Ilustración: Collage digital a partir de ilustraciones de Runge Farbenkugel
La naturaleza del color. Presentación
En la bruma del ocaso
el color de las llanuras
se abre como un mapa roto,
una avalancha de minerales
fracturando el territorio
pero desde dentro.
El cuento “Copromancia”, del escritor brasileño Rubem Fonseca, muestra a un hombre que de a poco comienza a observar sus heces cada vez que va al baño, descubriendo en esas señas mucha información de sí mismo, hasta convertir dicha práctica en una obsesión y, luego, en un sistema de visión del futuro. La observación concentrada y cotidiana de esos hechos le abre la puerta de pronto a una comprensión del tiempo más allá del presente, y este ejemplo que también funciona de forma cómica o caricaturesca es más profundo de lo que parece. Pues, finalmente, ¿hay algún resquicio de la naturaleza donde, luego de la visión concentrada, no revele un lenguaje oracular?
para oír con la piel,
o con el esqueleto,
incluso
el color interno
de las cosas.
Porque, dentro de este espacio sin contornos, no existe el color en términos visuales cual nos es entregado por el relato acerca de los cinco sentidos humanos. Este libro muestra, por ejemplo, que el color también se percibe desde el sonido, porque es un espacio y realidad mental mucho antes de manifestarse externamente. La naturaleza del color indaga en las zonas periféricas, aquellas que percibimos de reojo y que cuando las enfrentamos nos encandilan. Es el exceso de luz del que hablan los místicos, que no es una falta de visión sino la capacidad de anular el pensamiento lógico y el ego para procesar la realidad. Cuestiones todas que le son muy conocidas a la poesía como género literario. Estas zonas adyacentes mantienen una pulsión que cuesta explicar por medio de nuestros sentidos, y permiten la entrada de la naturaleza oculta.
Cristales
En las fracturas del cuarzo
vemos la huella lejana
que otros planetas dejaron,
aquí entre las montañas
La voz que habla muestra un gran respeto por las entidades de la naturaleza. No las concibe como paisaje, aunque habla de éste sabiendo que también es interior. Tampoco traza un mapa de ellas, aunque esta es una palabra y concepto que se repite transversalmente en la obra de Eduardo Serrano y La naturaleza del color no es una excepción. Aquí hay al menos una diferencia. El hablante no es un espectador sino más bien pareciera un canalizador, como en este caso donde nos muestra cómo lee un cristal, extrayendo de él un mensaje que lo instala en eco y conversación voces de otras tierras y tiempos. Es el principio de correspondencia, una de las leyes fundamentales de la filosofía hermética. Establece que existe una armonía entre los diferentes planos de realidad: el físico, el mental y el espiritual. Lo que es arriba es abajo. La expresión proviene de la Tabla Esmeralda, un texto antiguo atribuido a Hermes Trismegisto. Su idea central es que el universo funciona como espejo.
lo que fue hoja
pierde su borde,
su aspereza inicial,
y comienza
a hacerse cuerpo.
La palabra metamorfosis aparece en el libro tanto de forma literal como metafórica, tal es este caso. Esto es inseparable a la concepción dicha anteriormente, sobre el hecho de que el universo está en nuestro interior y en nuestra psique, según visiones más psicoanalíticas, o en nuestro doble astral, según visiones provenientes de la física cuántica pero que vienen a hablar de lo mismo.
Ovidio escribió en sus Metamorfosis las mitologías de su propia cultura grecorromana, hilando en un gran relato poético las distintas versiones sin excluirlas, mostrando cómo los caminos son serpenteantes y se articulan. Aquí, además, demuestra una visión biológica desde lo mitológico, invitándonos a observar un cuerpo en descomposición. Emergen gusanos, ellos van a la tierra, alimentan una semilla que se transforma en árbol y alguien come ese fruto. Es así como el espíritu pareciera transitar de cuerpos a cuerpos en un eterno fluir. Y por ello podemos comunicarnos con una piedra, un caballo, un mar congelado: Porque somos ellos también.
Suturas
Nos asomamos a la orilla
de un mar profundo y helado
buscando el rastro
de grandes volcanes sumergidos,
aunque lo único que encontramos
fue el camino de vuelta a la infancia
pulverizado por el paso de los años
convertido en racimos de arena negra.
Este es un momento misterioso dentro del libro que invita a entrar en los poemas como un ejercicio sistémico, sugiriendo juegos a manera de constelaciones familiares dentro de este tipo de prácticas. El hablante no elije hablar de la ciudad. Se instala en la naturaleza no domada de las cosas, y ya quedó claro para estas alturas que no se trata de una naturaleza solo exterior. La poesía puede ser un viaje en el tiempo, puesto que las metáforas, sincronías e imágenes son en palabras de Jung el lenguaje del universo.
Aun cuando la madre
ha bajado la voz
mientras conversa con el padre
en el fondo del jardín,
la hija continúa leyendo.
Esta es naturaleza del color para el libro, y puede encontrarse definida en otros momentos. En la infancia vemos incluso lo que está oculto. Percibimos permeables todo lo que nos envuelve y por eso entonces somos profetas, y todos somos artistas por el hecho de que hemos sido niños, como bien señala Joseph Beuys. El personaje de la niña es una aparición clarividente y se enfrenta con los adultos, quienes al parecer no perciben lo invisible o, peor aun, creen que los niños no lo notan. Bajar la voz, incuso guardar silencio, no significa dejar de ser escuchado para alguien que sí sabe percibir. Lo que recuerda al sabio Miyazaki, quien en varias películas representa a la infancia como poseedora de un canal de visión interdimensional, en contraste con los personajes mayores que les rodean. Estos momentos son claves además porque efectivamente muestran una realidad y posibles soluciones ante la ceguera adulta. La naturaleza del color se esfuerza en ello porque sabe que dentro de sí aun habita su propia infancia.
Aun cuando la madre
ha bajado la voz
mientras conversa con el padre
en el fondo del jardín,
la hija continúa leyendo.
La naturaleza del color parece decir todo a lo que nos acercamos nos recuerda que somos infinitud y estamos ligados molecular e inseparablemente. La infinitud en términos místicos o poéticos es diferente al concepto matemático. Se refiere más bien a la experiencia de plenitud sin fronteras ni tiempo. Representa la naturaleza ilimitada de lo divino y la conexión eterna entre el alma y el universo. Es el Sof de la Cábala, Eso que llamamos dios no como una presencia externa sino como un estado de infinitud absoluta. Es el nudo místico del budismo tibetano, o nudo eterno, que simboliza la conexión de todas las cosas en lo divino: el amor infinito que no tiene principio ni fin. Es la nada y el todo de San Juan de la Cruz, describiendo la unión con lo infinito como un vacío que paradójicamente lo contiene todo. El libro entrega claves acerca de esto ocupando la palabra poética como puerta para ello.
De noche albergo constelaciones
que voy acumulando
en el interior de los ojos
como en el sueño profundo de los árboles
y voy creando un bosque de huesos
con los restos
que encuentro en mi memoria
aunque luego se vayan pulverizando
como arena de estas praderas.
Como en las prácticas del cuento de Fonseca, o en la invitación de este libro a acercarse humilde y enteramente a los resquicios de la naturaleza circundante, conocerse por dentro invita a comprender, no con la percepción directa, sino elusiva y contorneada, que sucede por instantes y no de forma lineal.
La noche está llena de colores. La noche hace cerrar los ojos. La noche abre espacio a la muerte. Tengamos, así, una buena muerte.
