Un nudo de sombras en la fiesta del universo – Carcaj.cl
Un nudo de sombras en la fiesta del universo

Ilustración: Mapa de Chiloé, Islas interiores (intervenido)

26 de mayo 2026

Un nudo de sombras en la fiesta del universo

Presentación a Pabla, pies de fuego, de Patricia Águila. Ediciones Delakostra. Santiago, 2025.

§

Chiloé es un nudo que nos aprieta, un abismo que nos engulle y del cual muchas veces no podemos salir. “Somos un nudo de sombras en la fiesta del universo” escribía Nicasio Tangol en Huipampa. Sabemos que somos de acá cuando nos empezamos a dar cuenta, generalmente desde la angustia, que tenemos que resolver algo con este territorio. Que no nos va a soltar, que no hay forma. Que es él el que nos habita, que nos ahoga, con todos sus claroscuros, con toda su rabia, con toda su fuerza, con todo su amor, con toda su oscuridad, con todas sus contradicciones. Sabemos que somos de acá cuando nos empezamos a dar cuenta que tendremos que invertir nuestra vida en esto, en tratar de resolver esto, y que, en términos sinceros, nuestra vida no tendrá sentido si no comprendemos y resolvemos nuestra relación con este territorio. Es una weá muy loca. Por eso punza desde la angustia, por eso es un “nudo de sombras”, que tendremos que saber desatar, aunque sea un poco.

Lo que contiene la obra poética de Patricia Águila, y en especial este libro “Pabla, pies de fuego”, es la memoria chilota popular que nos aprieta las tripas, y que no podemos obviar, y que debemos “usar” en un sentido liberador, en un sentido sanador. Hay buenos y malos usos de la memoria. El rebrote debe ser liberador, y este libro es un rebrote en sí mismo. “Habré de brotar, como brota la sangre en primavera”, se reafirma en su último verso.

Pero ¿qué es la memoria territorial? ¿Por qué machacamos tanto con la memoria territorial? ¿Qué la diferencia de la historia, por ejemplo? La memoria, a diferencia de la historia, se encuentra condicionada por el trasfondo social del cual se obtiene el material que actúa como fundamento de dichos recuerdos: es decir, el presente. El dinámico y conflictivo presente. El neocolonial y clasista presente. Por tanto, la memoria no refiere, no podría referir, a una concepción fija del pasado; tentación incesante de la historia. La memoria es más bien “el efecto de una reconstrucción que adquiere su significación en el marco del vínculo colectivo actual, es decir, se trata más de una producción que de una preservación del pasado”. 

Esa “producción del pasado desde el presente” es una antorcha que atraviesa toda la poesía de Patricia Águila, y es el espíritu de este libro.

Cito un extracto del poema “El retorno” de “Pabla, pies de fuego”:

En los campos ya florecen tus cabellos
sabré reconocerlos
desde mi asiento al final del minibús
Asiento donde olvidaré mi nombre
pues adonde voy
me nombrarán manos tiernas
que, en sueños, me esperan
junto al mar.

En Terao hay una casa, les digo
Me espera una banca tras la estufa
donde dejarán el polvo
de mis huesos
y una voz anciana cantará
Bella Elena encantadora dueña de mi amor primero
mientras llegan las demás
de la faena.

La memoria es un fenómeno que siempre se vive y experimenta desde el presente. “Desde el asiento al final del minibús”. Es, por tanto, una manifestación viva de este territorio, como este libro. La memoria es afectiva, emotiva, abierta a todas las transformaciones, vulnerable, susceptible de permanecer latente por largos períodos y de bruscos despertares. La memoria es siempre un fenómeno colectivo, aunque sea psicológicamente vivida como individual. La memoria “hermana”, por eso estamos hoy acá y por eso este libro es tan importante.

“Ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo si éste vence”, decía Walter Benjamin en sus Tesis de Filosofía de la Historia. Y lo hacía para reafirmar la importancia de rescatar a nuestros muertos/as del desprecio de la historia oficial. En nuestro caso, de salvar nuestra memoria territorial y de clase de ese relato que nos han metido a la fuerza desde que éramos pequeños, y en el cual nada de lo nuestro parece que merecía ser recordado. Nada. Nada más que una caricatura de mal gusto con un gorro chilote en alguna página perdida. Y es que esa es justamente la función perversa de esa historia que viene desde arriba y desde el centro: dejarnos sin puntos de referencia, inconscientes de nuestros propios procesos. Sin orgullo, sin rabia, sin esperanza, sin contención, sin fuerza. Dóciles y desmemoriados.

Cito a Patricia nuevamente:

Pasa un ave
sobre nuestras cabezas
con cien nombres
en sus plumas
cien cuerpos
que no son vestidos
cien nombres que no
se pronuncian
como un lunar de sangre
que nace en todos
los tiempos
Me persiguen
por decir presente

Lo que aparece, lo que prima, en este poema y en este libro, es otra forma del tiempo: un tiempo que no se despliega, que ya no es lineal, sino que es entero y completo. Un tiempo pleno, nuestro y pendiente. Afiladísimo. Es la aparición de un Pueblo en tanto que Pueblo. Y la aparición de un Pueblo en tanto que Pueblo, refiere a aquello que es capaz de sacar de sí, como acumulación histórica, su propia memoria, la que hace posible que proyecte aquellos pasados que tenían futuros no cumplidos, rabias contenidas, porvenires no realizados. Es un momento de epifanía colectiva, de revelación, de memoria viva, y vivida en el presente.

He ahí su intensidad y su pedagogía política.

Gracias Patricia Águila por ser canal, por entregarte, no a cualquier trance, sino a uno que constituye pueblo, que nos afirma como pueblo, que nos cuida y nos alienta como pueblo. Tu poesía es nuestra.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *