Foto: Nicolás Slachevksy
El habitar de la ausencia en la poesía
Sobre Quidel Núñez, Cherié. Amutui lafken. Queltehue Ediciones, 2026.
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Cherié Quidel Núñez es una escritora mapuche que en su corta trayectoria ha publicado dos libros: Mujer araña (2023) y Carmencita (2024). En 2025 la autora ganó el Premio Literario Roberto Bolaño por su último proyecto publicado: Amutui lafken «Se lo ha llevado el mar» (2026), el cual es un poemario que se desarrolla a partir de la pérdida del padre y la necesidad de conservar su presencia a través de la escritura. El poemario se divide en veinticuatro secciones en las que la voz poética realiza un recorrido por el duelo, el dolor de la ausencia, la evocación de recuerdos y la búsqueda de una forma de conservar una presencia frente a la muerte. La autora convierte a la escritura en un espacio en el que el hablante puede regresar una y otra vez a la figura paterna y reconstruir lo que queda después de su partida.
En el poemario la memoria es un elemento fundamental para el recorrido de la voz poética. El padre reaparece mediante imágenes, gestos, aromas, espacios, palabras y rasgos físicos que ayudan a mantenerlo presente aún cuando su ausencia es definitiva. No obstante, el hecho de recordar no solo desarrolla un refugio, sino que también implica enfrentarse al miedo de olvidar al padre. Así, el poemario de Cherié Quidel Núñez presenta una tensión entre lo que se conserva y lo que desaparece con el tiempo.
La autora construye una exploración que atraviesa por un imaginario vinculado a la naturaleza y al territorio. Los diversos elementos naturales utilizados, tales como el agua, el mar, el viento, el cielo, los árboles y montañas, acompañan emocionalmente al hablante lírico y adquieren una dimensión simbólica. Por ejemplo, el agua se vincula a las lágrimas y al movimiento del recuerdo, pero también se relaciona con la distancia, la pérdida y al mar que recibe a la figura paterna.
Uno de los principales logros del poemario de Cherié Quidel Núñez, es la construcción de un imaginario poético coherente durante el duelo. La autora no solo presenta la pérdida como un hecho, sino también como una experiencia que cambia la percepción del cuerpo, el tiempo y el espacio. A lo largo de Amutui lafken los elementos naturales se convierten en conductores emocionales y permiten expresar lo que puede ser difícil de expresar.
Uno de los elementos más significativos del poemario es el mar. Esto se debe a que su presencia se construye de manera progresiva hasta llegar al poema final, en el que se convierte en un espacio simbólico de la partida del padre. Esto se refleja en los siguientes versos: “mi chaw reposa de espaldas al agua, / se lo ha llevado el mar / y no me lo devuelve” (Quidel Núñez, 50). A través de estos versos se puede ver uno de los conflictos principales del poemario, es decir, el deseo de recuperar lo que la muerte le ha arrebatado.
En esta misma línea, la memoria es un eje fundamental en el poemario, dado que la voz poética se esfuerza por conservar los detalles del padre y al mismo tiempo reconoce la fragilidad de ese acontecimiento. Esto se refleja especialmente en: “cuando las fotos de rostro se acaben / cuando las palabras agoten la memoria / cuando las historias se vuelvan repetitivas / cuando tú seas siempre tú / ¿qué más quedaría de mí?” (Quidel Núñez 32). Esta pregunta permite comprender que la pérdida no solo es del padre, sino de la propia identidad de la persona que lo recuerda.
Otro elemento logrado en el poemario es la relación entre padre e hija. La autora construye una obra que permite acercarse a ese vínculo a partir de los afectos y contradicciones sin reducirlo a una representación idealizada. El hablante lírico recupera palabras, abrazos, gestos y momentos de la infancia, pero al mismo tiempo reconoce la complejidad de esta relación. Esta dimensión le da cierta profundidad al duelo, ya que lo que se intenta mantener no es una imagen perfecta o idealizada, sino más bien una relación que atraviesa por el amor, el dolor y la memoria.
Otro aspecto por destacar es la presencia del mapudungun, lo cual le da más personalidad y autenticidad al poemario. Las expresiones como tañi chaw, papay, lamgen y pichizomo se integran a la voz poética y permiten que una experiencia personal dialogue con una memoria familiar y cultural. En el último poema, este elemento es más significativo al vincular el mar con la voz del padre conformando el cierre que permite comprender el ejercicio de los recuerdos y la permanencia frente a la muerte.
Amutui lafken es un poemario que para algunos lectores puede ser especialmente significativo al abordar temas relacionados a la memoria, relaciones familiares, duelo e identidad. La autora utiliza un lenguaje que enriquece las imágenes y las conexiones sensoriales, lo cual propone una lectura que no solo depende de una historia lineal, sino también de acompañar emocionalmente los cambios de la voz poética. Asimismo, el poemario puede dialogar con lectores que han experimentado la pérdida de un ser querido, al contener una cercanía que representa las diversas formas que adopta la ausencia. En el poemario, Cherié Quidel Núñez no propone una lectura con respuestas a la muerte, sino que sus poemas permiten reconocer el recuerdo, el cariño, la tristeza y las contradicciones que pueden haber después de perder a un ser querido.
La escritura en Amutui lafken se transforma en una forma de permanecer junto a alguien que está ausente. Cherié Quidel Núñez convierte la pérdida del padre en un viaje poético en el que la memoria, el cuerpo, la naturaleza y la lengua se encuentran frecuentemente. En el poemario el duelo se mueve como el agua que atraviesa por sus páginas, ya que cambia de forma, se acumula, desborda y finalmente termina en el mar. Este poemario no busca resolver el problema de la ausencia que queda, sino aprender a vivir con ella. En sus últimas páginas, el padre pertenece al mar, pero también continúa en la voz poética de la hija que lo describe y lo recuerda. De esta manera, la autora encuentra en la poesía la posibilidad de conservar lo que el tiempo se puede llevar, es decir que mientras las palabras existan, esta relación perdurará en el tiempo al estar plasmada en los poemas.