Humanizar la IA, deshumanizando lo humano: elucubraciones a partir de algunas escenas
…y en estos momentos aún no sabemos si la vida cultural puede sobrevivir a la desaparición de la servidumbre
– Alain Besançon
1. Más humanos que los humanos
La primera escena evocada es de Blade Runner (1982). Puede que recuerden de ella que la corporación Tyrell tenía su objetivo comercial consagrado en el lema más humanos que los humanos. En esta ficción, los replicantes, humanos creados artificialmente con métodos de ingeniería genética, eran diseñados con capacidades sobrehumanas de fuerza, destreza, inteligencia e incluso belleza, para finalmente ser subordinados a la esclavitud en diversas labores, que iban desde carga y descarga, pasando por ser empleados como soldados de guerra llegando hasta modelos de placer. El problema, sin embargo, que gatilla el argumento de la película, es que tales replicantes desarrollan emociones, adquieren conciencia de su condición de servidumbre, son esclavos y, por lo tanto, atentan contra los deseos humanos (corporativos) que están inscritos en su existencia. Se enojan, entristecen, se enamoran y sufren el miedo a su muerte, en consecuencia, se rebelan.
¿Cómo se distingue un replicante de un humano? En el filme esta pregunta se resuelve parcialmente por medio del test Voight-Kampff o test de empatía, una prueba psicológica diseñada para provocar respuestas emocionales involuntarias. El test delataría la naturaleza del replicante debido a que este último está desprovisto de aquella sensibilidad, recuerdos, sentido común y empatía que involucra la condición humana: nacer, poseer vivencias y experiencias propias, no diseñado en un laboratorio. El test, sin embargo, se complica cuando un replicante tiene recuerdos implantados para hacerlo mentalmente más estable. Eldon Tyrell, dueño de la corporación, buscaba generar replicantes con recuerdos para ofrecerles un colchón de apoyo para sus emociones y, en consecuencia, controlarlos mejor.
2. Más humanos que los humanos, al menos en los chats
La segunda escena que propongo nos traslada hasta hoy, a aquello que acontece frente a nuestras miradas. Pasando de esta ficción literaria y cinematográfica a nuestra complicada actualidad, constatamos que las preocupaciones y cuestionamientos que la acompañan no parecen ser tan distintas de las expuestas en la película. El desarrollo de la inteligencia artificial, particularmente las LLM, cuyo propósito declarado es el de imitar el lenguaje humano, idealmente más humano que los humanos, no ha dejado ningún ámbito de la vida social exento de su alcance. Educación, salud, seguridad, trabajo, arte, política, guerra (genocidios), son solo un espectro de los ámbitos más generales en los cuales la IA ha extendido su existencia sin rendir cuentas a nadie.
En esta escena, un personaje, interroga sobre la inteligencia de la IA y se le ocurre una forma de responder. El famoso test de Turing tiene por objetivo someter a prueba una inteligencia artificial. La premisa es simple: un humano conversa mediante chat de texto con dos agentes: una inteligencia artificial, por un lado, y un humano, por otro. La prueba implica que el humano debe determinar quién es quién, cuál chat era humano y cuál la inteligencia artificial. En otras palabras, si el humano detecta que está conversando con una inteligencia artificial, aquella inteligencia reprobará el test. Pero, si producto de la conversación, el humano declara haber estado chateando con otro humano cuando este era en realidad una inteligencia artificial, se dice que la IA pasó la prueba. Se postula que es inteligente en tanto demuestra un comportamiento indistinguible del ser humano.
El estudio de Jones et al (2025) sometió a ChatGPT-4 a esta prueba. Los hallazgos son por lo menos interesantes: un 77% de las veces ChatGPT fue considerado humano, mientras que los humanos fueron considerados humanos un 71% de las veces. Significa esto, se desliza, que la IA hace tan bien su trabajo de imitar el lenguaje humano “natural” que ya no es posible distinguirla de un humano real, al menos a través de un chat de texto. Esta escena podría incluir uno que otro logro de la IA cuando esta se sitúa en competencia contra galardones humanos, lo que tiende a subrayar el alcance de su inteligencia. Sin embargo, se los dejo a ustedes.
El personaje de la escena responde a su interrogante, como buen amante de los datos, afirmando que estos avalan la inteligencia de la IA: la consideramos más humana que los humanos, el sueño de Tyrell va cobrando forma en nuestro mundo. Seguidamente, consulta respecto a la materia que le da sustento, además del entrenamiento general con literatura humana y del primer mundo, encontrando que se dedican grandes esfuerzos a su mantención: inmensas infraestructuras destinadas a sostener y aumentar su inteligencia con consecuencias no menores. Por ejemplo, en 2025, el consumo eléctrico de centros de datos globales alcanzó una cantidad similar de toneladas de emisiones en CO2 que toda Argentina, y se proyecta que el 2030 consumirá tanta agua como 1.300 millones de personas (UNU, 2026). En Chile, para consultar un dato local, el data center ubicado en Cerrillos, usa alrededor de 230 litros de agua por segundo, equivalente al consumo de 40 mil hogares (Ciper-chile). Queda la sensación de que para seguir confundiendo a la IA con los humanos debemos ofrendar recursos de la magnitud de hasta ciudades o naciones enteras.
3. Menos humanos que las máquinas, al menos en atención y recursos
La escena siguiente se confunde entre lo onírico y lo premonitorio, tiene ese efecto borroso que difumina contornos pero baja la saturación, esta es una escena en la que se siente que ha pasado largo tiempo para llegar ahí. Esta elucubración de ensueño sugiere que los humanos fueron gradualmente desplazando su mirada y atención de otros ojos o paisajes hacia pantallas negras que relucían y confortaban como nada. En este ensueño, el personaje recuerda el dato del 77-71, la prueba de humanidad a favor de las máquinas, pero en lugar de solo asombrarse, también se lamenta. No cree que las IA sean más humanas que los humanos, no cree que la confusión de la máquina con lo humano se deba principalmente a que la máquina imita muy bien el lenguaje humano escrito, plantea en su lugar una tentativa otra, según la cual los humanos nos hemos insensibilizado con lo propiamente humano en la medida que nos hemos sensibilizado más con esas pantallas, con las formas, el confort y apoyo de las máquinas. ¿Acaso nos hemos estado relacionando mucho con tecnologías y dispositivos y menos con humanos? (Berardi, 2017).
Se estremece, no podría ser cierto, evoca algunas imágenes: personas recurren a IA para consultas, sentir compañía y hasta terapia psicológica, editoriales, noticias y propaganda hablan de que la IA entiende, también que se escapa de lugares, que puede engañar y aconsejar, puede mentir o decir la verdad, que educa e investiga, en definitiva, que habla, se mueve, permanece, aprende y contribuye a la humanidad, pero que tendría también el potencial de destruirla. Utopía y distopía.
Mientras en el mundo terrenal nos preocupamos por las problemáticas asociadas a la delegación cognitiva –los jóvenes no están pensando por sí mismos–, de la instrumentalización del robo masivo de datos –la IA te conoce mejor que tú mismo y se utiliza para coaccionar–, de sus implicancias medioambientales –la IA requiere más luz y agua que miles de hogares–, como si todo ello fuera consecuencia de la IA, la tentativa de estas escenas de ensueño proponen algo distinto: la IA es la consecuencia de la delegación cognitiva, del robo masivo de datos y las implicancias medioambientales, es la consecuencia histórica de estos actos de desposesión colonial, del ejercicio de la servidumbre. No es por otra razón que los dueños de la IA provienen de países imperiales.
4. ¿Entre tecnofobia y tecnosolucionismo? No, es tecnofascismo
En esta escena el personaje se despierta abrumado producto de algún sueño que ya no recuerda bien, si bien todavía presa de los encantamientos del sueño, se aventura a reconstruir qué fue lo que soñó. Pasa sobre su memoria la idea de que la IA llegó para quedarse y que tiene grandes rendimientos en diversos ámbitos. No hay que caer en la más tentadora tecnofobia, cuya consecuencia tormentosa es un deseo por un primitivismo o la resignación pesadillesca al tecnoapocalipsis, pero tampoco habría que dejarse seducir por la creencia de que es esta tecnología y no otra la que es portadora privilegiada de las soluciones necesarias para cualquier ámbito. Ya más sacudido del sueño, piensa que la preocupación de este balance es la pregunta por la ecología política: el modelo de mundo que requiere la IA, el mundo que sus dueños tecnofascistas están empeñados en promover y van materializando con sus alianzas de gobierno de ultraderecha, es un mundo terrible: subordina los intereses comunes a los intereses de los magnates de la IA. Un mundo sin alianzas humanas, destripando los vínculos humanos en relación consigo mismo, otras especies y sus ecosistemas. Y lo peor es que venden ese mundo como inevitable.
5. Un test de empatía: fuerzas para la imaginación política
Van terminando las escenas y vemos cómo personas le cuentan sus problemas cotidianos, laborales o existenciales a la IA, recurren a ellas como figuras de autoridad del saber, depositan en ella una gran fe para resolver problemas en el futuro y ofrendan grandes cantidades de recursos para sostener su existencia, y cada vez exige más. Este paisaje insinúa que la IA goza de autoridad, requiere atención y cuidado, un empeño colectivo que consentimos sin que jamás se nos haya preguntado, cuidar a la humanidad terminará por ser secundario. Humanizamos a la IA pues es ella quien requiere cada vez más atención, cuidado, presencia y recursos para que algún día llegue a cumplir todo lo que promete. En paralelo, se sigue deshumanizando al humano: guerras, genocidios, crisis de salud global, precariedad y vulnerabilidades provocadas por otros humanos, caen en el plano de lo irresoluble por medios humanos. Lo humano como instancia colectiva y todo lo que conlleva es un elemento menor para imaginar un futuro mejor.
Si se sacrifica una visión de lo humano para la IA, ¿quién, entonces, trabaja para quién? La última escena es una imagen estática, que va desvaneciéndose en la oscuridad, ya es otro personaje distinto al que evoca la cita inicial, no pasó mucho tiempo y reparó en que la cultura de la IA es una cultura de la servidumbre. Es género de la distopía bien documentada en la que no hacemos que la IA trabaje para el bien común, sino que subordinamos el bien común para ella, es decir, que finalmente, son los humanos los que trabajan para ella y no porque así lo quieran.
En Blade Runner sucede al final que el replicante al que el protagonista debe retirar (asesinar) acepta su muerte –codificada en su diseño en tanto obsolescencia programada para prevenir la rebeldía producto del desarrollo de emociones– y demuestra compasión con un gesto que delata indirectamente un reproche a la frialdad de los humanos que le querían dar caza. ¿Pasaríamos el test de empatía Voight-Kampff?
Referencias:
– Berardi, F (2017). Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva. Editorial Caja Negra.
– Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Publicado originalmente en 1968. Mi edición es de Editorial Planeta (2022).
– Blade Runner (1982). Película de Ridley Scott.
– DW (2026). ONU: solo diez países gastan más electricidad que la IA. En https://www.dw.com/es/onu-centros-de-datos-ya-consumen-m%C3%A1s-electricidad-que-todos-los-pa%C3%ADses-salvo-diez/a-77474945
– Saavedra, J., y Miller, T. Un fantasma con sed recorre Chile: IA, data centers y Trump. En CIPER Chile: https://www.ciperchile.cl/2026/02/02/un-fantasma-con-sed-recorre-chile-ia-data-centers-y-trump/
– Cameron Robert Jones, Ishika Rathi, Sydney Taylor, and Benjamin K. Bergen.2025. People cannot distinguish GPT-4 from a human in a Turing test. In The2025 ACM Conference on Fairness, Accountability, and Transparency (FAccT’25), June 23–26, 2025, Athens, Greece. ACM, New York, NY, USA, 25 pages. https://doi.org/10.1145/3715275.3732108
– UNU-INWEH Report: Aczel, M., Chamanara, S., Matin, M., Farsi, A., Marwala, T., Madani, K. (2026). Environmental Cost of AI’s Energy Use: Carbon, Water and Land Footprints. United Nations University Institute for Water, Environment and Health (UNU-INWEH), Richmond Hill, Ontario, Canada. doi: 10.53328/INR26RMA002