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La lógica de los sueños

Foto: Winett de Rokha. Fuente: Memoria Chilena

04 de septiembre 2026

La lógica de los sueños

La primera parte de este ensayo es una adaptación del prólogo de la traducción de Oniromancia, editada en 1943 por Winétt de Rokha y publicada bajo el título Oneiromancy (Smokestack Books, North Yorkshire, Reino Unido) en 2019. La segunda parte del ensayo corresponde al texto que acompañó el lanzamiento del libro el 13 de diciembre de 2019 en la Fundación De Rokha, Santiago de Chile, en el contexto del estallido social en Chile

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¿Puede una parte de la mente permanecer despierta mientras otra sueña? ¿Cómo se filtran las impresiones diarias hasta condensarse en un significado? ¿Cuál es el vínculo entre la conciencia y la inconsciencia a nivel personal y colectivo? La oniromancia, o el estudio de los sueños, plantea preguntas sobre la mente dormida y sus múltiples significados; aplica una técnica científica rigurosa a un material abstracto y nebuloso. Este estudio tiene un propósito en parte práctico, ya que lo oculto de la mente es valioso para crear profecías futuras sobre la esencia del individuo y sobre la historia.

Una larga y rica tradición de interpretación de los sueños se extiende desde los griegos hasta los hindúes, desde la mística Cabalá judía hasta los libros del Corán. Pero más allá de los grandes sistemas, también se han realizado muchas incursiones individuales en la ciencia de los sueños para construir un poderoso arsenal personal de símbolos. La obra de la poeta chilena Winétt de Rokha es un maravilloso ejemplo de ello.

Winétt escribió varios libros de poesía a lo largo de su vida, pero hoy en día sigue siendo más conocida por ser la esposa de Pablo de Rokha, uno de los ‘cuatro grandes’ de Chile junto con Neruda, Huidobro y Mistral. Winétt conoció a Pablo después de escribirle una carta en la que expresaba su admiración por su trabajo, y él se enamoró tanto de sus palabras que viajó a Santiago para pedir su mano. Su padre se negó, pero Pablo persistió en su afecto, llegando incluso a retarlo a duelo. Impresionado, su padre finalmente permitió que se casara con ella.

Además de ser madre de nueve hijos y codirectora activa de la editorial antifascista Multitud, Winétt escribió cuatro colecciones de poesía. Su obra abarca una amplia gama de registros, que van desde poemas sencillos con una voz femenina, hasta composiciones de carácter político, así como otros textos crípticos y surrealistas. Oniromancia, su penúltimo libro de poemas antes del volumen modernista El valle pierde su atmósfera, es muy visual y onírico, como su nombre indica. En él, Winétt construye una mitología personal con una paleta lingüística exuberante y una imaginación inquieta.

Muchos de los poemas de Winétt abordan temas políticos y específicamente chilenos, con referencias a la región araucana del sur, donde el pueblo mapuche tiene una larga historia de lucha contra los colonizadores españoles (y más tarde, contra el gobierno chileno). Estas referencias se mezclan con invocaciones del copihue, la Guerra Civil Española, la Revolución Rusa y el Frente Popular, como respuesta a la creciente amenaza del fascismo a nivel mundial. En sus versos se puede sentir la intensidad de su llamado: “En los trigales de la democracia / arde el copihue del heroísmo y se escucha el redoble victorioso de los tambores americanos, / levantémonos con el heroísmo de las multitudes / mezclados con los gritos de los hambrientos de libertad, / ante la presencia traicionera de los fascistas”.

Sin embargo, incluso en este poema, Winétt se refiere a sí misma como madre. En poemas posteriores el “yo; seducido por ‘niños a montones’ y un ‘hogar sencillo y saludable, florecido con hierbas puras y alondras” debe enfrentarse no solo a una situación política oscura, sino también a los momentos sombríos de la vida doméstica. Sus emociones en conflicto encuentran expresión en un lenguaje transfigurado y brillante, extraído de los sueños.

Oniromancia es un libro breve de poemas y, sin duda, no es un texto alegre. En sus páginas se condensa una gran cantidad de dolor, lo que hace que, en ocasiones, su lectura y traducción resulten casi insoportables. Parte de la ‘historia real’ que subyace en el texto es la aventura de Pablo, el esposo de Winétt, con una hermosa mujer ecuatoriana que visitó Chile. Esta relación parece haberla afectado de manera especialmente intensa, y tanto la observación como las consecuencias de este hecho ejercen su influencia en estas páginas.

En cierto sentido, este es un libro que intenta comprender lo que sucedió, en un lenguaje que, si bien no es del todo críptico, oscurece el evento. Quizás uno pueda pensar en los poemas de Winétt como un acto de conservación, fragmentos de emoción presente que describen un sueño de felicidad que aún no había llegado, ni para ella personalmente ni para la sociedad en la que vivía. En las publicaciones de la revista literaria que coescribía con Pablo, también llamada Multitud, los dos opinaban sobre la actualidad y buscaban patrones y avances en la historia; los intentos de adivinación e interpretación de Winétt forman parte de una misma búsqueda de felicidad, que puede ser tanto personal como colectiva.

Este sueño utópico de felicidad es lo que la nieta de Winétt y un pequeño pero apasionado grupo de personas están tratando de descubrir hoy. La Fundación De Rokha, en la calle Holanda del barrio santiaguino de Providencia, tiene su sede en una casa con una gran reja, frente a una gasolinera. En los últimos años, desde que comencé esta traducción, la fundación ha estado en construcción constante, en un flujo creativo permanente, con renovaciones desde el desarrollo de su biblioteca hasta la apertura de una galería en la planta baja para exhibir obras de arte.

Patricia Tagle, quien dirige el lugar, es una mujer enérgica, con rizos saltarines y una enorme sonrisa. Como muchos de los De Rokha, ella es una artista, con un espíritu plenamente De Rokhiano. Sus pinturas, basadas en la intuición, son un remolino de colores vibrantes. Cuando Patricia me mostró la obra de otro hijo de De Rokha, hermosos y elaborados títeres con caras redondas y blancas en trajes suaves cubiertos de adornos, también reconocí una estética similar, de ese amor por el juego, la fantasía y la invención tan presente en la familia.

Volviendo a los poemas de Winétt, estos se encuentran profundamente influenciados por los cuentos populares chilenos que escuchó durante su infancia, así como por historias de otros paisajes y territorios. En su obra, emergen figuras como Huan Li T’ou, Eglantina y Monita de Palo, cada una aportando un sentido de diversidad cultural y riqueza narrativa. Por ejemplo, Monita de Palo es un relato con múltiples versiones en Chile y Argentina, una de las cuales narra la historia de un rey que, enamorado de su hija María, desea casarse con ella. María, que no comparte ese deseo, le plantea varias peticiones aparentemente imposibles: primero, un vestido hecho con todas las estrellas del cielo, y luego un grupo de jilgueros cantores. Aliado con el diablo, el rey logra cumplir con todas estas demandas, lo que lleva a María a disfrazarse de mono para huir. Un joven la encuentra y la lleva a la casa de su madre, donde el ‘mono’ ayuda en las labores del hogar y, en secreto, asiste a la iglesia con un vestido cubierto de estrellas y una bandada de jilgueros. Finalmente, se revela que el mono es en realidad María, y ella y el joven se casan en una celebración que dura varios días.

Es probable que Winétt recurriera a estos mitos como una alternativa frente a la obsesiva búsqueda intelectual que caracterizó a su abuelo irlandés, Domingo Sanderson, quien se sumergió en temas eruditos como la Ilustración y la Contrailustración. Sin embargo, aunque estos temas eran sin duda fascinantes, él terminó perdiendo de vista cómo vivir. En contraste, Winétt, aunque no se rebeló del todo, adoptó un enfoque diferente. Al igual que su abuelo, estaba en una búsqueda, pero convencida de que había un significado oculto más allá de la superficie de las cosas.

Este enfoque se ve reflejado en su obra Oniromancia, escrita en 1942, el mismo año en que su marido Pablo publicó Morfología del espanto. Aunque esta coincidencia temporal podría parecer casual, en realidad existe un diálogo secreto entre sus obras, un elemento oculto en el que los trabajos de ambos escritores estaban en constante conversación, construyendo un mundo privado de referencia mutua. Un testimonio de este vínculo es la grabación de una lectura de Winétt en la Biblioteca del Congreso en Washington D.C., donde se percibe la profunda voz de Pablo, al igual que la de Winétt: potente y segura. La similitud en la cadencia de sus voces es lo que más llama la atención, subrayando su íntima conexión.

Pablo, en su ensayo ‘Lengua y sollozo’, refleja este vínculo cuando escribe: “Superando errores y aflicciones, Winétt con su acento mundano hace posible la gran magia trágica y sublimemente heroica del arte, con la que el hombre construye la ansiedad y la unidad conceptualizadas por Cervantes, Job o Esquilo, y vincula lo antagónico”. Después de la muerte de Winétt, su dolorido esposo incluyó secciones conmovedoras en sus obras Fuego negro y Acero de invierno, en las que habla de la importancia que ella tuvo no solo en la crianza de sus hijos, sino también como un símbolo de todo por lo que habían trabajado juntos. Pablo nunca se recuperó del todo de su pérdida.

Las sutiles e imaginativas escenas de Winétt transitan entre los mundos internos y la vida social, abordando grandes temas como el significado y la forma de la historia en un estilo delicado y personal. Sus paisajes visionarios, aunque situados en un contexto social tumultuoso, operan en un registro diferente al estilo combativo de la poesía directamente política de su marido. La obra de Winétt, que presentamos con orgullo, trasciende el papel de musa y apoyo femenino al que a menudo ha sido relegada, y merece toda la atención de estudiosos y traductores, así como de aquellos que buscan la belleza en la literatura.

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Hoy, en compañía de la familia de Winétt de Rokha (1894 – 1951), en esta hermosa casa y patio, entre amigos y poetas, con el persistente olor a gas lacrimógeno en el aire, y también la fragancia de jazmín, quiero agregar unas palabras a las que escribí en mi prólogo a la traducción. Esto es posible porque Winétt es una buena autora, y con los buenos autores, siempre puedes decir más, escribir más. En esta casa donde el arte vive colgado de las paredes, dentro de los libros y en el fondo de los corazones, ¿qué hizo especial la Winétt, más allá del honor de ser una ‘De Rokha’, parte de esta tribu tan talentosa? A mí Winétt me enseñó la intensidad, el deslizamiento entre idea e idea que conecta imágenes como en sueños, con una superposición de significados que cambia registros, staccato y lírica, susurro y grito, en un monólogo que te pierde pero te atrapa, que habla de locura sin perder el control, que se hunde en el dolor mientras se logra lo sublime, que es capaz de la militancia pero también de una gran sensibilidad, que habla de mariposas destrozadas, horror y también belleza. Todo está allí. En definitiva es una poesía para nuestro tiempo, y al mismo tiempo eterna, ‘agotada y luminosa’, como dice la poeta.

Estoy agotada y luminosa,
cada rincón de mi cuerpo resucita;
los demonios de la locura
extienden un tapiz con pólvora y tiniebla,
la pasión exalta y languidece
fosforescente, reprimida, desmayada.

No recuerdo exactamente cómo me topé con la obra de la escritora, pero sí recuerdo que hace unos años, cuatro más o menos, estaba leyendo mucha poesía chilena, como una premonición de algo que aún no podía vislumbrar por completo. Las palabras de Winétt me hablaron desde el primer momento, como una intuición, una imagen de sueño. Su trabajo es líricamente denso, y no se te entrega en una primera lectura, y por eso quería traducirlo, para adentrar en esas palabras que me llegaron al principio más por su tono que por su mensaje, como colores en vez de formas. Me hablaron de una manera que pude entender, a pesar de no ser inmediatamente comprensibles, las sentí como un alma con alas en un momento de tormenta, como una pasión, como una actitud de creer en la vida y en la poesía, en la liberación de palabras como un huracán de julio. Como una rendición:

Será Primavera y la tierra estará seca y fresca;
entonces una llovizna diáfana caerá
y mi cuerpo cansado se sentirá bien
como las semillas que el sembrador
arroja en los surcos.

Sentí el ambiente implícito de una vida, un esposo, un hogar, hijos, tiempos difíciles en la familia, tiempo difíciles en la política, un mundo en guerra. Más tarde entendería mejor las conexiones biográficas, y la manera en que Winétt delineaba un sueño de felicidad que aún no había llegado para ella personalmente o para la sociedad en la que vivía, pero en la que tenía fe y esperanza. Pero al principio, fue la fuerza del lenguaje lo que me impresionó, no los hechos, no la información, sino otro tono, ni artificial ni coloquial, la palabra en su estado primordial, elegante pero lejos de los lugares comunes, siempre sorprendente. Quería traducir Winétt para vivir dentro de este sueño, o para contarle mi sueño, o para compartir el mismo sueño. Quería profundizar en ese vínculo entre la imaginación y el mundo exterior, que da a las creaciones más extrañas y intrigantes:

Dolor de sentir que somos todas las cosas
que la materia puede concebir: horror, y término y ternura,
ilusión maravillosa y temblor
en la mirada verde del mar.

A veces uno necesita un momento extremo para comenzar a escribir de esta manera, pero después de eso, son las palabras las que importan, el mundo de las visiones, la ciencia de comprender los sueños para leer el pasado y el presente y profetizar el futuro. Así el sentimiento de frustración personal y esperanza personal se pueden ver mapeados a la frustración y la esperanza del mundo. Última frase del poema largo ‘Sinfonía del instinto’, de donde vienen todas las líneas que cito esta noche.

En las noches, muy juntas las manos,
sentirlas tan pequeñas con el mundo en las palmas.

En estos poemas hay de todo: formas de sufrir y grandes alegrías, miradas solemnes de profecía y cuentos de niños. También se encuentran maneras de comenzar de nuevo, no con libros —demasiados libros, como los de su abuelo Domingo Sanderson—, sino con algo diferente, una concentración en las imágenes, en uno mismo, en las formas de percepción del mundo. Mi traducción es la segunda, ya que estos fragmentos coloreados ya han sido traducidos antes: de la lógica de los sueños de Winétt al lenguaje poético.

En la portada de la antología Suma y destino, vemos un grabado de una mujer con un estandarte, de espaldas a nosotros, frente a un grupo de hombres sin rostro. La tela, su cabello, y las posibilidades de lo que está por venir, bailan en el viento. Y estos poemas siguen bailando en nuestras cabezas, en un baile lento y largo, frente a frente.

 

Jessica Sequeira

Jessica Sequeira es poeta, novelista, historiadora y traductora. Sus libros incluyen Una luminosa historia de la palmera (LOM Ediciones; Sublunary), Taal (Pez Espiral; Pamenar Press), Otros paraísos (Editorial Aparte; Zero Books) y Chacal dorado (Buenos Aires Poetry). Actualmente es investigadora postdoctoral FONDECYT en la Pontificia Universidad Católica de Chile, profundizando en la influencia de India y China en la poesía y música de Chile. Con el grupo musical Lux Violeta crea canciones con letras de poesía y ritmos latinoamericanos y asiáticos. Vive en Santiago de Chile.

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