The Sweet East y el amargo Estados Unidos – Carcaj.cl
The Sweet East y el amargo Estados Unidos
13 de abril 2026

The Sweet East y el amargo Estados Unidos

I can very easily replicate what twenty writers in a room are going to come up with, because no one’s actually got a point of view anymore (Sean Price Williams)

Estados Unidos es un país creado a medida de los automóviles. Con la modernidad capitalista, las ciudades estadounidenses brillaron con su electrificado y el sueño americano de un auto y una casa en los suburbios devino el ideal platónico de los gringos—y del resto del mundo.

No cabe extrañarse para nada de que un país con ésta configuración social sea el caldo de cultivo perfecto para géneros cinematográficos como el road movie. Este género se caracteriza por estar en un punto medio entre las Bildungsroman y los Westerns: donde la novela de formación articula la ternura y la inocencia como prendas que poco a poco van cayendo en el devenir-adulto; los Westerns te engalanan con frialdad, crueldad y hombría. Las road movies están en este punto medio, por un lado, presentan un personaje al que la exposición a su viaje de formación lo obliga necesariamente a cambiar, a “encontrarse a sí mismo”. Por otro lado, en este “encontrarse a sí mismo” muchas veces el personaje termina por aniquilar lo poco que tiene de “yo”. Para esto tenemos ejemplos clásicos: Rebel Without a Cause (1955) y The Wild One (1953). Ambas películas articulan un viaje que, para todos los espectadores, evidentemente tiene todas las posibilidades de salir mal, aunque lo que el personaje busque sea la redención: en la película de 1953 Jhonny (Marlon Brando) logra redimirse; a diferencia de Jim Stark (James Dean) que no logra redimirse. Las road movies tienen su esencia en este punto, son tragedias que seguimos mirando por su promesa de redención… sin los coros clásicos ni las sirenas, solo automóviles, buses, motocicletas y transeúntes indiferentes al sufrimiento del personaje.

Ahora bien, la película del género que quiero analizar es The Sweet East (2024). El debut de Sean Price Williams1 (quien ya había trabajado en el screenplay de películas como Good Time—otra excelsa representación de la espiral de confusión y ansiedad de la sociedad gringa) se destaca por presentarnos una road movie en la que se encuentran completamente triturados todos los elementos clásicos del género. En primer lugar, la película nos presenta una protagonista (algo que ya es transgresor para el carácter tan masculino de las road movies) la cual constantemente se cambia de nombre, profesión, historia, motivaciones y explicaciones. Al principio una estudiante de último año de educación secundaria, después una pareja maltratada, luego una estudiante de poesía y literatura policiaca. Cuando la protagonista de la película, Lilian, disuelve toda su vida en una vaga explicación que cambia dependiendo de quien le pregunte lo que logra finalmente es desanclar el tropos socrático de “conócete a ti mismo” del género que se buscaba a sí mismo montado en una Ford; sin embargo, ahora ya no hay nada que descubrir, como mucho, solo hay que sobrevivir como sea.

En segundo lugar, otro elemento fundamental de las road movies es el viaje mismo, elemento que en Sweet East se encuentra completamente fragmentado. Ya no se trata de un diáfano viaje de X a Y, ni siquiera de las complicaciones que termina suponiendo el viaje de X a Y. En Sweet East el viaje es errático y prácticamente aleatorio, la protagonista realmente no tiene idea de adonde quiere llegar, ni siquiera si quiere volver al comienzo. Todos los viajes, en realidad, suceden casi por un desenlace azaroso de los sucesos diarios, en este sentido el sujeto y el objeto coinciden: un protagonista anhedónico para un viaje deprimente.

En tercer lugar, otro elemento fundamental de las road movies es su promesa de redención. Esto no quiere decir, sin embargo, que en todas las películas del género los protagonistas terminen efectivamente redimiendo su subjetividad, hay casos trágicos como los mencionados arriba. Ahora bien, en Sweet East la redención ni siquiera es tematizada, la protagonista, en lugar de lanzarse a un viaje idealizado para buscar una posible redención como suele suceder en este género –incluso en su forma marxista-latinoamericanista como en Diarios de motocicleta (2004); en lugar de esto la protagonista no tematiza para nada la redención. Incluso, si interpretamos el final de la película, esta vuelve al mismo lugar en el que comienza, con las mismas personas, como si su destino hubiese aceptado, momentáneamente, un breve desvío de lo inevitable.

En síntesis, The Sweet East nos presenta una radiografía actualizada de la subjetividad gringa, mediada por el agotamiento histórico de su promesa de movilidad social. Esta película toca todas las teclas: neonazis, punkis antifacistas, activistas afroamericanos, pizzagate, mass-shooters y la industria cultural cinematográfica. En última instancia la película nos muestra como cada una de estas formas sociales devienen absolutamente en un pastiche asqueroso, un cliché que dejó de ser gracioso desde hace décadas. La misma nación que secuestró a Maduro (en apoyo con el chavismo) y bombardeó Irán tiene a gran parte de su población en un sufrimiento objetivo y subjetivo que no permite ningún tipo de redención. En suma, esta película utiliza las road movies para mostrar específicamente lo imposible que es hacer una hoy en día. The Sweet East no narra un viaje, sino la imposibilidad misma del viaje en una sociedad donde ya no hay interioridad que descubrir ni mundo que transformar.


Notas

1 No confundir con el grandísimo rapero de Brownsville – Nueva York, Sean “P” Price. Rapero que, como dato curioso, fue primo de Michael K. Williams, actor famoso por su rol de Omar Little en la serie de HBO The Wire.

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