Materia dispersa y otros poemas
Origen
¿Lo escuchas?
No es un ruido.
Es la memoria antigua
que aún recuerda
el pulso del musgo
y el hambre
del primer suelo.
La libertad
no es una bandera,
sino el temblor sagrado
de la bestia que duerme.
La naturaleza es simple;
se percibe en esencia:
en el rumor de las cuevas,
en el olor a lluvia
antes de la primera gota,
en la certeza del cazador
que vive a la espera.
*
La criatura
Nacida entre el musgo y el liquen,
tus raíces se hunden en la tierra,
alimentándose de la humedad y la sombra.
Hija de la luz tenue,
bañada por el rocío de la mañana,
envuelta en un velo de niebla.
Eres criatura del bosque sagrado,
destinada a florecer en la penumbra,
silenciosa danzante.
*
Animal errante
Quiero sentir la brisa
jugando entre las ramas,
elevarme con las aves
entre nubes algodonadas.
Que mis manos acaricien
la suavidad del musgo,
inhalar el aroma
de la tierra mojada,
escuchar cómo responde
el bosque con su murmullo.
Que mis pies descalzos
se dirijan a un río y, poco a poco,
sumergirme en él, hundirme y olvidar
las ataduras que me retienen.
Ser libre, más que humana,
hubiera deseado ser un animal
para, al final de mis días,
poder fundirme en esencia con la tierra,
volviendo así a su creador.
*
Materia dispersa
Y si tuvieran la necesidad enfermiza de «interpretar»
la hierba verde sobre mi sepultura,
digan que yo sigo reverdeciendo y siendo natural.
-Alberto Caeiro.
En el bosque están enterrados mis sueños.
Ya no son propósitos, son el letargo debajo del musgo.
Este suelo guarda la estructura
de lo que fui cuando todavía deseaba.
Camino entre los árboles
y reconozco el lugar exacto
donde la esperanza dejó de moverse.
He vuelto para confirmar
que el entierro fue limpio,
que la tierra ha cumplido su función:
contener la posibilidad.
*
Silencio natural
Nadie notará la diferencia
entre el latido de mi sangre y
el crecimiento de la hierba.
El musgo subirá
con su lengua
de terciopelo frío,
bebiendo de mi quietud
hasta que cubra mis rodillas.
No soy una mujer en el campo;
no soy una silueta,
ni un testigo, ni un habitante.
Soy el campo
descansando de ser mujer.
Soy la tregua de la tierra
que deja de sostener un nombre
para ser simplemente materia,
el canto de la savia
que ya no necesita palabras.