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Un (1) producto de internet
07 de agosto 2026

Un (1) producto de internet

Trolls, spam, and bots
Surveil your thoughts
Upload, upload, upload
Overthrow, overthrow, overthrow
Overload, overload, overload
Digital embryo, evermore
Torrent my life, sell it for a price
Advertise, advertise
Apple pies, iPhone 9
You ain’t safe when you online, don’t believe me?
Google your whole mind
Update a couple times a day
Check in, never really checked out
Chest out when I die
Put my IP on my tombstone, bury me alive with my ID and all my hard drives
I’ma die online, feds tap my line
I’ma kill myself online
I’ma put it all on the line. (JPEGMAFIA x Freaky)

El capitalismo fue y sigue siendo la primera cultura global1. Sin embargo, los medios a través de los cuales se pudo solidificar dicha cualidad global de la cultura capitalista se transforman cada vez de manera más acelerada. Las rutas marítimas de comercio requirieron aduanas más burocráticamente organizadas, documentos válidos interfronterizamente, agilidad en el viaje de la información, de las mercancías y de las personas. Esto es una historia de siglos.

Sin embargo, lo que atañe a este ensayo es un momento específico de esta gran historia del capitalismo: el internet. No me interesa ni hablar de qué es el internet, ni de dónde viene, ni cuál iba a ser su principal función. Todos sabemos eso, iba a ser usado para agilizar la información estratégica en caso de guerras y bombas atómicas. También sabemos que el Internet terminó representando uno de los puntos más álgidos en esta globalización de la cultura capitalista. El Internet era lo que el capitalismo necesitaba para afirmarse con uñas y dientes a todas las subjetividades en todas las partes del mundo. Esto último es lo que me interesa analizar: cómo el Internet me produjo a mí, a mi generación y a las que vendrán.

Primero quisiera hacer una aclaración necesaria. El Internet es un medio (de producción), y como tal, está completamente atravesado por la forma de la sociedad capitalista: es una mercancía como cualquier otra. Por tanto, no podemos ni considerarlo un medio generalizado (porque, al ser mercancía, siempre será desigual el acceso a este) ni idealizarlo como una utopía poscapitalista (como en las utopías de los ex-hippies ahora Sillicon Valley-bros). El Internet es un medio que siempre está en guerra: una guerra por él y una guerra en él.

Ahora bien, más allá de la aclaración anterior: el Internet siempre fue mi medio favorito. Cuando pequeño desarrollé una atracción magnética por él. A la generación de mis padres el internet fue algo que llegó a sus vidas, para mí la vida partió con él. Nunca tanto como ahora, mucho menos que postpandemia cuando ya el internet está prácticamente como una mercancía de primera importancia. Mi generación, y en particular yo, tuvo el internet en pequeñas dosis al comienzo. Recuerdo ir con mi madre a los Cibercafés, ella trabajaba en Word, enviaba documentos, respondía mails (2 horas máximo al día) mientras que yo descubría una cantidad inaudita de cultura global: jugaba juegos en Internet, veía vídeos en Youtube, buscaba imágenes de mis jugadores de fútbol favoritos y de mis raperos favoritos. Al principio no tenía ni computadora ni internet en mi casa, luego, poco a poco, guerra a guerra, tuvimos un computador de mesa, internet del vecino, más guerra después, una laptop para mí, una para mi mamá e internet propio.

Al principio, el Internet era un espacio prácticamente autónomo del resto de aspectos de mi vida. Usaba el PC unas horas al día, mientras hacía otras cosas donde el internet no tenía cabida. Aunque el momento de usar el computador para acceder a Internet era mi favorito, ahí desarrollé la compulsión que tengo hasta el día de hoy de escarbar en la red: buscar música, juegos o películas en Youtube, blogs, foros, grupos de Facebook, etc., se volvió mi afición más grande. Conectaba con grupos de fans de toda Sudamérica y el mundo de mis raperos favoritos, aunque nunca pertenecí a una tribu urbana fuera de Internet.

La posibilidad de descargar pirata cualquier programa, canción, película, juego, etc., fue otro punto de inflexión que el internet generó en mi vida. Me volví experto junto con mis amigos en piratear cualquier cosa que necesitara, esto me instaló una idea clara: todo podría ser de quien lo necesitara sin la necesidad de pagar. Obviamente, robarse una película en Blockbuster siempre va a ser más difícil que piratearla en Torrent, así que era un estándar muy alto el que la piratería depositó en mi forma de entender las mercancías, ese estándar chocaba todos los días con la forma en como funcionaba el mundo-lejos-de-Internet. Ahí donde yo quería todo inmediato y gratis, el mundo me respondía con lentitud y pobreza. A la larga, eso hizo que me sintiera más cómodo online que offline.

Con el aumento del número de horas que pasaba online comencé a entrar a espacios donde ya no solo quería consumir contenido de Internet sino también crear para Internet. El fenómeno de Youtube estaba arrancando y había muchísima gente como yo que quería crear para Internet, mi nicho fue el de los videos Loquendo (hechos con voces del TextAloud), particularmente los videos Loquendo de GTA San Andreas. Usar el juego (un sandbox para los entendidos) como un stage para crear historias me parecía lo más entretenido que había pasado por mi vida, obviamente eso conllevó a aprender a usar programas de edición visual y audiovisual. Más que un hobby desinteresado (como todos) ese era mi trabajo, aunque nadie me pagara por eso. La gratificación de pensar una idea, escribir un guión, hacer que TextAloud leyera el guion, grabarlo en el GTA, editarlo y subirlo era ideal para mi. Mi madre me intentó estimular artísticamente a través de cursos de pintura y de música, pero nada se acercaba remotamente a lo mucho que me estimulaba esa forma de creación audiovisual mediada completamente por Internet.

Podría seguir indagando en recuerdos y aspectos biográficos donde el internet haya sido el medio por excelencia para mi subjetivación, sin embargo me gustaría comparar algunas cosas dichas con el momento actual del internet.

En primer lugar, el Youtube donde creaba ya no existe. Desde que Google adquirió Youtube en 2006, progresivamente, fue adaptando el modelo de negocios para percibir ganancias a través de los anuncios. Por tanto, YT tiene que 1) controlar más estrictamente todo el contenido de la plataforma y 2) administrar en qué tipo de contenidos los anunciantes les interesa promocionarse. Esto dejó abajo a miles de creadores de la plataforma, el golpe de gracia fue en el conocido AdPocalypse en 2017.

En segundo lugar, la persecución desenfrenada contra la piratería también terminó por complicar ese aspecto del internet que recuerdo. El primer gran golpe que recuerdo fue el cierre de Megaupload en 2012. En tercer lugar, la masificación de plataformas de streaming y de alquiler de productos fue otro gran golpe a la cultura de la piratería: Steam, Spotify2, Netflix, etc., todas estas aplicaciones y empresas flexibilizaron la compra de juegos, música y películas al mismo tiempo que dificultaron la piratería de éstas. Por último, y en cuarto lugar, todas estas grandes compañías que en su momento representaron algo así como un horizonte ciber-globalizado han hecho parte del giro bélico hacia la automatización de la guerra en los últimos años: Google (que compró Youtube) con su proyecto Maven intenta competirle al Palantir de Peter Thiel, Spotify y su gran inversión en la empresa de drones Helsing. Cuando decimos que la tecnología, y con ella el Internet, tienen la forma de la sociedad capitalista simplemente queremos decir esto: cuando la guerra dé plata, como ahora, irán siempre en busca de su tajada.

Con lo anterior quisiera concluir lo siguiente: el Internet nunca fue inocente, siempre fue pensado como un arma para la guerra, sin embargo, puedo decir que en mi vida disfruté la calma antes de la tormenta. Hace poco di con un dato asombroso: según reportes recientes de Imperva/Thales, el tráfico automatizado superó al tráfico humano y llegó al 51% del tráfico web. Esto significa que cada vez escogemos menos lo que queremos y no queremos ver en Internet, cada vez está más automatizado a través de algoritmos que están engrasados en la rentabilidad económica. Me hace pensar en mi yo pequeño: ¿para quién haría los vídeos que solía hacer? Tal vez ese público ya murió y lo único que queda del Internet es un cadáver automatizado, en un mundo de asesinatos automatizados.


1 Véase, Sven Beckert, Capitalism: A Global History (New York: Penguin Press, 2025).

2 En el año 2026 circuló la noticia del gran hackeo y “respaldo” de millones de datos en canciones de Spotify llevado a cabo por Anna’s-archive.

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