Foto: @pauloslachevsky
El futuro ya llegó. Nuestra alternativa: Revuelta y sumud.
Un comentario al libro Parusía, intifada global y guerra cibernética, de Rodrigo Karmy Bolton. Santiago: Voces Opuestas, 2026.
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CAIZZOMA
Hace un par de días apareció en el centro de Santiago otra obra del artista mural Claudio Caiozzama. En esta obra aparece Donald Trump en el centro, vestido con un abrigo negro, uniforme militar y gorra. Su parada es desafiante: rígida. Al mismo tiempo que sus manos están escondidas en sus bolsillos. Caiozzama nos muestra a un Trump poderoso, con autoridad, que está por encima de todo. Trump aparece en aquel mural de forma monumental. Detrás de él, hay una serie de imágenes, en tono rojo, negro y blanco, cargadas de símbolos bélicos, políticos y religiosos: un ojo que todo lo ve, adicciones dopamínicas, policías en actitudes belicosas, humanos esclavizados a la realidad virtual, misiles, cruces, y una estrella de david… aparece también Netanyahu, cercano a una muerte reina, la que controla con risa una serie de aparatos de control y vigilancia. Todo esto constituye un halo, que busca resaltar a un personaje principal.
Caiozzama acostumbra a poner ángeles en sus obras, acá también lo hace. A este mesías contemporáneo lo acompañan un par de querubines, pero también niños, descalzados, desnutridos, en la más absoluta pobreza. Un número aparece al costado de la intervención en papel. Es el 626. Buceando en internet me entero que es un número angelical. El 626, es un cifra que representa el equilibrio, la gracia, la adaptabilidad, la cooperación, la diplomacia y el servicio a los demás. ¡Qué ironía!
Caiozzama titula la obra con la siguiente leyenda: “La alegría ya viene” (…) ya viene…
PORVENIR
¿Qué viene? ¿Qué está por venir? Rodrigo Karmy ha reflexionado sobre el porvenir en diversas ocasiones. Si revisamos rápidamente su obra, podemos advertir que esta cuestión atraviesa algunos de sus principales escritos.
En Intifada, Karmy piensa el porvenir desde la experiencia de la revuelta. La intifada irrumpe como un “ahora o nunca”, como una interrupción del tiempo ordinario que transforma también el espacio de la ciudad: “los cuerpos que se encuentran y se juntan, hace de la ciudad un territorio propio, un espacio común”. En intifada, se anuncia la revuelta, pero también la imaginación y el futuro que ella misma abre.
En “El porvenir se hereda: Fragmentos de un Chile sublevado” Karmy comunica que la revuelta chilena trae en el porvenir una revolución de final abierto: una revolución no moderna, una revolución menor, con pretensión constituyente y exenta de vanguardias. Para Karmy en el porvenir se vislumbra un nuevo régimen, no sometido a los paradigmas aristocratizantes de la representación parlamentaria actual.
En “Nuestra confianza en nosotros La Unidad Popular y la herencia de lo por venir”, Karmy indica que el legado, el único legado de la UP es el porvenir, el que puede ser comprendido como una apertura radical, ligada a la resistencia, a la lucha, a la dignidad. El porvenir en ese Karmy está relacionado con la autonomía y con la libertad, con el quehacer ético de quien construye una sociedad mejor, en los términos del propio Salvador Allende.
En “Stasiología. Guerra civil, formas de vida, capitalismo” Karmy examina los límites de la democracia liberal y del Estado nación como forma política imperante de raigambre moderna. En ese texto, el autor nos presenta una serie de tesis sobre la devastación mundial, mediante la aplicación del método iraquí, una técnica del gobierno imperial que se funda en la catástrofe. Allí Karmy ya nos comentaba que lo que venía era la aceleración del capital que se desplegaba en tres formas yuxtapuestas: 1) Globalización económica 2) Globalización securitaria y 3) Globalización biomédica, procesos que inevitablemente conducirían a la stasis.
Hoy, en parusía, ¿qué indica KARMY que está por venir?
PARUSÍA
La parusía es un término griego que significa presencia, llegada, pero también venida. En el marco bíblico y cristiano, se refiere a un hito glorioso: la segunda venida de Jesucristo. Este acontecimiento, como ha señalado la escatología, representaría el fin de la historia, pues, en la teología cristiana, la parusía constituye el punto culminante de la historia humana: el momento en que la humanidad es juzgada y se establece, de forma permanente y definitiva, el reino de Dios.
Según Benedicto XVI, es el apóstol Pablo quien comienza a acuñar el término en las cartas a los tesalonicenses. Para Pablo, la segunda venida constituye un hito cargado de acentos muy vivos e imágenes simbólicas que transmiten un mensaje claro: “el reino de este mundo ha llegado a su fin”. ¡Cristo triunfó!. Sin embargo, esta dimensión triunfal está precedida por acontecimientos ominosos: guerras, engaños y apostasía la anteceden, elementos que anuncian, literalmente, la llegada del Anticristo…
Así, la palabra parusía está ligada a la idea de advenimiento. El término resulta especialmente sugerente porque reúne tres sentidos que, a la luz del libro Parusía, pueden leerse de manera complementaria. El advenimiento es, en primer lugar, un suceso relevante, un acontecimiento. Es también la aparición o llegada de una situación o de alguien. Y, finalmente, refiere al arribo de un nuevo pontífice o de un nuevo soberano al trono. Tres sentidos que nos devuelven, de distintas maneras, a la pregunta que ha recorrido este texto: ¿qué viene? ¿que ha de venir?
En Parusía, Karmy parece desplegar estas tres dimensiones. ¿Qué o quiénes llegan? ¿Quién asume como soberano? ¿Es aquello que llega un acontecimiento capaz de alterar el orden existente? La pregunta por el porvenir adquiere aquí un nuevo espesor, básicamente porque aquello que viene no coincide con aquello que esperamos. Aclaro: El advenimiento no garantiza la llegada de un mundo mejor; puede significar también la irrupción de nuevas formas de dominación, de guerra y de control totalitario de la vida.
En este punto, la reflexión de Franco Bifo Berardi en La segunda venida puede leerse en un registro próximo. Aquello que llega, sostiene Bifo, ¡no es el comunismo, sino la reacción!: la guerra civil global, el día después del apocalipsis. En sus palabras: “Hoy resurgen los movimientos violentos nacionalistas, se fortalece una derecha extrema alternativa, se ha normalizado el exterminio: humano, pero también de la flora y la fauna frente a una catástrofe climática provocada por el modo de producción vigente”.
La proximidad con Karmy aparece precisamente allí. También en su reflexión aquello que viene parece adoptar formas inquietantes: “la guerra del paisaje”, “la mutación feudal”, “el posfascismo”. El porvenir deja entonces de ser un horizonte que podamos identificar de antemano con la emancipación y pasa a estar vinculado con la NAKBA que es presente y a la vez futuro, si seguimos dóciles, sumisos y disciplinados.
Ya decía, Karmy, indica que la segunda venida es un modo de ensamblar máquinas neo fascistas, máquinas que buscan aniquilar el paisaje. Me voy a pronunciar sobre dos asuntos en ese marco, la situación de la Universidad y las humanidades y luego la cuestión de la cibernética.
UNIVERSIDAD Y HUMANIDADES
Juan Gómez Millas veía en la Universidad una comunidad cuya misión era poner la verdad, la belleza y la esperanza en la existencia colectiva de la nación. Creía Gómez Millas que la Universidad estaba al servicio de la humanidad, pues allí se cultivaban valores universales irrenunciables. En el mismo sentido, Antonio Pedrals aborda el “clima mágico” de la institución universitaria. Para él, de algún modo, en la Universidad continúan viviendo la Academia platónica, el Liceo aristotélico y el Jardín de Epicuro: persistiría allí una forma de vida intelectual fundada en la búsqueda compartida del conocimiento. Aun frente a la conmoción de los tiempos actuales, las universidades intentarían conservar ese impulso, expresado en la utópica, pero nunca abandonada, tarea de “arrojar flechas a un blanco que está en el infinito”. Hay, sin embargo, algo ilusorio en esta confianza de Pedrals: supone que la Universidad todavía puede sustraerse, aunque sea parcialmente, a las fuerzas históricas que la atraviesan y preservar una vocación intelectual heredada de la Antigüedad.
Karmy destroza esta tesis al indicar que la Universidad ha estallado y que sus restos vuelan por los aires; quienes participamos de ese espacio caminamos entre sus ruinas. Estamos viviendo, en tiempo real, un escolasticidio. Escolasticidio es un término acuñado por la profesora Karma Nabulsi para dar cuenta de la sistemática y deliberada destrucción del sistema educativo palestino a cargo del ejército sionista, ejército que transmite en redes sociales su maniobra despiadada, sádica y metódica. Sin embargo, este escolasticidio en Gaza es una parte de la destrucción general de la Universidad a nivel planetario.
En Chile, la Ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Ximena Lincolao, se hace parte de esta operación global de destrucción de las instituciones educativas y de la vida intelectual que a duras penas permanece allí. Lincolao es obtusa y parece avanzar de forma intransigente con su mandato: aniquilar la Universidad y, sobre todo, las humanidades.
Ahora bien, el advenimiento de Lincolao ha sido preparado desde hace un tiempo. Sebastián Edwards, por ejemplo, viene criticando desde hace varios años el valor y la utilidad de las humanidades en tiempos de universidad managerial. Para Edwards, las humanidades “no tienen futuro” porque no tienen proyección económica, empleabilidad o capacidad de contribuir al crecimiento. El mismo juego realiza Pablo Ortúzar, quien alerta sobre los “sesgos ideológicos” de las humanidades. Para Ortúzar, en la universidad chilena no hay diversidad política, puesto que en la mayoría de las facultades de ciencias sociales y humanidades habita una “academia altamente militante”. Por esta razón, a esos espacios habría que ponerles ojo, ojo censor.
En este marco es que se puede observar con claridad el quehacer de Lincolao: Las nuevas bases de postulación a los Fondecyt de Postdoctorado, que sacan a las humanidades como área prioritaria; los avisos de restricciones a los investigadores extranjeros; el llamado público de atención sobre algunos proyectos de investigación que no son del gusto de la Ministra; y la invitación a reconvertir las pedagogías hacia el servicio al cliente o derechamente, a un apéndice de subordinación a la Inteligencia artificial, nos muestran con claridad la criolla agenda de escolasticidio. El plan es claro, erradicar las humanidades, destruir la universidad.
En la era de la universidad gerencial, gobernada bajo los criterios empresariales de mercantilización, de eficiencia, de productividad y rendimiento no hay espacio para los procesos reflexivos propios de las teorías críticas, sólo hay espacio para la información, una nueva forma de contribución a la cadena infinita de acumulación que Karmy bien identifica…
Todo esto, sin siquiera mencionar lo francamente mortuorio que es la dinámica universitaria al margen de esta destrucción. Ustedes bien sabrán, elegir la Universidad es someterse a una vida precarizada, llena de pequeñas y grandes humillaciones…
CIBERNÉTICA
Ahora sobre la cibernética. En primer término sobre sus profetas ¿podría decirlo yo mejor que TIQQUN?, “Los nuevos conquistadores, a los que llamaremos aquí los cibernéticos, no forman un partido organizado —lo que habría facilitado nuestra tarea— sino una constelación difusa de agentes, agitados, poseídos, cegados por la misma fábula. Son los asesinos del tiempo, los cruzados de lo Mismo, los amantes de la fatalidad. Son los sectarios del orden, los entusiastas de la razón, el pueblo de los intermediarios… son los creadores de las peores pesadillas, que manipulan las fábulas con el supuesto propósito de perfeccionar nuestra educación moral”.
En Parusía, Karmy es claro: la cibernética no constituye una simple tecnología, sino una nueva forma de gobierno, un modo de organizar y conducir las conductas que se despliega mediante drones, cámaras, satélites, redes y dispositivos de vigilancia que se extienden por aire, tierra y mar. Lo interesante de la cibernética, no radica únicamente en aquello que señaló Bauman hace más de veinte años: su condición de aliada del proceso de globalización y su capacidad para profundizar, en el propio espacio cibernético, el control panóptico anunciado por Foucault, mediante la conexión permanente de nuestros cuerpos a redes, bases de datos y autopistas informáticas. Estas producen a su vez nuevas formas de sujeción, en las que quedamos progresivamente inscritos, identificados y rastreados dentro de circuitos informáticos que parecen clausurar cualquier posibilidad de líneas de resistencia o de sustracción, en los términos del propio Bauman.
Tampoco basta, como ha advertido el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, con comprender la dinámica cibernética como una exposición voluntaria a los dispositivos de control, mediante una participación activa de sujetos que desean producir información sobre sí mismos, haciendo visibles sus preferencias, desplazamientos, incluso ¡relaciones! No. La cibernética es más que la transformación epocal que se produce por la exposición pornográfica de nosotros mismos.
Para KARMY, ésta, en su dimensión securitaria, es un dispositivo acoplado a los procesos aniquilitarios del sionismo, pero no sólo de ellos, puesto que la guerra del paisaje es una situación a nivel planeta… como sea, la consolidación de la cibernética es una etapa del mundo donde se impone victoriosamente la fuerza, sobre todo lo que existe, también sobre el derecho internacional, pues la fuerza lo vence. Este punto en KARMY me parece especialmente relevante, por cierto, provocador.
FICCIONES
Ya lo decíamos: aquello que llega es la imposición, a escala planetaria, de una fuerza desnuda. Legal o ilegal, legítima o ilegítima: pareciera ser indiferente. El mundo hoy está gobernado por la fuerza. Esta afirmación es relevante porque, si es la fuerza aquello que controla la vida en el planeta, ¿qué espacio queda para las ficciones liberales? Y, con mayor profundidad, ¿qué espacio queda para el derecho? Bien sabrán ustedes que el derecho, en tanto orden normativo, funciona y existe sobre la base de ficciones.
¡Ficciones! La ficción del conocimiento de la ley; la ficción de la representación; la ficción de la deliberación. Ficciones como la libertad, la igualdad ante la ley, la dignidad. Ficciones modernas, ilustradas por doquier. Y también, por supuesto, la ficción de un orden internacional.
El orden internacional de paz surgido después de 1945 se funda en una serie de principios reiterados una y otra vez en el campo jurídico: la igualdad soberana de los Estados, la prohibición de la amenaza o el uso de la fuerza, la solución pacífica de las controversias, la libre determinación de los pueblos, el principio de no intervención, la buena fe y la cooperación internacional…estos principios, frente al espejo de nuestra época en la que se ha constituido Gaza, ¿qué lugar ocupan en el concierto internacional? ¿qué peso tienen? ¿Cuál es su utilidad?
Típicamente se afirma que el derecho internacional no desaparece porque haya guerra y que, en ningún contexto, se extinguen las obligaciones jurídicas. Dirían los profesores de Derecho Internacional: las reglas humanitarias, como el principio de distinción, que obliga a diferenciar a la población civil de los combatientes, así como los bienes civiles de los objetivos militares; el principio de proporcionalidad, que prohíbe realizar ataques cuando estos puedan causar daños excesivos a civiles en comparación con la ventaja militar concreta y directa que se busca obtener; y el principio de precaución, que exige tomar todas las medidas factibles para evitar o, al menos, minimizar los daños a la población y a los bienes civiles durante las operaciones, siguen teniendo valor, por más que los Estados incumplan sus obligaciones.
Cuando se les ha objetado que el derecho internacional y su orden de paz parecen no servir, los juristas han respondido que debe distinguirse entre la validez jurídica de las normas y su eficacia. Pero frente a Gaza, frente a este infierno a cielo abierto que se ha confeccionado allí, estos principios y estas distinciones parecen convertirse en chatarra. La máquina sionista con su brazo cibernético, no requiere del derecho, porque no está sometida la idea moderna de soberanía. Se sitúa por fuera, por sobre, inclusive contra ella.
Esta es una cuestión trascendental que debemos tener a la vista. Quienes abogamos por un derecho que pueda ser usado, por un derecho que pueda constituirse en una herramienta efectiva de transformación, encontramos aquí una objeción relevante. Chocamos de frentón contra una realidad cruenta e indesmentible. Nuestra razón parece quedar sostenida en el aire, nuestro quehacer termina convertido en una aspiración intelectual profundamente ilusa…
SUMUD
Dejo esta inquietud incómoda en suspenso, para celebrar el nuevo libro de Rodrigo, el trabajo político, intelectual y sobre todo, militante que realiza. Destaco, además, que parta su libro abogando por la insurrección del alma, por la desobediencia masiva, por la intifada, por la revuelta, que parece ser la única posibilidad cierta y real de interrumpir todo este fracaso.
Valoro la invitación que nos extiende la lectura, que entiendo como una nueva oportunidad de cultivar juntos otros paisajes, labrando otros jardines, que nos permitan al menos por unos momentos sembrar mundos articulando un nuevo sumud, con firmeza, con perseverancia, con resistencia constante.