ahí donde solo el juego es rey, y el resto, una comunidad que se inventa alrededor de una pregunta: ¿qué significa “hacer equipo”? Es decir, nunca sólo once jugadores detrás de una pelota, sino memorias, vínculos y organización; juego, conflicto y relaciones de fuerza; fiesta, arte y resistencia.

Los doce textos que componen este especial se mueven en torno a esas preguntas. No para atajarlas, sino para habilitarlas desde distintos registros, territorios y escrituras, y para volver a pensar el fútbol como un espacio donde también se juegan la historia social, la memoria, la política y las formas de hacer mundo en común.

Carcaj

Revista de arte, literatura y política.

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