#C4ll3: cuando el teatro ocupa todas las esquinas – Carcaj.cl
#C4ll3: cuando el teatro ocupa todas las esquinas

C4ll3, foto de la autora (intervenida)

07 de junio 2026

#C4ll3: cuando el teatro ocupa todas las esquinas

No había podido ver ninguna obra de los Elencos Universitarios 2025, por lo que este semestre me propongo asistir a cada una de ellas, con el secreto objetivo de observar aquello que, de alguna manera, tal vez se me avecina. Pero sin caer en la ansiedad, prefiero ceder al interés genuino de simplemente ver teatro y dejarme maravillar por cada una de las obras.

Entrar por primera vez a la Sala de Arte Escénico de la Universidad de Playa Ancha, luego de su restauración, ya me parece una instancia importante. Me siento contenta. Hay personas conocidas esperando ver la obra. Una amiga querida me invita a un café, la espera se vuelve amable. Mientras lo tomo, pienso: la antesala debería estar llena. ¿Dónde están todos?

Ya dentro, la propuesta escénica de una noche del puerto de Valparaíso en ruinas se hace presente. Quienes amamos este puerto fragmentado siempre rebotamos entre emociones aparentemente contrarias: la pena y el hastío, pero también el amor y la admiración por todo lo que nos entrega. Las callecitas de esta ciudad ruinosa tienen ese qué sé yo.

A través de la dramaturgia de la joven autora Savka Placic, se va armando la geografía del barrio puerto, apelando a un imaginario colectivo compartido: el callejón de los meaos —y me pregunto, inevitablemente, ¿cuál de todos?—; las luces de neón; la basura amontonada; las cajas de fruta, verdura o pescado; el perro callejero y pulgoso; la persona en situación de calle que ha perdido —¿o encontrado?— su centro entre sustancia y sustancia; el choro porteño; la enamorada de balcón de una casa de lata oxidada; la animita olvidada, rayada, meada, grafiteada, que insiste en permanecer. Porque tal vez algo debería permanecer en la ciudad a pesar de todo, ¿no? Aunque sea el recuerdo contenido en esas estructuras pequeñas a ras de calle que marcan el punto exacto en donde la muerte hizo lo suyo: en cada barrio, en cada esquina, esa muerte furtiva, rápida, que no avisó nada y pasó quizás demasiado pronto.

La puesta en escena no desconoce su punto de partida: la caricatura, la falsedad del teatro frente a la compleja radicalidad de la verdad del afuera, de esas mismas calles que nos esperan al salir de la función. La obra se presenta a sí misma como un mundo en 2D, y desde ahí surge una primera pregunta: ¿dónde está su tridimensionalidad? ¿Cómo podemos sentir, ver, entender como figuras completas a estos seres complejos, a quienes evitamos cuando los encontramos en Plaza Echaurren, pero con quienes reímos en escena? ¿El teatro alcanza? ¿Qué hacemos con eso?

La obra se adelanta y, con inteligencia, se defiende a sí misma: “aquí todo es de cartón”. Falso. Algorítmico. Un hashtag. Pienso entonces que Andrés Hernández, director de la propuesta y profesor de la carrera de Teatro de la Universidad de Playa Ancha, decide hacer del teatro más teatro: llevar la teatralidad al límite, construir arquetipos, permitirnos entrar desde el juego y así suspender, por un momento, el juicio sobre la ficción.

Anoto en mi libreta: “teatro muy teatral”. Porque a esta altura no sé si existe otra solución posible al problema de la representación cuando se trata de hablar de lo marginal. “Eso” que no está tan lejos: es mi vecino que duerme entre los matorrales, el hombre que cocina y pasa la noche afuera del colegio de mi hija, o el que está bajo el puente que cruzo para venir al teatro. ¿Cómo representar la marginalidad hoy? ¿Cómo relatar una violencia que en lo cotidiano ya está elevada a la décima potencia? El “teatro al cuadrado” aparece como la estrategia que Andrés Hernández propone en la puesta en escena de #C4ll3.

Y es que tal vez la farsa sí sea una posible respuesta. No como burla, sino como soporte: para poder mirar, para poder sostener, incluso para poder reír por un momento de uno de los síntomas más complejos de nuestro presente. Aunque, siendo honestos y honestas, no es solo de hoy: al puerto el abandono lo ha acompañado siempre. La luz y la ruina, la vida y la muerte, el baile, la bohemia, la juerga y el olvido.

Interesante resulta el diseño escenográfico, a cargo de Daniela Gallardo, que por momentos parece componer arquitectónicamente con el desecho. Una pila de cajas plásticas deviene, de pronto, en una pieza de exposición museológica que te invita a entrever capas menos evidentes. Hacer del residuo una composición performativa —que termina de articularse como tal a través de la acción de los personajes— se vuelve un aporte fundamental a la propuesta escénica en su conjunto. Golosa, me quedé con la sensación de que habría querido encontrar más hallazgos como este a lo largo del desarrollo de la obra.

Mención aparte merecen las interpretaciones de Daniela Alcaide, como el “choro porteño contemporáneo / el enamorado”, y de Lucía Silva, a quien titulo como “la sin nombre”, encarnando a las y los anónimos que parecen habitar una realidad paralela: salvándose, queriéndose, incluso destruyéndose, pero soportándose. El personaje que a mi parecer sostiene la obra “la sin nombre”, lo dice con claridad: “esta es mi C4ll3”. Así de amplia, así de inabarcable aparece la urbe: donde cabe todo y, al mismo tiempo, no queda nada.

A nivel sonoro, resuenan los ecos de quien, en su rol de narrador, va hilando la historia: un angelito perdido en su animita, que no logró emprender el vuelo y se queda observando las desdichas de los vivos, de quienes aún deben resolver cómo sobrevivir. Viene a mi memoria la animita de nuestra querida Panchita, llena de peluches de amor que le regalan sus fieles devotos por favores concedidos y que, siempre mirando al mar, se resiste al olvido.

Hay ecuaciones de la calle que no tienen ni perdón ni olvido, y la de Panchita es una de ellas. Me gusta pensar que la obra también transita por ahí. Los ecos de la niña-ángel permanecen en mí como un llamado reverberante: el abandono es persistente y desolador, y tal vez la única salida sea la muerte en una noche de luna llena. Esa luna que guarda los rostros de todos quienes amaron demasiado la #C4ll3.


Dirección: Andrés Hernández Hidalgo / Dramaturgia: Savka Plancic Lillo / Elenco: Daniela Alcaide Cepeda, María Jesús, Salvatierra González, Lucía Silva Vegas, Lenk Lobos Martínez, Emily Fernández Farfán / Diseño integral: Daniela Gallardo Palacios / Asistencia diseño integral: Bárbara Castro Manque / Diseño lumínico: Gonzalo Mena Menares / Asistencia: María José Ponce Verdugo, Camila González Cofré / Grabado punta seca: Bárbara Castro Manque.

Carina Victoria Aspillaga Bórquez

Directora-investigadora escénica, performer, dramaturga y DJ. Su trabajo cruza la creación escénica, la investigación y la experimentación sonora. Licenciada en Artes Escénicas (U. de Playa Ancha) y Diplomada en Dramaturgia (U. de Chile), actualmente se encuentra finalizando la Maestría en Teatro y Artes Performáticas (Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires). Es directora de la compañía Escena Trvgica y del espacio de experimentación y crítica teoricacorpus

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