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Poemas de Trópico

Van Gogh, un par de zapatos (intervenida)

08 de noviembre 2026

Poemas de Trópico

Redactaría mi currículum vitae, ponerlo en el inodoro

Como quien se despuebla de golpe de esperanza.
Javier Egea

No, no cubro el perfil, jamás seré un tiburón que bebe feliz bajo el sol.
No, no cumplo con los requisitos de la oferta de trabajo.
Tengo el alma gangrenada, los pies chuecos. No, no tengo un rinconcito
donde pueda contar la verdad sobre los eclipses que broncean mi espalda,
no tengo verdad alguna, desconozco lo que significa la verdad.
¿Alguien encuentra la verdad entre las patas del fin de semana?
Disculpe, me fugué con mis sueños terribles en barca vieja.
¿Contar cómo me va en la vida? ¿Qué le digo? Hace algunos días
mataron a un amigo de la infancia, hace algunas compras asaltaron a mi tía
afuera del supermercado, hace algunas diversiones violaron
a mi vecina en la playa. ¿Quiere que sea franco? No tengo madejas
ni vientre ni días para desenrollarme bajo la cama
mientras desaparece el olor a pólvora.
Soy proletario discapacitado en piel y me sugiere que me ponga a platicar
con un pozo de agua. No platico ni con mis fantasmas.
¿Escribir una carta de reclamo a los dioses por la vida
que me tocó deambular? Pide demasiado: no tengo gaveta,
ropero, colchón para legar mi queja.
No tengo, altar, jardín, ventana.
¿Escribir para un lejanamente futuro lector?
¡Pide usted demasiado! Hace media docena de ayeres
que me extirparon el chip de un futuro posible, el deseo concurrido de utopía,
la ilusión por el mañana. Nadie leerá esto, a nadie le importan estos versos,
nadie, nadie, nadie, y es sentencia definitiva.
Ni en mil años encontraré a un lector, así lo maldiga o le ponga plomo en la mollera,
así entierre estos papeles en la tumba del presidente en turno.
Un lector es una aguja en una tienda de remates
y mis versos queman la piel de quienes toman café,
ajenos al latido niño de un indigente que les pide una arruga bañada en harina.
No busco lector, perdí las ínfulas para narrar mis sueños subdesarrollados
cuando no anegué las expectativas de la última empresa
a la que fui a pedir trabajo. ¿Pensar de pie? ¿En una persona de pie,
con la correa de la soledad de su minicuarto rentado?
No me encajan sus sugerencias para conseguir un buen empleo.
¿Escucha el silencio que circunda las ventanas, las notas mudas
de mi alma desierta? Nadie lee mis solicitudes de trabajo,
desfallezco de desempleo y de hambre. Cada papel lleva impresa
mi experiencia vital, lo llevo al baño, allí tiene mejor utilidad.
No existo para el mercado, nadie existe, nada existe: la ceguera,
relámpago de la existencia. Garabateo mi fracaso en las paredes
de este departamento frío, cada ladrillo late al ritmo
de una canción de los noventa, olor a fracaso
llevo impregnado desde la infancia. Tomo la pluma, garabateo.
Garabatos sobre el papel de la pobreza, garabatos que a nadie importan,
garabatos noquean mi esperanza mientras el comerciante de la esquina
busca gotitas de plusvalor capitalista en la entrepierna de su vecina,
mientras el tiempo le dice: ¡la siguiente víctima laboral!
No, no cubro el perfil, disculpe que le decepcione,
la frustración acuchilla venas, sueños, sombras. ¡El siguiente!…
Y remato su final pragmático de un solo jalón:
¡No tengo el contacto para que me den este trabajo!

*

Un hombre acabado

Porque ya no puedo contener mi furiosa belleza.
Enrique Verástegui

Porque hubo un febrero en que dejé de amarme,
hablé de despojos, de mariposas extintas, del silencio
y cada noche en domingo mi propia luz me friega, me apaga.

Porque perdí la habilidad para nadar bajo el azote de tormenta tropical,
mis músculos se secaron y la milpa triste debido al suelo sin nutriente,
como yo, escaso de minerales para la erección que ya nadie lame;
poca habilidad en lo siniestro de mi cuerpo y de mi alma,
la ternura de mis sueños y de mi espalda, pensamientos lúbricos,
mi corazón solitario se masturba
y después la soledad me latiga,
el miedo de volverme viejo sin padecer ni brindar orgasmo.

Porque tuve por costumbre arrancarme el cabello, los recuerdos,
acaso me fugué de la mente extraviado en calles habitadas
por ojos podridos y pasos que deambulan
sin rumbo fijo ni de retorno saben.

Porque mi timidez aún cree en utopías envenenadas
por los anuncios espectaculares, traigo apetito de hembra,
no para de llover mientras los pájaros se quedan dormidos
y yo sin historia a mitad de una bahía olvidada por la televisión.

Porque fui furia, salida de emergencia, mar de los caídos
que no dejaron deudos ni felicidad pendiente,
los árboles pudriéndose ya casi en primavera,
alambres para no tomar prestada una gota de consuelo,
sarna de ilusión mientras iguanas limpian cristales, mueren.

Porque mi falo es pura sangre, elefante con tiro de gracia,
y flores muertas le brotan, algas, pólvora, abrazo urgente.

Porque los suicidas ya no saben dónde los acantilados.
Porque el futuro de la humanidad está en un buen trago.
Porque si no hay razón para morir,
¿por qué la vejez del alma y sus gusanos?

Porque la compasión, la condena, los milagros deshojados
por el abandono, digamos, mis músculos a pesar del dolor
y la falta de entusiasmo, la esperanza a plazos y los supermercados
repletos de heridas en oferta, de retratos mal pintados; digamos,
bullicio de gaviotas en mis testículos y la pobreza con su hambre.

Porque hubo un día en que dejé de amarme
y el mar insatisfecho a punto de cerrarme la puerta,
justo cuando debía madrugar para no ser borrado
por el verano, por los barcos, por los pájaros.

*

Si te dicen que caí

Si te dicen que caí por la ventana,
escupo miseria y sueños, mis músculos
de negro correoso
en la ida de los años se han quedado blandos,
blandos por las muertes de cerca,
la falta de deporte
y la acumulación salina en los calendarios.
Si te dicen, tomo asiento, aguardo misterios en la playa
como un tiburón desorientado en recuerdo.

Si te dicen que caí, ya no me ven
en donde siempre esquineaba
con balón viejo, tabla de surfear en fragmentos,
aún tengo tino para naufragar en problemas ajenos,
no los míos, los míos
son un huracán dentro del que quisiera cavar
mi tumba, tumbas de mis ancestros
regados por la lluvia y la siembra de maíz. Si te dicen,
mi falo se erecta de mango y de frustración,
de coral y de marinería se hincha
y nada sucede,
pura caída bajo la noche,
una iguana aparece en mi pesadilla
recurrente a las dos de la mañana.

Si te dicen, caí, ya no escribo
ni pólvora cuando el día se convierte en cementerio,
cuando el ruidero de los críos es felicidad
en medio de juguetes regados. Si te dicen que
mis intestinos esparcen tufo de óxido, mis rizos
son palmeras secas, el silencio
es un cáncer hinchándome la garganta,
traigo una tos de tabaco a punto de mis treinta y cinco,
me rasco los testículos, mi carne de negro
ya no tiene azúcar piedra caliza, mis dientes se vinieron abajo,
estoy cansado, converso con fantasmas
en un parabús, no pasa el transporte público.

Si te dicen que caí de la azotea
en giros de culebrina, los días aplastan palmeras sin alivio,
mientras yo
ya de orgasmo soy coco podrido, el techo, el calor,
las habladurías en un mar que arrulla huracanes en marzo,
hay que echarnos un chapuzón, un salto violento
que borre heridas, recuerdos y deseos vueltos insomnio.

Si te dicen, caí,
atraviesa el vientre de esa ola gigante
sin marearte
y ya nada pasa
y descalabro
y no cierres la ventana,
no cierres la ventana.

*

*Estos poemas pertenecen al libro Trópico (Editorial Cultura, 2025, Guatemala).

Geovani de la Rosa

(Pinotepa Nacional, Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, 1986). Escritor, periodista y politólogo. Afrocosteño del Pacífico sur mexicano y acapulqueño por elección. Ha publicado los libros de poesía Las noches de nuestros cuerpos (Letras de Pasto Verde, 2010), Babélico (Praxis, 2012), La ejecución de Gary Gilmore (Diablura, 2017), Érase una vez la fiesta (Cisnegro, 2023), Trópico (Editorial Cultura, Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala, 2025) y Donde trotan las suburban (Ediciones Cetus, 2026). También es autor del cuento “Sé que ronda por ahí”, incluido en Nahuales: los guardianes de la tierra, y del libro de relatos Aquellas noches de perros tiburón (De otro tipo, 2015).

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