Un manual para disputar el mapa. Sobre «Cartografías radicales», de Lorenza Pignatti – Carcaj.cl
Un manual para disputar el mapa. Sobre «Cartografías radicales», de Lorenza Pignatti
08 de noviembre 2026

Un manual para disputar el mapa. Sobre «Cartografías radicales», de Lorenza Pignatti

El texto que sigue fue leído en la presentación de la edición en español de Cartografías radicales, de Lorenza Pignatti, realizada el 1 de octubre de 2026 en Santiago de Chile. Se reproduce con ajustes mínimos para su lectura.
§

El libro puede entenderse como un manual. Manual en sentido estricto: algo que está a la mano. De ahí que admita una lectura rapsódica, sin seguir necesariamente el orden que va de A a B. Puede establecer sus propias relaciones, hacer rimar fragmentos de una y otra parte y, por supuesto, ponerse en relación con otros objetos.

En tanto manual, en tanto caja de herramientas, el libro toma posición: señala la cartografía en lo contemporáneo como máquina totalitaria de gobernanza del presente.

Toma de posición

Lo que el libro subraya una y otra vez es que “la cartografía hoy ya no es el antiguo dispositivo ideológico de caracterización y subjetivación del mundo, sino que sobre todo es un dispositivo de rastreo intensivo de sujetos y objetos conectado a la acción directa: geolocalización como pilar de la economía o marcador de objetivos políticos”. En contraposición, la contra-cartografía opera como dispositivo de disidencia activa, orientando el mapeo siempre a la acción. Veremos entonces en este libro la práctica cartográfica anudada a la urgencia: práctica reflexiva, ciertamente, pero empujada y apurada por disputas contingentes, que es, al final, la firma de nuestro presente.

Posición de lectura

Como ya se dijo, este libro admite múltiples formas de lectura y cada parte tiene autonomía. Eso no impide que tenga una partitura, que va desde el “estado de situación”, pasa por la “investigación en estrategias reivindicativas” y llega a “la imaginación y la ficción política”.

Para leerlo desde nuestra posición son fundamentales la introducción de Carla Ayala Valdés y el prefacio de Pignatti a esta edición, que en suma nos recuerdan que en su origen este es un libro europeo y angloparlante. En su prefacio, Pignatti propone un modo de lectura signado por un genocidio, y situado en un Chile zonificado como lugar de extractivismo estratégico de la globalización. Iniciar la lectura con esto en mente es un anclaje para establecer nuestras propias relaciones con el libro. Más adelante, citando a Latour, Pignatti plantea que,”‘aunque todo debería ser global, nadie tiene una visión global, porque toda visión es siempre localizada; la perspectiva localizada debe ser entonces una fuga para reorientarnos’.

Repitiendo el gesto con que el libro abre su partitura, hice el ejercicio personal de construir mi propio “estado de situación” como contexto de lectura: 

  • La post-globalización ha convergido en una guerra fría, y el principal tema en Europa hoy es una reorganización con foco en una guerra entre Rusia y la OTAN. La retórica europea señala la inevitabilidad de una nueva guerra en su territorio antes de 2030; este libro es posiblemente un documento de preguerra.
  • El centro de poder se desplaza del antiguo eje atlantista, de 750 millones de habitantes, a la convergencia económica de 5.000 millones de habitantes gravitando entre China e India. El ecuador político y la hegemonía cultural se están desplazando con la forma de una colisión entre multipolaridad y unipolaridad. Tanto el choque como el desplazamiento son inevitables.
  • En cuanto a nosotros, al momento de esta presentación faltaban tres días para saber si Brasil formaría parte del “escudo de las Américas”, sellando la alineación de Sudamérica con EE.UU., o si se instalaría como bastión multipolar y teatro de operaciones de la guerra fría [La definición llegó en segunda vuelta, el 25 de octubre de 2026, con la reelección de Lula da Silva]. 

Se proponen aquí tres tópicos, destilados entre los muchos que el libro admite. 

1. Umbral del presente

La introducción del libro sitúa un umbral de entrada cuyo espesor está dado por el encuentro entre la liberalización del GPS (2000) y su incorporación en el iPhone 3G (2008). Se trata del anudamiento entre la panóptica orbital y el dispositivo celular, cuyo resultado es la disolución de los nuevos sujetos y objetos trackeados en un enjambre de entidades interrelacionadas. Quisiera intersectar en esta proposición la Ley Patriota (2001), que refunda internet como campo de batalla de una cyberwarfare, entendida como política y sentido.

Aquí el umbral del gran presente no es la caída del Muro de Berlín, la propagación de internet, el Consenso de Washington ni la universalización de la OMC. Es el momento en que los sujetos y los objetos se vuelven rastreables desde una superficie fenomenológica. El mapa y el territorio se funden en una experiencia mixta. Cuando el mapa y el sujeto se vuelven unívocos, la experiencia humana se vuelve paranoica.

Siguiendo la teoría del actor-red (ANT) de Latour, que atraviesa todo el libro, el texto confronta permanentemente la agenda de disolución de lo humano en el tejido de un mundo mal integrado por una máquina de dominación opaca. Ya en la introducción, en una rima con el antepenúltimo capítulo, Pignatti sugiere una primera fuga: la posibilidad de que no todo sea sujeto de cartografía, en un mundo que se presenta tautológicamente diagramado por ella. Esta fuga la encuentra en sus pesquisas en ecofeminismo y ecología queer.

2. Medios locativos y estrategias artísticas postlocativas

El libro parte de los medios locativos, entendidos como la experiencia cultural, comunicativa y sensible del rastreo y la geolocalización. Es decir, como la forma en que habitamos cotidianamente el hecho de ser localizados. Pero no se detiene en la superficie de esa experiencia. Desplaza la mirada hacia lo que opera tras bambalinas: el capitalismo de vigilancia.

Su funcionamiento se describe como una cadena precisa. Primero, la extracción de datos. Luego, el procesamiento de esa materia prima, que no es otra cosa que la experiencia humana. Finalmente, la fabricación de predicciones. El rastreo deja así de ser un efecto colateral de la tecnología y se revela como su fundamento productivo. De esa cadena surge un nuevo tipo de excedente y una nueva clase de bienes, y su dominio es siempre corporativo. Lo que se vive se convierte en recurso, y ese recurso tiene dueño.

Primera observación de la práctica artística

La primera aproximación del libro al arte no llega como celebración, sino como advertencia. Pignatti vuelve sobre los artistas de principios de siglo que, con el GPS recién liberado, ensayaron con entusiasmo el trackeo de las respuestas de los participantes en sus tecno-performances y tecno-derivas. Lo que entonces se presentaba como juego, exploración o nueva forma de deriva urbana es leído hoy bajo sospecha: aquella gamificación ensayaba, sin saberlo, los protocolos de captura que vendrían después.

La autora señala “lo difícil que se vuelve discernir la diferencia entre la práctica del arte local y la start-up. (…) Al final los medios locativos eran los precursores de la sociedad de control (…) lo que parecía utópico y vanguardista a principios de la década de 2000 fue engullido en pocos años por multinacionales”. El diagnóstico señala una ingenuidad estructural: la vanguardia funcionó como laboratorio de pruebas para la industria de vigilancia y control.

De ahí la exigencia que Pignatti recoge de Brockman: “quienes utilizan medios locativos deben declarar que se basan en tecnologías de vigilancia y control”. Una ética mínima de la transparencia, que obliga al artista a tomar una posición frente a la herramienta que usa.

El contexto artístico diagramado por los medios locativos

Superada la etapa de la experimentación, los medios locativos dejan de ser una herramienta que el artista elige y pasan a ser un ecosistema que se le impone. Pignatti se pregunta por ese entorno ineludible, por la nueva e inevitable materialidad con la que el artista debe trabajar. De este nuevo diagrama-mundo se desprenden algunas condiciones taxativas:

  1. La performatividad corporal sucede siempre en un espacio híbrido.
  2. En la investigación del artista se cuela siempre el inforg (organismo informacional), un agente no humano y excéntrico.
  3. El artista participa activamente en la cadena de conexiones en red. Ese tejido es el espacio de agenciamiento, entendido como la capacidad de hacer que algo suceda en el diagrama.
  4. El artista va al encuentro de la voluntad política del “usuario”, es decir, del sujeto trackeado, que es a la vez mina de materia prima.
  5. El dispositivo sistémico es también -quiera o no- un dispositivo de producción cultural.
  6. En todo ello vibra siempre lo que el código incluye y excluye.

¿Qué hacer?

Tras el diagnóstico, el libro gira hacia la acción. La pregunta central la formula la propia Pignatti: “¿Qué estrategias pueden desarrollar los artistas para no ser meros testigos de la producción, postproducción y distribución de datos e imágenes? ¿Cómo pueden formalizarse las nuevas investigaciones y cartografías para la producción de reivindicaciones políticas y sociales?” (p. 102).

No hay una respuesta única. Observando y conversando con artistas y activistas, la autora reúne respuestas parciales, tácticas más que programas, que en conjunto esbozan un repertorio de resistencia:

  1. Comprender, sin ingenuidad, la utilidad y el uso de las imágenes generadas por máquinas. Lo primero es saber qué hacen y para quién trabajan.
  2. Desvelar los discursos geopolíticos que portan las imágenes operativas.
  3. Visualizar pruebas de crímenes y problematizar los regímenes de verdad. Operar en el campo de los derechos humanos mediante el análisis espacial sincrético. El caso Forensic Architecture. Su trabajo realiza una doble operación. Por un lado, construye una narrativa estructurada, con marcos probatorios, que sirve a procesos de investigación judicial. Por otro, produce imágenes de crisis complejas allí donde no existen. La comunidad recibe así información táctica en dos niveles para enfrentarse al poder.
  4. Abrir la caja negra de la infraestructura, también la energética, con especial urgencia en Sudamérica. Aquí la relación con la infraestructura es concreta y territorial: fuentes de agua, zonas de sacrificio, basurales, data centers.
  5. Apropiarse tácticamente de la cartografía disponible y volver contra el poder sus propias herramientas.
  6. Hibridar la web y el espacio físico: trasladar la inmaterialidad al territorio.
  7. El camuflaje. Si la tecnogobernanza basa su dominio en la opacidad y la insondabilidad, la opacidad puede ser también un arma de quienes resisten.

3. Corte, flujo y superposición

Desde otro registro, la globalización aparece como superestructura de fondo que tiñe todas las investigaciones artísticas que Pignatti recorre en la segunda parte del libro. Se trata de la primera gran reestructuración capitalista del espacio a escala prácticamente total. La movilidad transnacional de capitales y los intercambios económicos y comerciales se integran en un único mercado global, “un adentro sin afuera”.

En este escenario, las fronteras nacionales caen en la irrelevancia. Todos los territorios quedan superpuestos por rutas migratorias, cambio climático, extracción de recursos naturales, explotación y producción. Pignatti sigue la búsqueda de medios visuales capaces de volver comprensibles los procesos de globalización, que en su opacidad contienen crisis militares, financieras y sociales, una desigualdad obscena entre riqueza y pobreza, las cuestiones de género y la crisis socioambiental.

En la observación de Pignatti se percibe con nitidez la operación deleuziana de corte y flujo. La globalización corta: traza líneas, fortifica fronteras, delimita zonas. Al mismo tiempo, hace fluir capitales, mercancías, personas y residuos. Leída desde un marco materialista, esa doble operación es la forma misma del control global y, en sus antípodas, el terreno donde emergen formas de resistencia. Para toda práctica cartográfica que se quiera crítica se sigue una exigencia: no dejar pasar los nuevos objetos que la globalización inscribe en el mapa. En ellos un territorio puede ser interrogado a la luz de sus zonas de colisión.

Cortes

  1. Ecuador político: functioning core / non-integrated gap.
  2. Fronteras disputadas.
  3. Fronteras fortificadas.
  4. La línea en el mapa: cicatriz que marca el destino de las personas.

Flujos

  1. Fronteras / flujos migratorios.
  2. Estrechos y deltas, puertas de entrada de capitales extranjeros.
  3. Nomadismos de la globalización, formadores de centros de explotación y producción.
  4. Centros de producción y explotación.

Superposiciones

  1. Órdenes especiales: offshore, zonas francas, zonas económicas especiales.
  2. Minigobiernos separatistas.
  3. Archipiélagos de excepción. Territorios ocupados y estado de excepción, con la fragmentación y disolución de Palestina como proyecto político definido.
  4. Campos de refugiados, de temporales a permanentes: la humanidad sobrante.
  5. Derecho de ciudadanía, en el par pertenencia / exclusión.
  6. El pasaporte como forma y duración. De un lado: rápido, recto, suave, autopista. Del otro: caminos de tierra, bloques de hormigón, puestos de control.

A la mano

Los tres tópicos propuestos son destilaciones de una primera lectura, la primera de muchas que el libro reclama. Bastan, sin embargo, para mostrar la riqueza de conceptos y enfoques que pone en juego, y para confirmar lo anunciado al comienzo: estamos ante una caja de herramientas.

Como tal, el libro hace dos cosas a la vez. Levanta un estado de situación de la cartografía en el presente y reúne estrategias de resistencia política y líneas de fuga frente a ella. Su construcción molecular es lo que lo vuelve un instrumento. Cada fragmento puede extraerse, cruzarse con otros, ponerse a rimar con otra parte del libro o con objetos que están fuera de él. Ahí reside el poder de su lectura rapsódica: permite minar ideas, temas y casos según la urgencia de cada investigación, sin perder nunca la posición políticamente crítica desde la que está escrito. En ese recorrido, Pignatti no viaja sola. La acompaña un elenco de pensadores y artistas convocados con precisión, que hacen del libro también un mapa de interlocutores.

Cartografías radicales está llamado a ser una herramienta pedagógica de consulta habitual en el amplio espectro humanista que va de las artes a las ciencias sociales, tanto en las universidades como en los núcleos artísticos. Es un manual en el sentido más exigente: un libro para tener a la mano mientras se disputa el mapa.

Cristián Espinoza

Arquitecto (UC) y entusiasta del arte y la cartografía. Sus prácticas están enfocadas en Artes, Ecología Política y DDHH, tras el registro de la colisión entre la superestructura post-global y la carne Sudamericana bajo la sombra de la presente guerra fría.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *