Ilustración: Metamorphosis Insectorum Surinamensium, de Maria Sibylla Merian (1705)
“El carnaval de la sustancia telúrica de un planeta”: Notas sobre Metamorfosis (2021) de Emanuele Coccia
En torno a Metamorfosis. La fascinante continuidad de la vida, de Emanuele Coccia (trad. Pablo Ires). Editorial Cactus, 2021.
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Vivir significa metamorfosearse: transmitirse, transformarse y reconfigurarse en la materia, asegurando la continuidad de la vida a través del tiempo de Gaia. Esa podría ser una síntesis de lo que propone Emanuele Coccia en Metamorfosis. La fascinante continuidad de la vida (2021).
Filósofo italiano nacido en 1976, autor de La vida de las plantas (2017) y Filosofía de la casa (2024), y profesor en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, Coccia desarrolla un pensamiento contemporáneo en torno a las relaciones ontológicas entre los cuerpos, las especies y las formas de vida que los atraviesan.
Metamorfosis es un ensayo en que plantea una teoría de la vida en la que, todo lo que vive, cambia continuamente a través de un fenómeno biológico. Ello se ilustra a través de la metamorfosis que, según es conocida, tiene lugar en la experiencia de la oruga-mariposa. Pero también en la vida del árbol, del mundo marino, de los animales y de los seres humanos; de manera que la teoría aboga por un proceso natural cuyos actores somos todo lo que existe y, al mismo tiempo, por una relación interespecífica que no cesa. Así, la vida no se termina ni detiene, en ninguna forma. Solo se expresa. En palabras de Coccia, “Cada especie es la metamorfosis de todas las que la precedieron. Una misma vida que se improvisa un cuerpo nuevo y una forma nueva con el fin de existir de manera diferente” (p. 12).
Esta tesis adquiere consistencia cuando se abordan experiencias como el nacimiento, la nutrición y la muerte, habitualmente interpretadas desde una óptica individual. Aquí, el autor las colectiviza e integra.
Nacer implica asumir la metamorfosis como un destino. Asumir la colaboración de todas las especies dentro del mundo capullo hecho de capullos y su obligación para con la vida de hacer de ella misma un lugar. Desde el momento en que nacemos, participamos de una historia que incluye tanto nuestros antecesores biológicos como a la materia que nos compone. Y nacer implica, como consecuencia, no ser puro.
La alimentación ocupa un lugar central en el proceso de metamorfosis. Coccia la describe como un encuentro multiespecífico, una instancia en la que cada ser vivo participa en la constitución material de otro ser vivo por medio de la nutrición. Es decir, devenir el cuerpo de otro, y a su vez, asumirse como alimento para otros, desembocando en la pérdida de sustento de todo intento de disposición jerárquica.
Morir entonces pasa de ser el fin de la vida a ser su continuación con otras formas. Significa abandonar una forma para prolongarse en otra, en un proceso de metamorfosis que no se opone a la vida; más bien la perpetúa. La muy común idea de «la muerte arrebatando la vida» no es más que una evidencia de cuán asidos al cuerpo somos, muy humano por lo demás. Sin embargo, lo que llamamos «vida propia» siempre estará atravesado por otros.
Al considerar la condición incubadora de las especies —donde no se es enteramente uno mismo ni se confunde o funde enteramente en otro (p. 48)—, la teoría de la metamorfosis, suerte de mamuschka o bien mundo capullo, roza el concepto de identidad como rasgo único y autónomo, lo vuelve difuso. El cuerpo ya no puede pensarse como unidad independiente, sino como resultado de interrelaciones dadas por herencias biológicas e intercambios materiales. Porque solo a través de la pluralidad de formas se expresa verdaderamente el yo; y para ello, debe transmitirse de un cuerpo a otro. En palabras de Coccia, cada cuerpo
puede pensarse como un punto de paso, una forma momentánea en la que Gaia se expresa. La vida es “el carnaval de la sustancia telúrica de un planeta -Gaia, la Tierra- que no cesa de multiplicar sus rostros y sus modos de ser en la partícula mínima de su cuerpo dispar, heteróclito. Cada yo es un vehículo para la Tierra, un navío que permite que el planeta viaje sin desplazarse” (p. 13).