Entre revuelta y contradicciones. Hacia una lectura del movimiento estudiantil radical japonés
Sobre El movimiento estudiantil radical japonés y el Zenkyōtō [全共闘] (1945-1970), de Tomás Pacheco. Asiática Ediciones, 2026.
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Hay historias que parecen desaparecer detrás de las imágenes con las que acostumbramos reconocer un país. Japón, asociado habitualmente al desarrollo tecnológico, la disciplina social y el extraordinario crecimiento económico de la posguerra, junto a una enorme industria cultural que ha penetrado la cultura transoceánica, guarda también una historia de insurrecciones, conflictos políticos y experiencias revolucionarias que difícilmente encuentran lugar en esa representación. Sobre esta historia escribe Tomás Pacheco en El movimiento estudiantil radical japonés y el Zenkyōtō [全共闘] (1945-1970), publicado por Asiática Ediciones en 2026. A lo largo de sus tres capítulos, el autor reconstruye las transformaciones del movimiento estudiantil japonés, atendiendo especialmente a las contradicciones que atravesaron sus organizaciones, sus formas de comprender la revolución y sus relaciones con una sociedad que experimentaba profundas transformaciones.
El libro comienza con una revisión del pensamiento de izquierda en Japón durante la inmediata posguerra, para seguir las experiencias de la Zengakuren, la aparición de la Nueva Izquierda y la formación del movimiento Zenkyōtō. Sin embargo, lo interesante de este recorrido es que no se limita a reconstruir una sucesión de acontecimientos desde una archivística historiográfica. El autor se pregunta por las ideas que animaron aquellas experiencias y por las transformaciones que experimentaron al enfrentarse con sus propias condiciones históricas. En ese sentido, el libro puede leerse como una exploración acerca de los límites de la política revolucionaria, pero también sobre las posibilidades que aparecen cuando una comunidad comienza a cuestionar las instituciones que organizan su propia existencia.
A lo largo de la investigación, se va reconstruyendo una historia atravesada por las contradicciones que surgieron al interior de la izquierda japonesa, particularmente en la relación entre el Partido Comunista y un movimiento estudiantil que comenzó a distanciarse de sus orientaciones políticas. Lo interesante de este recorrido es que permite advertir cómo las propias experiencias de lucha fueron transformando las maneras de comprender la revolución, desplazando progresivamente las concepciones que la entendían como el resultado de determinadas etapas del desarrollo histórico. Aquello que inicialmente había encontrado en el partido una forma de organización y un horizonte político comenzó a cuestionar sus límites, dando lugar a nuevas prácticas y perspectivas que ya no podían reconocerse completamente en sus estructuras. Se trata, por tanto, de un proceso en el que las diferencias no aparecen simplemente como disputas entre organizaciones, sino como expresiones de una transformación más profunda en las formas de pensar y experimentar la política revolucionaria.
La aparición del Zenkyōtō constituye el momento más relevante del libro. Durante las movilizaciones universitarias de finales de los sesenta, las demandas por democratización y autonomía comenzaron a transformarse en una crítica mucho más profunda a la propia existencia de la universidad. Las ocupaciones, barricadas y huelgas dejaron de funcionar exclusivamente como instrumentos para conseguir reivindicaciones y adquirieron un significado que comprometía la organización misma de la vida estudiantil. Lo que estaba en discusión ya no era únicamente cómo debía funcionar la universidad, sino qué tipo de sociedad contribuía a reproducir y qué lugar ocupaban los propios estudiantes en ese proceso.
Esta última cuestión permite comprender uno de los conceptos centrales del trabajo: la autonegación. El autor recupera las discusiones de los estudiantes japoneses para mostrar que cuestionar la institución universitaria implicaba también interrogarse sobre la propia condición estudiantil. En palabras de uno de los dirigentes citados en el libro, “cuando denunciamos el principio que subyace a la universidad, tenemos que denunciarnos a nosotros mismos” (p. 66). La radicalidad de esta afirmación reside en que desplaza la crítica desde un objeto exterior hacia quienes participan de las relaciones que pretenden transformar. No bastaría, entonces, con denunciar las contradicciones de una institución sin reconocer que la propia existencia se encuentra atravesada por ellas.
En las páginas dedicadas al Zenkyōtō, la relación entre pensamiento y acción adquiere un lugar especialmente interesante, pues las ideas que animaron al movimiento no parecen encontrarse completamente definidas antes de su irrupción, sino que van transformándose en el transcurso de las propias experiencias de lucha. Las barricadas universitarias, en este sentido, difícilmente podrían comprenderse únicamente como imágenes de confrontación con las autoridades, ya que su aparición también alteró las relaciones que habitualmente organizaban la vida universitaria. Los edificios ocupados, las salas de clases y los pasillos comenzaron a recibir otros usos, convirtiéndose en espacios de discusión, encuentro y organización colectiva. Aquello que hasta entonces había funcionado bajo determinadas reglas y jerarquías se encontraba momentáneamente suspendido, abriendo la posibilidad de experimentar otras formas de relacionarse. Quizás una de las cuestiones más sugerentes de este recorrido sea precisamente que la revuelta no solo buscaba transformar las instituciones, sino que, en su propio desarrollo, comenzaba a modificar las condiciones de la experiencia cotidiana de quienes participaban de ella.
Esta transformación también permite comprender la importancia que adquirió el carácter asectario y antivanguardista del Zenkyōtō, especialmente si consideramos las tensiones que anteriormente habían atravesado las relaciones entre el movimiento estudiantil y las organizaciones tradicionales de izquierda. La posibilidad de organizarse al margen de una dirección política previamente establecida suponía algo más que una diferencia en los mecanismos de participación, pues comprometía las propias concepciones acerca de quiénes podían intervenir en la acción revolucionaria y de qué manera debía producirse aquella transformación. En este sentido, Pacheco muestra cómo los comités de lucha fueron constituyendo espacios donde la participación colectiva adquiría una importancia que ya no dependía exclusivamente de las estructuras partidarias. Sin embargo, esta apertura no significaba la desaparición de las contradicciones que atravesaban al movimiento. Por el contrario, las diferencias entre organizaciones, las identidades políticas y las dificultades para superar las formas tradicionales de militancia continuaron presentes, mostrando que incluso aquellas experiencias que buscaban romper con un determinado orden podían encontrarse condicionadas por las relaciones que pretendían transformar.
Esta última contradicción adquiere una profundidad particular en el capítulo final, donde Pacheco introduce el problema del programatismo a partir de las elaboraciones de Théorie Communiste. La discusión permite volver sobre el recorrido anterior desde una perspectiva diferente, interrogando las formas en que históricamente se ha pensado la relación entre proletariado, capitalismo y revolución. Aquello que inicialmente aparecía como una transformación de las organizaciones estudiantiles comienza a revelar un problema que compromete las propias condiciones de posibilidad de la revolución. La autonegación, por ejemplo, constituye una tentativa de superar la identidad que los estudiantes ocupaban en la reproducción de la sociedad capitalista, aunque aquella disposición no implicaba necesariamente la superación de las relaciones que hacían posible esa misma identidad. Lo interesante de esta lectura es que permite reconocer la radicalidad del Zenkyōtō sin convertirlo en una experiencia exenta de contradicciones, atendiendo también a aquello que permaneció irresuelto y a los límites que el movimiento encontró en su propio desarrollo.
Es posible que este esfuerzo por reconstruir las experiencias del movimiento estudiantil desde sus discusiones teóricas constituya, al mismo tiempo, una de las principales virtudes y dificultades del libro. En ciertos momentos, la necesidad de precisar extensamente algunos conceptos interrumpe el curso de los acontecimientos y hace que la argumentación regrese sobre cuestiones anteriormente abordadas. No obstante, aquella insistencia también permite advertir una preocupación que atraviesa toda la investigación: recuperar una historia cuya importancia no puede reducirse a las imágenes de enfrentamientos, ocupaciones universitarias o episodios de violencia que habitualmente acompañan las representaciones de la radicalidad estudiantil japonesa. Pacheco busca encontrar, detrás de esas imágenes, las discusiones y experiencias que hicieron posible su aparición, recurriendo para ello a investigaciones históricas, documentos políticos y materiales cuya circulación en lengua española continúa siendo limitada. Este trabajo de recuperación documental ofrece así una posibilidad de acercamiento a un pensamiento que difícilmente ha encontrado un lugar significativo en nuestras discusiones sobre la historia de los movimientos revolucionarios.
Por otra parte, resulta inevitable que la lectura de estas experiencias provoque ciertas resonancias con la historia de las movilizaciones estudiantiles en Chile, cuestión que el propio autor reconoce desde las primeras páginas del libro. No se trataría, por supuesto, de establecer una correspondencia entre acontecimientos desarrollados bajo condiciones históricas diferentes, sino de reconocer que algunas de las preguntas que atravesaron al movimiento japonés también han aparecido, de distintas maneras, en nuestras propias experiencias políticas. Las relaciones entre autonomía y organización, las dificultades de la representación, las tensiones entre las demandas institucionales y la crítica de las instituciones, o incluso la posibilidad de que una movilización transforme sus propios horizontes durante el transcurso de la lucha, son cuestiones que desbordan el contexto particular en el que surgieron. Quizás sea precisamente esa capacidad de hacer aparecer preguntas en otros tiempos y territorios lo que vuelve especialmente interesante la recuperación de una experiencia que, pese a su distancia histórica y geográfica, todavía puede decirnos algo sobre las formas en que comprendemos la acción colectiva.
A veces, una revuelta llega a otras costas mucho después de haber sido derrotada en las suyas. El océano que separa nuestras experiencias de aquellas que tuvieron lugar en las universidades japonesas durante los años sesenta no parece impedir que ciertas preguntas continúen encontrando lugares desde donde volver a formularse. Quizás porque las derrotas no significan necesariamente la desaparición de aquello que alguna vez consiguió interrumpir el curso habitual de las cosas, ni porque la historia pueda clausurar definitivamente las posibilidades que sus protagonistas alcanzaron a imaginar. Algo de esa persistencia se deja entrever en El movimiento estudiantil radical japonés y el Zenkyōtō, donde Tomás Pacheco recupera una experiencia revolucionaria cuyas contradicciones permiten reconocer que incluso aquello que no logró realizarse puede conservar cierta potencia para pensar el presente. No se trata de encontrar en aquellas luchas un modelo que debamos reproducir, ni de rescatar nostálgicamente las promesas de una revolución inconclusa, sino de atender a las intuiciones que sobrevivieron a sus propias derrotas: la posibilidad de organizarse de otras maneras, de cuestionar las condiciones de nuestra existencia y de imaginar relaciones que todavía no encuentran lugar en el mundo que habitamos. Después de todo, algo permanece de una revuelta cuando sus barricadas han desaparecido y sus protagonistas han abandonado las calles. Tal vez esa sea una de las virtudes más interesantes de esta investigación: permitir que una historia aparentemente lejana vuelva a inquietarnos, recordándonos que las experiencias políticas no se agotan en sus resultados y que, incluso después de la derrota, algunas de sus preguntas siguen esperando otros tiempos y otras voces capaces de hacerlas resonar.