Más que un equipo, o de Palestino como resistencia – Carcaj.cl
Más que un equipo, o de Palestino como resistencia

Foto: Victoria Valdivia T. / @vivatri

22 de junio 2026

Más que un equipo, o de Palestino como resistencia

Voy a partir con algunos nombres. Juan Ramón Garrido, Ariel Bravo, Marcelo Corrales, el chico Lugo, Walter Pajón, Julio Suazo, Nelson Soto, Edgardo Garcés, Fabián Guevara, los hermanos Castañeda, Juan Toro. Podría seguir, de hecho alguna vez en La Cisterna bromeabamos recordando a los jugadores de Palestino de los años 90 y a las risas se sumó Claudio de Los Miserables, que siempre iba a alentar al equipo y a tocar con la banda a los eventos por Palestina. Nombro a esos jugadores porque de alguna manera nombrar es revivir y ellos fueron, en mi infancia, héroes fantásticos que conocíamos yo y mi padre, que me llevaba al estadio, y poca gente más. Héroes de verdad porque no siempre ganaban, de hecho ganaban poco. En los 90s, la época en que mi fervor por Palestino sólo fue creciendo, todo se trataba, año tras año, de salvarse del descenso. 

Obviamente, estos nombres de mis héroes a veces se veían cuestionados por los más viejos que recordaban las glorias pasadas. La generación anterior había visto salir campeón a Palestino en 1978 y recordaba como evento de la infancia temprana el campeonato de 1955. En el 78 los nombres eran más portentosos. Elías Figueroa, Sergio Keko Messen, Oscar Popeye Fabbiani. Resonaban para mí como ecos de un pasado que difícilmente se repetiría. Para eso se necesitaba inversión, repetían los adultos. «Traer algún jugador bueno». Como en 1955 cuando Palestino contrató a Roberto muñeco Coll, gran inversión que hizo que al equipo le llamaran «los millonarios». Ese año Palestino selló su primera copa del campeonato nacional, después de dos años de haber subido a la primera división del fútbol chileno. Para mi generación, el mayor logro ha sido la copa Chile de 2018, con el mago Jiménez a la cabeza, pero a eso habría que sumar que el equipo se ha mantenido prácticamente una década clasificando a torneos internacionales, con buenos y malos resultados. Lo importante, para muchos de los hinchas, es estar, porque eso significa pasear por Sudamérica la bandera de Palestina. 

Y es que ahí viene la gran cuestión. El lema de Palestino es «más que un equipo todo un pueblo», una suerte de declaración precisa (no conozco a su creador) de lo que ha sido durante toda mi vida ser hincha. En mi infancia, ir al Estadio Municipal de La Cisterna significaba ver ondear la bandera palestina. Por algunas revistas que se publicaban en la época, como As-Salam, yo me iba formando a la par como hincha y palestino. Sabía que esa bandera que flameaba en Chile estaba prohibida en la tierra de mis ancestros. Ver los colores en la cancha, vistiendo a nuestros jugadores, me producía una sensación de lucha y orgullo. Porque esos eran años duros. En 1987 se había iniciado la primera Intifada, la gran revuelta de los Territorios Ocupados contra la ocupación sionista y en las noticias sólo se hablaba de muertos palestinos. Ahora, con el genocidio en Gaza y la limpieza étnica en Cisjordania, que Palestino lleve la bandera por el continente es un asunto fundamental. Ojalá pase a la segunda fase, ojalá salga campeón, por supuesto. Pero si no, da igual. Los relatores de las grandes cadenas tienen que morderse la lengua y mencionar a cada momento la palabra Palestino y hacer malabares para que en la transmisión no aparezcan, en el minuto once de cada partido, las luces de teléfonos marcando un minuto de silencio por nuestros muertos y luego bajar el volumen para que no se escuche «Gaza resiste, Palestina existe». Cada vez, en cada juego, no importa el rival. Ahí está el grito de la hinchada que sabe que en la cancha no se trata sólo de ganar un partido. Y ahí están los medios también, intentando acallar la mancha política en el espectáculo. Como bien ha sabido la resistencia palestina hace mucho tiempo, ese es ya un triunfo.

La resistencia, en este sentido, es parte inherente de este club. Sólo recordemos que Palestino nació en agosto de 1920 y ya contaba con un antecedente de 1917, el Sportivo Palestina. Esto es tremendamente importante porque gran parte de la historiografía de propaganda sionista ha tratado de decirle al mundo que los palestinos nacieron identitariamente en 1948, tras la Nakba (catástrofe) momento en que se crea el Estado de Israel, se asesina a más de veinte mil palestinos y se expulsa de sus hogares a más de setecientos mil. En ese mito fundacional Israel ha negado que existieran palestinos y les ha intentado borrar la nacionalidad llamándolos simplemente «árabes». Existe otra idea repetida en Israel que dice que los palestinos nacieron como identidad en 1964, con la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) por parte de Gamal Abdel Nasser y la toma del control de la organización por Yasser Arafat en 1968. A nadie le quedan dudas de la importancia de la OLP en la trama histórica e identitaria de los palestinos, pero en Chile sabemos muy bien que veintiocho años antes de la creación de Israel existía ya un equipo de fútbol llamado Palestino. No se llamó deportivo Árabe, sino Palestino, porque no importaba el pasaporte otomano con el que habían llegado a Chile o la pertenencia al mundo árabe. Lo relevante, en ese entonces, cuando estaban naciendo los Estados-nación en el mundo árabe era nombrar la tierra de la que se provenía. Palestina.

Hoy por hoy, cuando el fútbol se ha convertido en parte de la maquinaria de la publicidad y el espectáculo, Palestino nos recuerda una suerte de origen olvidado de este deporte. Los barrios, las fábricas, los inmigrantes. Allí nacían los clubes de modo que siempre cuando se jugaba en la cancha se representaba algo más. Palestino ha mantenido con los años el recuerdo de una pasión por el fútbol que no se reduce a los millones de dólares que pueda costar un plantel ni a la cantidad de copas que ostentan en sus vitrinas o la cantidad de rostros de marcas que nos hacen dudar del propósito de toda esta industria. Por cierto, no deja de ser sorprendente que de alguna manera Palestino participe un poco del merchandising porque su camiseta es la más vendida de un equipo chileno fuera del país. Pero como hemos sido testigos, esa camiseta aparece en manifestaciones políticas, en los miembros de la Sumud Flotilla que intenta romper el bloqueo criminal de Israel a Gaza y en las calles de Palestina, donde el equipo ha creado escuelas y tiene miles de seguidores. Todos ellos portan en la ropa no sólo los colores, sino el mapa de la Palestina histórica, que está impresa en las mangas de su camiseta. Esto, como muchos saben, causó una gran polémica cuando dirigentes de Ñublense presentaron una denuncia ante la ANFP por el uso del mapa, que en ese entonces Palestino usaba como número 1 en el dorsal. Si bien el equipo tuvo que trasladar el mapa a los brazos, todavía la camiseta más codiciada es la que lleva el 11, con dos mapas gigantes de Palestina.

La camiseta también se usa mucho en Chile, por cierto. Y este es un proceso interesante, porque se ha convertido en un símbolo de la solidaridad de las personas de este país con la causa de los palestinos. He escuchado a muchos decir que Palestino funciona como una especie de segundo equipo. Se puede ser de Colo Colo, la Universidad de Chile u otro, mientras a Palestino se le quiere y desea éxito. Esto empecé a notarlo antes de que su camiseta se hiciera vista común en Santiago. Creo que fue cuando Palestino derrotó a Flamengo en 2016 en el Maracaná con un golazo de Leonardo Valencia. Ya instaladas las redes sociales como parte de la vida cotidiana, las manifestaciones de aliento y alegría por el triunfo eran transversales. Así también lo son las manifestaciones por Palestina en las calles de Chile, donde el club y la resistencia se mezclan completamente.

Poca cosa sería un club sin una hinchada. En mi infancia en la barra de Palestino sonaba constantemente una trompeta, cuya melodía, aunque no la escucho hace más de dos décadas, sigue sonando en mi cabeza cada vez que pienso en mi equipo. A veces con muy pocos espectadores, lo único que alimentaba el espíritu de los jugadores era la repetición de esa melodía y los garabatos que se escuchaban muy claramente cuando las cosas no marchaban bien. Visto como un proceso, es muy interesante ver que lo que estaba formándose ahí era, muy de a poquito, un vínculo entre el equipo y la comuna de La Cisterna que le había recibido en su estadio municipal desde 1988, año terrible en que «el tino» descendió a segunda división. Pero sí, ahí se estaba formando algo que en la década del 2000 pasaría a llamarse «Los Baisanos» y en su interior en los 2010, la «Intifada antifascista». Las melodías de trompetas siguen siendo un sello de la barra de Palestino, pero ahora mucho más diversificadas las melodías. Gran parte de la barra –y sin duda la hinchada más incondicional– no tiene origen palestino y evidencia el fuerte vínculo del equipo con la comuna. Palestino articula así una fanaticada de triple origen. Por una parte, los palestinos y descendientes, por otro la comuna y el barrio en que ha sido acogido, luego quienes apoyan a la causa palestina. No estoy seguro de que esta fantástica configuración se de en muchos equipos del mundo.

Ahora que llega el Mundial de fútbol, donde a la obscenidad publicitaria se le ha sumado la violencia de uno de los países anfitriones contra selecciones e hinchas de diversas nacionalidades, primero no dejaría pasar que la selección Palestina fue eliminada de las clasificatorias con penal inventado en el último segundo de partido, lo que como buen hincha califico como «un robo». Pero más allá de esto, creo que es relevante reivindicar una vez más, frente a los apologistas de la profilaxis política del fútbol, que la idea de un fútbol apolítico es una forma de captura de de las posibilidades de experiencia que todo evento de relevancia social tiene. Pero aún más, es un intento de borrar la identidad de nuestros clubes, que nacieron fundamentalmente de nuestros antepasados obreros, comerciantes e inmigrantes. Aquí tenemos a Palestino para recordar a todo el mundo que nunca un equipo es sólo un equipo. Menos cuando es todo un pueblo.

Mauricio Amar

Mauricio Amar es Académico del Centro de Estudios Árabes Eugenio Chahuán de la Universidad de Chile. En 2018 publicó el libro Ética de la imaginación. Averroísmo, uso y orden de las cosas, Editorial Malamadre.

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