Entre Soft Power y soccer: Un breve análisis histórico de la Copa Mundial de Fútbol de 1994 y 2026 – Carcaj.cl
Entre Soft Power y soccer: Un breve análisis histórico de la Copa Mundial de Fútbol de 1994 y 2026
22 de junio 2026

Entre Soft Power y soccer: Un breve análisis histórico de la Copa Mundial de Fútbol de 1994 y 2026

Introducción

En sus casi 100 años de competición, la Copa Mundial de Fútbol se ha convertido en el evento futbolístico más importante. Cada cuatro años, países de todos los continentes se disputan en un par de semanas la gloria de obtener este trofeo, y quedar para siempre en la historia del fútbol y de sus respectivas naciones.

Sin embargo, durante este casi siglo de competición, podemos observar cómo el fútbol se entrecruza con dinámicas políticas, sociales y culturales, siendo la Copa del Mundo uno de los espacios donde estas dinámicas se desarrollan. En este sentido, el Mundial no solo es un evento deportivo de escala global, sino que también es un evento político. Por su parte, el deporte rey responde al contexto en el que se desarrolla el mundo, no siendo ajeno a las propias coyunturas que suceden a su alrededor.

En este sentido, en distintas ediciones de la Copa Mundial de Fútbol, este entorno sociopolítico permeó el desarrollo de la propia competición, reflejándose desde la disputa por obtener la sede de la competencia, la suspensión de ciertos países en participar, entre otros ejemplos. De esta manera, el fútbol, a través de la Copa Mundial, se configura como un campo de lucha por el prestigio político dentro de los marcos geopolíticos contextuales.

Para este ensayo analicé las ediciones de la Copa Mundial de Fútbol de 1994 y la que comienza en 2026, bajo el desarrollo de la agencia política de Estados Unidos. En este marco, la tesis que planteo es que en ambas competiciones se puede apreciar un interés extradeportivo por parte de Estados Unidos por generar un ambiente propicio para su geopolítica. Las áreas que estudié fueron los aspectos históricos y sociales que antecedieron a estas ediciones, los cuales podrían entregarnos información relevante para demarcar la tesis que defiendo. Con el fin de poder explicar este fenómeno, propuse el desarrollo del concepto de soft power.

Concepto del Soft Power y su uso deportivo

El concepto de soft power se define como la capacidad de “coaptar a la gente en vez de coaccionarla” (Nye, 2019, p. 8). En este sentido, el mecanismo de poder, de conseguir que la gente quiera lo que tú quieres (Nye, 2019), se da despejando la violencia monopólica. De esta manera, los Estados no necesariamente tienen que ejercer configuraciones de violencia física y castigo si algo no se alinea a sus particularidades, sino que puede ejercer una especie de violencia simbólica que coapte.

El término es bastante incipiente, por lo cual no existen suficientes trabajos sobre este concepto, ni menos relacionados a los casos específicos que estoy analizando. Sin embargo, me pareció relevante aplicarlo con el fin de comprender ciertos mecanismos políticos asociados al poder estatal, que se conciben mediante un tipo de violencia simbólica en los contextos deportivos.

El soft power es utilizado como una herramienta del poder, bajo un tipo de violencia simbólica. Es aclarador entender el soft power como algo inherentemente conectado a la diplomacia pública, entendiendo esta última como una herramienta del concepto que analizo (Sevin, 2017). En este sentido, la diplomacia pública como mecanismo de hacer política exterior, es un reflejo de tipos de soft power (Sevin, 2017). Así, la violencia simbólica que implica el soft power en su carácter de política exterior, está relacionada a formas de comprender configuraciones propias del poder, para lograr que la gente acceda en lo que el Estado quiera. Por lo mismo, el concepto es explicativo para entender los mecanismos que los Estados usan en su política exterior, para generar un cierto prestigio en los contextos geopolíticos.

Por ejemplo, cuando Chile quiso ser sede el año 2019 del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), no lo hizo simplemente por azar, sino que el Estado pensó bajo una lógica de coaptación internacional, donde los otros países reconociesen a Chile como suficientemente desarrollado para ser sede de una instancia así, como también una potencia en materia de crecimiento económico y sustentable. En este marco, este status es bidireccional, por un lado, es una forma de prestigio internacional; y, por otro lado, nacional, cambiando las formas en que los ciudadanos locales reconocen al Estado, es decir, un cambio cultural.

En materia deportiva el soft power puede usarse para múltiples casos, siendo relevantes e icónicas las diversas ediciones de la Copa Mundial de Fútbol y de los Juegos Olímpicos. Por ejemplo, la segunda edición de la Copa del Mundo que se realizó en 1934 tuvo como sede a la Italia fascista liderada por Benito Mussolini, quien utilizó la competición para mostrar los logros de sus 12 años de gobernanza. Para el caso, el soft power se muestra en que el fascismo italiano replegó el Mundial con propaganda, haciendo que los jugadores de su selección nacional hiciesen el saludo fascista hacia el palco donde estaba el mandatario. Curiosamente -o no tan curiosamente- Italia salió campeón del mundo contra Checoslovaquia en el Estadio Nacional del Partido Nacional Fascista.

Otro ejemplo, son los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Esta competición se desarrolló en pleno auge de la Alemania Nazi del Tercer Reich. Adolf Hitler utilizó el soft power para posicionar su proyecto racial ante el mundo, intentando colocarlo, mediante el deporte, como una potencia Mundial. Las controversias fueron claras, por ejemplo, la atleta alemana Gretel Bergmann era la mejor en su materia, sin embargo, no fue considerada para las olimpiadas debido a que era judía. También, en relación con el fútbol, en los cuartos de final, Perú le ganó a Austria, pero los austriacos reclamaron sobre el juego, con lo cual se debió jugar un partido de desempate al que la delegación peruana se negó, teniendo que retirarse.

Otro caso importante y relevante para entender el soft power dentro del ámbito deportivo, y específicamente en el fútbol, es el del saludo nazi por parte de la selección de Inglaterra en Berlín en 1938. Lo sorprendente es que a pesar de la avanzada beligerancia entre Gran Bretaña y la Alemania Nazi, los seleccionados ingleses igualmente hiciesen este saludo en suelo alemán, cuestión que sí hacían los deportistas alemanes e italianos en la época. Este ejemplo de soft power hace ver que el régimen nazi impregna la sociabilización política europea en cuestiones que no necesariamente están relacionadas a la política formal. Observando este caso vemos que la utilización del fútbol como soft power es relevante para comprender las sociabilizaciones del poder y la violencia simbólica que se ejerce de manera intencionada, pero “pacífica”.

Figura 1. La selección de Inglaterra y Alemania haciendo el saludo nazi. Tomado de (Watson, 2021)

Fin de la Guerra Fría: El Soft Power Estadounidense en la Copa Mundial de Fútbol de 1994

La caída del Muro de Berlín en 1989 y de la URSS en 1991 generó el desplome del proyecto de los socialismos reales, con lo cual la Guerra Fría finalizó. De este modo, la hegemonía que se encontraba en disputa fue alcanzada por el bloque capitalista, bajo el liderazgo estadounidense. Es en ese contexto político que en 1994 Estados Unidos es anfitrión de la Copa Mundial de Fútbol.

La sede de este Mundial estaba entre las candidaturas de Brasil, Marruecos y Estados Unidos. Tras una estrecha votación, la FIFA eligió en 1988 a este último a pesar de que históricamente no tenía una tradición deportiva ligada al fútbol. Incluso, el seleccionado estadounidense no participó de ninguna cita mundialista desde 1954 a 1986. Ya con la sede, los preparativos no tardaron, y se intentó rápidamente generar una cultura futbolística en la nación con la creación en 1993 de la Mayor League Soccer.

Si bien el país no contaba con esta cultura futbolística, ni tampoco con una infraestructura para practicar el deporte, se utilizaron los estadios de fútbol americano, los cuales contaban con una calidad adecuada para poder soportar un espectáculo deportivo como es un Mundial de fútbol. En este sentido, Estados Unidos logró ahorrarse estos imperfectos, no así otros países sede como Sudáfrica y Catar que tuvieron que, sin una base previa, crear estos estadios gigantes.

En el plano deportivo, esta fue la última Copa Mundial de Fútbol con 24 participantes, lo que permitía el acceso a octavos de final a cuatro de los mejores terceros en las fases de grupo, así como también una mayor competitividad para acceder a uno de los pasajes mundialistas. Entre los participantes curiosos se presenció la primera participación del seleccionado ruso, el cual era una continuación de la Selección de la URSS terminada en 1991; así como también el seleccionado alemán que estaba reunificado luego de décadas de participación dividida.

No es azaroso que justamente la sede de este Mundial haya sido en el “bando” ganador de la Guerra Fría, a pesar de que su elección fuese anterior a la caída del eje comunista. Por un lado, tanto la RDA y la URSS vivían profundas crisis económicas, sociales y políticas, lo cual desembocó en su desaparición. Por otro lado, en aquellos años Estados Unidos vivía buenos momentos. Con su participación en la Guerra Irán-Irak, motivada por intereses petroleros de la zona, consiguió un resultado económico favorable, lo cual implicó una política bélica positiva para el país. También en aquel año se celebraron nuevas elecciones presidenciales en EE. UU, la cual fue ganada por el candidato George Walker Bush, que continuó con la presencia republicana en la Casa Blanca.

En virtud de ello, podemos considerar que el protagonismo de Estados Unidos como anfitrión de la cita mundialista recae en lo que expliqué como soft power, ya que el evento deportivo fue utilizado por esta nación como una herramienta política del poder. En este sentido, la Copa Mundial de Fútbol de 1994 se traduce como una nueva victoria política por parte de Estados Unidos, una especie de triunfo total que podemos enmarcar en las consecuencias de la Guerra Fría.

Con esto Estados Unidos muestra nuevamente su monopolio del poder en materia geopolítica, pues no solo triunfa sobre los soviéticos, sino que resalta esta victoria geopolítica en la realización del evento deportivo más importante a nivel Mundial. De esta manera, la Copa Mundial de Fútbol se comprende bajo una diplomacia pública, por ende, como un tipo de soft power que entiende este evento deportivo como una forma de ejercer poder sobre un otro, generando una imagen positiva y poderosa de la nación en cuestión.

Así, el soft power estadounidense se tradujo en un prestigio, específicamente en materia de política exterior. Por ende, con la elección de la sede mundialista, Estados Unidos replegó un status político distintivo frente a sus enemigos, a pesar de la casi nula cultura futbolística del país. En ese contexto, Estados Unidos expande un tipo específico de poder, un poder con carácter simbólico, ajeno a las armas e incidencias bélicas.

El Mundial en cuestión fue un éxito, Estados Unidos logró su cometido en materia de fútbol, el cual consistía en levantar una industria casi inexistente y colocar al país como una nación ejemplar. En consecuencia, este fue un buen comienzo para levantar el fútbol nacional, consiguiendo la clasificación continua en la Copa Mundial de Fútbol hasta la edición de 2014; siete títulos de la Copa Oro de la Concacaf (el primero de estos “curiosamente” fue en 1991); y tres títulos de clubes nacionales en Copa de Campeones de la Concacaf.

Figura 2. Diana Ross en su espectáculo inaugural de la Copa Mundial de Fútbol de 1994. Tomado de (FIFAMuseum, 2025)

Política mundialista de Donald Trump: Soft Power en contexto de los conflictos en Medio Oriente y la Copa Mundial de Fútbol de 2026

La Copa Mundial de Fútbol de 2026, con sede en Canadá, Estados Unidos y México fue electa el año 2018, ganando la elección contra la candidatura de Marruecos. Por su parte, esta edición tiene dos particularidades nuevas: por un lado, este es el primer Mundial con tres países como sede; por otro lado, este Mundial tendrá 48 participantes, lo que provocó que nuevas naciones con poca o nula participación en este magno evento se clasificasen.

En el plano político, curiosamente -o no tan curiosamente- durante el 2018 se desarrollaron protestas masivas de Palestinos en la Franja de Gaza, las cuales fueron violentamente reprimidas por las fuerzas israelíes. En este contexto, el papel de Estados Unidos no fue secundario, por el contrario, el presidente de la época, Donald Trump, aclararía en el 2017 a la opinión pública que la nación norteamericana reconocía a Jerusalén como la capital de Israel, siendo este un gran gesto político a favor del Estado judío. Por lo tanto, no es azaroso que Estados Unidos nuevamente quisiese imponerse como sede de un Mundial de fútbol, ya que sus intereses políticos en Medio Oriente estaban latentes.

Más adelante, en octubre de 2023, estalló una nueva etapa de la guerra de Israel contra Palestina. Hasta la actualidad, el conflicto se ha caracterizado por el apoyo tanto de Estados Unidos a Israel, así como de Irán a Palestina. El 2026 comenzó una nueva etapa del conflicto, debido a una ofensiva estadounidense en Irán, que resultó en el magnicidio del Ayatola Alí Jameneí. Actualmente, y de manera resumida, el conflicto en Irán tomó un rumbo económico, con el cierre del Estrecho de Ormuz y la constante amenaza de una guerra nuclear.

De esta forma, nuevamente estamos ante un caso de soft power ejercido por Estados Unidos. En este ejemplo, este país ejerce un poder simbólico, en el cual intenta coaptar y legitimar sus posiciones políticas frente al mundo, para así obtener un lugar aún más privilegiado dentro de la geopolítica, especialmente en los conflictos que participa. De este modo, Estados Unidos monopoliza el poder, tanto con una violencia física, como simbólica.

Por su parte, el fútbol como soft power estadounidense no solo funciona para una coaptación de la comunidad internacional mediante la política exterior, sino que también se ejerce hacia su propia política interna. En este contexto, un ejemplo es la utilización del club Inter Miami. En marzo del 2026, en medio de una dura política contra la inmigración y la captura del mandatario venezolano Nicolás Maduro, Donald Trump se reunió con el plantel del club en la Casa Blanca, con la presencia mediática de Lionel Messi, la estrella futbolística más grande de los últimos 15 años. El plantel del Inter de Miami consta en su mayoría de jugadores latinoamericanos, lo que, a mi parecer, se tensiona con las políticas migratorias de Trump. Así, el Inter de Miami es movilizado hacia una política de soft power, utilizando su imagen para que la comunidad mundial y especialmente latinoamericana sea coaptada bajo la política actual estadounidense.

Hacia lo externo, el intento de legitimación estadounidense es claro pensando en dos ejemplos. En primer lugar, el seleccionado iraní se clasificó para esta cita mundialista, lo que implicó una serie de complicadas declaraciones del mandatario estadounidense hacia este plantel. En segundo lugar, y el cual considero de mayor relevancia para comprender el soft power, es la obtención del Premio de la Paz de la FIFA de Donald Trump. El premio fue anunciado en noviembre del 2025, y entregado en diciembre del mismo año, en el evento del sorteo de la Copa Mundial de Fútbol.

Con este último ejemplo el soft power se reconoce en el sentido de legitimación y coaptación en un contexto de violencia bélica en Medio Oriente. Es decir, la obtención de este reconocimiento hace ver a Donald Trump como un héroe y promotor de la paz mundial, legitimado por la FIFA (órgano mundial y oficial del fútbol). De esta manera, este gesto político intenta validar todas las acciones violentas que la política exterior estadounidense ha desarrollado en el marco de la presidencia de Trump. Este suceso recae en una violencia simbólica, donde mediante una política de soft power se coapta.

Figura 3. Donal Trump recibiendo el Premio de la Paz la FIFA. Tomado de (Los Ángeles Times, 2025)

Conclusión

A modo de conclusión, se puede entender que una de las formas de hacer geopolítica por parte de Estados Unidos tiene relación con el soft power, específicamente desarrollado en el marco de los deportes. Especialmente, los casos de la Copa Mundial de Fútbol de 1994 y 2026 son propicios para comprender el cómo se desarrolla una coaptación de intereses en política exterior, la cual legitima posiciones en este orden mundial.

Considero que este trabajo tiene ciertas limitaciones y desafíos, ya que casi solo usé ejemplos de fútbol y distantes entre ellos históricamente. Por lo cual, me parece interesante comprender cómo el soft power puede ser entendido para otros deportes y sus contextos sociohistóricos, por ejemplo, para casos de resistencia política. En este sentido, creo que el soft power entrega una manera novedosa de comprender el poder y la violencia simbólica. Por ende, este trabajo podría servir como una especie de bosquejo y punto de partida para futuras investigaciones que utilicen este enfoque.


Referencias Bibliográficas

FIFA Museum [@fifamuseum]. (25 de diciembre de 2025). “Like many before her, Diana Ross discovered first-hand just how unpredictable football can be at the FIFA World Cup 1994” [Fotografía]. Instagram. https://www.instagram.com/p/DSsT7qljcL5/

Los Ángeles Times. (9 de diciembre de 2025). Premio de la paz para Trump genera queja contra Infantino ante investigadores éticos de la FIFA. https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2025-12-09/premio-de-la-paz-para-trump-genera-queja-contra-infantino-ante-investigadores-eticos-de-la-fifa

Nye, Joseph. (2019). Soft Power and Public Diplomacy Revisited. The Hague Journal of Diplomacy 14, 7-20.

Sevin, Efe. (2017). Understanding soft power through public diplomacy in contrasting polities. En Naren Chitty, Li Ji, Gary D. Rawnsley y Craig Hayden (Eds.), The routledge handbook of soft power (pp. 62-71). Routledge.

Watson, G. (2021). El día en el que la esvástica nazi ondeó en Reino Unido. BBC News. https://www.bbc.com/mundo/noticias-58537488

José Pozo Neumann

Sociólogo y Licenciado en Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Estudiante de Magíster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile. Encargado del Archivo del Club Social y Deportivo Colo-Colo, miembro del Área de Patrimonio del Club y de la Fundación Centro de Estudios Mirko Jozic.

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