Foto: Nicolás Slachevsky
Nostalgia de la luz y otros poemas
NOSTALGIA DE LA LUZ
Para Patricio Guzmán
El todo del ayer en la panza del desierto. Triturado pero molesto aún. Como un cáncer, porfiado. Como la reverberación de un fusilamiento. Vibran bajo las piedras calientes plutones sin ciencia, sin hueso. Indigeribles como porotos de mercurio en la memoria, como un silencio democrático. Perforando el anverso del hoy con sus astillas. Úlcera en las tripas del presidente, porfiados. Arañando la raíz del cobre, el orgullo del cactus. A pesar de esta panza sin fin, a la aridez de la palabra ausente, al canto insolente de los zorros. Pacientes, porfiados. Suplicando al desierto que no avance, que se mire en las aguas del blanco firmamento donde una supernova eclipsa una galaxia, que ilumine los pasos de la viuda porfiada, el huérfano, su cámara, hasta exaltar a las nubes y reparta justicia el rayo, mazo sobre la panza, resquebrajándola: brotará, por las grietas, la oscura azucena postergada.
*
* *
«UN CABALLO QUE SE VA AGRANDANDO A MEDIDA QUE SE ALEJA»
I
un relinchar de pólvora llovida, diríase
dos patas que se alzaban eclipsándose:
en la pesebrera de azufre
un potrillo sin boca despierta, sus labios
de cerilla mamando
el nitrato que abraza la ausencia
del techo, entre un llavero de lunas espejeantes
que se expanden
en la noche detenida
de una caja torácica
* *
II
lunas
como tajos de palabras errantes
sobre el mar: alguien
debió jalar por el cuello esta letra, ahogarla
hasta hacer que ella viera el
burbujeo del crimen
como una efusión de escaleras: alguien
demoró en convertirse en asesino
* *
III
como un coágulo de tierra encallado
bajo la vena de la espuma: zarpar
sobre un puñado de palabras
al azar
pareció un consuelo: entonces
mamá dijo no entiendo: hubo gente
que ni siquiera tuvo restos
de la zozobra para rezar: vete
y entenderás que el único
alivio del arpón reluciente
es el olvido
del callado tiburón
perdonado por la tierra:
así que zarpé, así que
perdí, con el
catalejo
bien apuntado hacia lo negro
* *
IV
del otro lado del espejo, pedazos
de espuma estallando
al contacto con tu espalda: piensa
en un testigo de ojos
vendados
surcando las aguas en la
caída: piensa
en el caballo que se inclina
hacia el estanque y se encabrita
al descubrir su cara
entre las riendas: piensa
que alguna vez hubo un caballo
que cayó
por pensar, no una blanca
paloma sorda
anclada en el nido de la costa, sino un caballo
con cara de hombre
borrosamente azul
innecesariamente en su hermosura
tras la bolsa de plástico
* *
V
como se mira el mar
desde un submarino sin ventanas
yo miro esa cara
desde antes de nacer
* *
VI
con las olas taladradas
y la espuma cegada que estalla
en ahogar de palabra
entre pedazos
de blancura
tú
yegua sobrevolada
desde el párpado
hinchado que se abre al final de la noche, tú
como una ola, ahora
te alzas
como una ola, como una ola, como una ola…
* *
VII
un párpado de arena
cerrándose al final de la playa:
entre oscuras legañas
una línea alborada
de corral
* *
VIII
sobre la lengua liviana de la arena
un perro, sin cuerda, escarba:
el juego de las patas, las máscaras
que los granos van amoldando, el cuchillo
del viento
* *
IX
estás
tan mudo que podrías ser
mi abuelo: eres
el huaso enmascarado que
torcido en su bestia
huye en blanco y negro del polvo
del anaquel: eres
la cercanía que se va alejando
con un gesto mío bajo los hilos
nunca más recobrado