«Los vagabundos mueren» y otros bocetos – Carcaj.cl
«Los vagabundos mueren» y otros bocetos
18 de octubre 2026

«Los vagabundos mueren» y otros bocetos


Aquí había antes…

Aquí había antes, creo, un peladero
no recuerdo sus detalles
pero sé que existió aquí, creo
como ese amigo del que no retuve la cara
ni el nombre
pero sin el cual no habría conocido el juego
o como la niña de la que me enamoré allá por un día
sin nunca hablarle
ni saber quién era
y que fijó la forma en que ahora
me enamoro.
Sí, aquí había antes un peladero.

*

Los vagabundos mueren…

Los vagabundos mueren muy temprano
o muy tarde, cuando nadie pasa
como las casas antiguas
que también extienden la mano y piden
una moneda
derrumbándose durante años
sólo con el marco de las ventanas intacto
sus ojos se ponen claros y muestran
su interior de tablas podridas
con el sol y el cielo celeste entrando
por los resquicios
las grúas las botan cuando están todos en la oficina
o en importantes trámites, sin mirar.
Vagabundos
elegantes portadores de gastados títulos de nobleza
se van
y aparece otro donde estaba el de antes
como un grafiti encima de otro.
Cuando cambiamos el trayecto
¿echan de menos nuestra mano
y nuestra forma de entregar las monedas?

*

Como el arcoíris…

Como el arcoíris
que aparece después de la lluvia
indicando aproximadamente
la ubicación de un tesoro que nos espera
aparece la cordillera
mostrando los caminos
que llevan a su interior
de cumbres y declives
pero
la cordillera se difumina a sí misma
acumulando en el valle nuestras emanaciones
que destiñen los colores
como un disolvente
dejando sólo
líneas mal trazadas en el horizonte
como las huellas de una respuesta equivocada
escrita con lápiz grafito
en una antigua prueba
del colegio.

*

Un árbol con sombra

Tengo serias dudas sobre mi capacidad literaria.
Quizás no es mi destino escribir una obra
sino engrosar, con algunas páginas fallidas
pero generosas
el intento de la naturaleza por buscar en sí misma su misterio
y rodearlo con frases, como un camino de piedras
equivocado, equivocado el misterio
pero búsqueda al fin y al cabo.

Sí, soy parte del porcentaje
de escritores fallidos:
existimos para que se cumpla el pequeño porcentaje de escritores que alcanzan la verdad
cumplimos con responsabilidad y rigurosidad nuestro deber
y más que las demás personas
más que los otros escritores
estamos necesitados de palabras
que se nos aparecen como un crucigrama vacío
ninguna pista
ninguna letra de guía.

Palabras, extrañas cosas que suenan.
Como la cáscara vacía de un fruto seco
vacía por anomalía o probabilidad del árbol
que nunca hizo crecer el fruto dentro.

La combinación exacta para decir lo que se debe
es como adivinar la clave
de la bóveda de un banco:
puede ser que detrás de la pesada puerta no haya nada
sólo otra puerta al fondo, de salida
ligera, hecha de madera enchapada
que se abre sin esfuerzo
que da a una vereda con pasto,
una banca
y un árbol con sombra
el lugar perfecto para sentarse a leer
frente a la gente
que pasa.

*

En la punta del cerro…

En la punta del cerro San Cristóbal
se abre la perspectiva
como si estuviéramos en un punto paradójico de la circunferencia

el punto inestable donde el matemático
cansado
se equivoca

y continúa equivocado los decimales infinitos del número
y finalmente le calzan después de muchos intentos las medidas del área
para cuadrar el círculo.

Las líneas de las cosas no son para nada rectas
y van en fuga como un río
cayendo hacia el horizonte
y se renuevan en su viaje también, como el ciclo del agua

mirar desde aquí la cordillera
o desde cualquier parte
no resuelve nada

la observación no entrega ninguna respuesta
los ojos no usan palabras
el mirar no tiene saliva ni lengua
y su único sonido es, a veces
un leve pestañear

(Nos recuerdan con un megáfono que la última bajada del teleférico es a las 18:30
en 20 minutos)

oscurece
pero una franja de celeste se mantiene donde mismo,
sólo visible desde aquí, rodeada de negro
como un error feliz en el tiempo de la luz.

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