UN ENEMIGO QUE NO HA CESADO DE VENCER  – Carcaj.cl
UN ENEMIGO QUE NO HA CESADO DE VENCER 
18 de mayo 2025

UN ENEMIGO QUE NO HA CESADO DE VENCER 

Prólogo a El ascenso del posfascismo (Antithesi, Pensamiento y Batalla, 2025)

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Hace algunos años, cuando desde la izquierda se puso de moda tildar de “facho” a todo tipo de derechista o reaccionario y hablar de “fascismo” para designar casi cualquier fenómeno desagradable para la cultura progresista, much@s acudíamos a alguna literatura revolucionaria que nos recordaba que las condiciones propias del surgimiento del fascismo habían quedado atrás, junto con el siglo XX.

Hoy en día la masiva avalancha reaccionaria y contrarrevolucionaria en todo el mundo nos hace modificar el análisis, para comprender que, si bien ya no existe el viejo fascismo de hace cien años, algo de su ADN ha sobrevivido, mutando hacia nuevas y variadas formas que algun@s han llamado posfascismo. 

El concepto de posfascismo fue utilizado ya en el año 2000 por el marxista húngaro Gáspár Miklós Tamás en un texto breve[1] donde identifica expresiones políticas que, a pesar de su aparente novedad, entroncaban con los viejos fascismos en la medida que compartían su proyecto de negación de la tendencia de la Ilustración a asimilar la condición humana a la ciudadanía. La novedad radica en que el posfascismo “encuentra fácilmente su nicho en el nuevo mundo del capitalismo global sin alterar las formas políticas dominantes de la democracia electoral y el gobierno representativo”.

La etiqueta de posfascismo fue popularizada más recientemente por Enzo Traverso en Los nuevos rostros de la derecha (curiosa traducción al español pues el título original era Los nuevos rostros del fascismo), para denotar que la extrema derecha actual surge desde una matriz indudablemente fascista, pero ha ido mutando en diversas direcciones en un proceso que estaba lejos de haber concluido.

Yo mismo utilicé el concepto en el 2022 en mi libro ¿Patria o caos?, en el que intenté mapear las nuevas formas de extrema derecha que estaban apareciendo en Chile como reacción en contra del llamado “estallido social” de octubre del 2019.  

Con posterioridad, en La religión de la muerte, preferí hablar de viejos y nuevos fascismos, para recalcar de entrada que el fascismo del siglo XX no había tenido una sola forma, sino que varias, y que en el siglo XXI existen nuevas formas de fascismo que representan tanto una continuidad como una cierta mutación en relación a su raíz histórica, cumpliendo funciones contrarrevolucionarias equivalentes, pero en un nuevo contexto.

Esta verdadera avalancha ultraderechista que ha adquirido más fuerza a partir de la segunda venida de Donald Trump el 2025 ha generado también una avalancha de investigaciones y literatura sobre nuevos fascismos y/o extremas derechas. En general, se trata de análisis defensivos desde posiciones demócratas y liberales. Más excepcionalmente nos topamos también con alguna literatura que usa la jerga antifascista propia de los restos de una izquierda autoritaria neoestalinista, fascinada con Putin y China, que desentierra del armario a Jorge Dimitrov y utiliza la amenaza del fascismo como coartada para justificar su “campismo”, apoyando a regímenes corruptos supuestamente anti-imperialistas, que en su esquema proceden a desafiar el “mundo unipolar” surgido tras el colapso de la URSS y el antiguo campo socialista. Curiosamente, o no tanto, est@s izquierdistas no se hacen problema alguno en utilizar a su favor a autores de procedencia más que dudosa, como Aleksandr Dugin y otros confusionistas “rojipardos”. 

Otros análisis del fascismo dejan de lado sus características específicas en tanto movimiento político contrarrevolucionario, para centrarse en los llamados microfascismos de la vida cotidiana. Si bien hay cierto interés innegable en comprender cómo los fascismos operan a nivel molecular o micropolítico, el problema de esta mirada es que suele abandonar la perspectiva anticapitalista, para contentarse con promover siguiendo a Foucault un supuesto “modo de vida no fascista”.

El mérito del texto de Antithesi publicado en español por “Pensamiento & Batalla” es que proviene del campo anticapitalista y antiautoritario. A mi juicio, solamente desde esas posiciones es posible comprender y dimensionar realmente cual es la función y las características de las distintas formas en que se manifiesta la contrarrevolución fascista. Desde la defensa de la democracia y/o desde la izquierda tradicional el camino del antifascismo siempre ha conducido a fortalecer precisamente aquello que se dice combatir, y en eso no hay mayor diferencia entre el siglo XX y el tiempo presente.

Además, el texto surge desde la experiencia de nuestr@s camaradas en Grecia, donde las formaciones neo y posfascistas han desempeñado un rol crucial ya a partir de la crisis capitalista global del 2008, que es el hito que señala en gran medida el colapso de la izquierda y el auge de la extrema derecha en su versión actual. En el caso griego, la conformación de esta nueva corriente política de extrema derecha se vio además impulsada por las protestas contra las medidas de austeridad, y el movimiento negacionista de la pandemia del COVID. Lo llamativo es que en esta nueva extrema derecha confluyeron sectores de la izquierda patriótica, y también vari@s individu@s y grupos del entorno antiautoritario.

La deriva conspiracionista de estos sectores, facilitada por su individualismo acérrimo y la incomprensión “populista” de la relación social capitalista, ya había sido explicada en los textos de Antithesi y Coghnorti reunidos en Dos críticas al conspiracionismo en el movimiento radical griego (Pensamiento & Batalla, 2024). En este nuevo texto, se profundiza en los aspectos ideológicos de esta deriva y los aportes que desde estos sectores se han hecho en la conformación de este posfascismo que no se limita a Grecia, y que en gran medida gracias a estos aportes puede presentarse como una corriente antisistémica. Además, se insiste en que la contradicción entre populismo e individualismo —dos elementos clave de esta corriente— es sólo aparente.

Los otros seis elementos, cuya exposición estructura este librito, son: nacionalismo, elitismo, darwinismo social/ideología de la muerte, irracionalismo, ataque a las luchas por los derechos sociales, e invocación de la “libertad de expresión”.

Est@s camaradas explican al inicio de su texto que no hablan de fascismo para designar a esta corriente de extrema derecha porque no reúne todas las características del fascismo histórico: partido único, abolición de libertades democráticas, corporativismo, expansionismo.  Por eso optan por seguir a Tamás, hablando de posfascismo: “una forma de política que combina elementos del neoliberalismo, el nacionalismo, el individualismo pequeñoburgués/libertario (que se opone a la invasión de la propiedad privada por parte del Estado) y la democracia moderna (en el sentido de que no abole el parlamentarismo y las instituciones de la democracia representativa)”. De todos modos, señalan con razón que el fascismo histórico también era una amalgama de elementos bastante eclécticos que tendía a superar la división izquierda-derecha, y que como destacó Paxton en La anatomía del fascismo, “el fascismo en acción se parece mucho más a una red de relaciones que a una esencia fija”.

Esos rasgos son los que le han permitido modificarse y seguir mutando en variadas formas, luego de su supuesta derrota en 1945.

Adorno en una conferencia de 1967 ya había destacado que en todo momento siguen vivas en la sociedad, aunque no directamente en la política, las condiciones sociales que determinan el fascismo. Así, la posibilidad de que este fascismo social o cultural pase a ser de nuevo un movimiento político siempre ha estado presente en el capitalismo tardío. Por su parte, Debord definió al fascismo como el estado de sitio en la sociedad capitalista, y que, aunque desaparece de escena tras cumplir la tarea de realizar la “primera gran racionalización de urgencia” de la sociedad capitalista “haciendo intervenir masivamente al Estado en su gestión”, algo de él permanece como “uno de los factores en la formación del espectáculo moderno”, siendo retomado “en el contexto espectacular de los medios de condicionamiento e ilusión más modernos”.

Como se ve, lejos de celebrar la supuesta “derrota del fascismo” en manos del estalinismo, como hacen hoy en día algunos fósiles izquierdistas con simpatías putinistas y rusófilas, este enemigo “no ha cesado de vencer” (Walter Benjamin), y no cesará de hacerlo mientras no triunfe la revolución social. 

Una acotación interesante que hacen est@s camaradas es que “los elementos constitutivos del posfascismo no son fundamentalmente diferentes de los que definen el neoliberalismo, sino que más bien representan su radicalización”, lo cual queda claro en el caso de la Dictadura chilena y además en el thatcherismo, que a la vez que utiliza un discurso “anti estatista” para hacer recortes sociales (en el estilo de la motosierra de Milei y el DOGE de Musk) endurece al mismo tiempo las políticas penales y el Estado policial. Ese vínculo entre neoliberalismo y posfascismo debiera seguir siendo explorado, puesto que hasta ahora el énfasis ha sido puesto en las formas de gubernamentalidad neoliberal, y no tanto en su enorme violencia fundadora.

En este punto es que el texto hace un aporte que resulta imprescindible, el cual es la crítica del Foucault más neoliberal, un tema que resulta tabú en nuestro medio local, plagado de foucaultianit@s de academia o no tanto, que ven a san Michel como el teórico más comprometido e importante de los últimos tiempos. Este “foucaultianismo neófito” representa un aspecto del movimiento posterior a 1968 que “se centró en criticar el poder jerárquico y el autoritarismo, y priorizó la libertad sobre la seguridad”. A pretexto de criticar el intervencionismo del Estado de Bienestar, este “pensamiento” se ha prestado muy bien para justificar una especie de anarcocapitalismo de las costumbres, bastante antisocial a su manera, pero disfrazado de antagonismo radical. 

Para concluir esta presentación, no encuentro nada mejor que referir este fragmento de la octava tesis sobre el concepto de historia de Walter Benjamin, un pensador revolucionario que por cierto nos ayuda más y mejor que vari@s otr@s a comprender el momento actual y las posibilidades que nos ofrece:

“La tradición de los oprimidos nos enseña que el ‘estado de excepción’ en que ahora vivimos es en verdad la regla. El concepto de historia al que lleguemos debe resultar coherente con ello. Promover el verdadero estado de excepción se nos presentará entonces como tarea nuestra, lo que mejorará nuestra posición en la lucha contra el fascismo. La oportunidad que éste tiene está, en parte no insignificante, en que sus adversarios lo enfrentan en nombre del progreso como norma histórica”.

Santiago de Chile, 23 de abril de 2025


[1] Traducido y editado al mismo tiempo que este libro por nosotr@s en formato folleto: Tamás, Gáspár Miklós (2025) Sobre el posfascismo. Su característica central es la hostilidad a la ciudadanía universal. Santiago: Pensamiento & Batalla. [N. del E.]

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