Uwe Timm: escribir ahí donde la historia deja un vacío – Carcaj.cl
Uwe Timm: escribir ahí donde la historia deja un vacío
18 de octubre 2026

Uwe Timm: escribir ahí donde la historia deja un vacío

Siracusa, Sicilia, 25 de septiembre de 2026. La librería Mascali está llena. Es una de esas tardes cálidas de fin de verano siciliano. Entre los asistentes están dos grandes traductoras: la mujer de Uwe Timm, la argentina Dagmar Ploetz, reconocida traductora del español al alemán de autores españoles y latinoamericanos, y Margherita Carbonaro, también reconocida traductora al italiano del alemán y letón y, en esta ocasión, intérprete del encuentro. También estaban presentes traductores de Uwe Timm a otras lenguas.

Durante el encuentro, Timm habla de literatura, memoria, sentimientos, infancia y política. Pero buena parte de la conversación parece volver, de distintas maneras, sobre una misma pregunta: qué puede hacer la literatura ahí donde los documentos, los grandes relatos históricos y los discursos políticos dejan un vacío.

“La literatura habla de las emociones”, dice. Y sostiene: “no tenemos una historia de los sentimientos, aunque los sentimientos sean la fuerza propulsora de la historia. Los sentimientos hablan a través de la lengua”. Entonces aparece una pregunta que excede la literatura: ¿cómo puede ser posible que haya personas que tengan un valor menor a otras? Es una pregunta que encuentra una forma concreta en Tras la sombra de mi hermano (publicada por primera vez en alemán en 2003).

Su padre era nacional conservador. Cuando Uwe era pequeño, su hermano, Karl-Heinz, ingresó voluntariamente en la División SS Totenkopf de las Waffen-SS, destinada al frente oriental. Tenía 18 años. Y, aunque estaba prohibido, por unos meses (hasta su muerte), Karl escribió un diario y envió cartas. Esos fragmentos son parte del material a partir del cual Timm intenta reconstruir a su hermano y, sobre todo, responderse qué llevó a su hermano a unirse voluntariamente a las SS. Sin embargo, en el diario y las cartas hay hechos. No hay, o casi no hay, sentimientos. No hay espacio para los deseos. Y para Timm esa ausencia resulta tan significativa como aquello que quedó escrito. La literatura aparece entonces como una posibilidad de entrar en ese territorio que los documentos no pueden registrar. Durante el encuentro en la librería lee la primera página de Tras la sombra de mi hermano. La lectura desplaza por un momento la conversación desde la historia hacia una experiencia individual, desde las fechas y los acontecimientos hacia la intimidad de alguien que escribe sobre el único recuerdo nítido que tiene de su hermano. Es ahí donde aparece la microhistoria. No como una versión menor de la Historia, sino como una manera de interrogarla desde otro lugar.

La relación entre literatura y realidad también aparece cuando le preguntan por su fascinación, durante su juventud, por El extranjero, de Albert Camus. Timm recuerda los últimos años de la década de 1950 y comienzos de los sesenta, cuando convivían distintas tendencias culturales y cinematográficas. Camus le interesaba por su oposición a una literatura que buscaba transmitir una enseñanza moral, “no era moralizante”, afirma. Su escritura era dura, fría, sin un propósito pedagógico evidente. No ofrecía preguntas cerradas ni respuestas tranquilizadoras. Encuentra algo similar en el cine de Michelangelo Antonioni y menciona La notte. En ambos casos hay una distancia frente a la necesidad de explicar el mundo o de decirle al espectador qué debe pensar. El contraste, recuerda Timm, podía verseen la cultura alemana de posguerra, donde persistía una representación idílica, muy kitsch, fundada en una imagen tranquilizadora de la sociedad y de la “buena voluntad” del pueblo alemán. La literatura que le interesa, en cambio, parece comenzar precisamente cuando se interrumpe esa tranquilidad.

Pasolini y un presente sin revolución

El mediador, Francesco Ortisi, introduce la pregunta sobre Pier Paolo Pasolini y su lectura del neocapitalismo como una forma de fascismo. Timm cuenta que su formación fue marxista y que esa tradición lo acompañó siempre. Pero considera que el presente ya no puede explicarse simplemente desde las categorías del capitalismo tradicional. Habla de una globalización que, paradójicamente, ha producido también un fuerte nacionalismo. Menciona a China, a Donald Trump y a Vladimir Putin y propone la idea de neonacionalismo. Para Timm, vivimos una época de extrema injusticia y de una distribución injusta de la riqueza. Pero hay algo que ha cambiado respecto del horizonte político de su juventud: desde una posición de izquierdas, dice, la revolución ya no parece una opción pensable.

Su relación con Pasolini es, por eso, compleja. “Es una figura problemática para mí”, reconoce. Le gusta su cine, pero encuentra dificultades frente a otras posiciones, por ejemplo su postura sobre el aborto. Lo estima, sin embargo, y se pregunta qué pensaría hoy de un mundo transformado por las redes sociales, de una sociedad en la que los hombres leen menos o de la llegada de mujeres de derechas al poder.

También habla un poco sobre la inteligencia artificial. Timm dice que le sorprende la velocidad con que se ha convertido en una herramienta cotidiana. Ante la primera duda, muchas personas consultan ahora a una IA. Él conserva otra secuencia: primero su mujer, después su hijo y después su nieto. La solución es intergeneracional.

Literatura para las infancias: contar, escuchar, modificar

Cuando la conversación se desplaza hacia la literatura para las infancias, Timm vuelve a hablar desde una experiencia familiar. Conoció a su mujer, tuvieron hijos y los hijos vivían de historias y cuentos: eran sus maneras de interpretar y conocer el mundo. Escribió un libro para el primero; después, uno para el segundo; luego, uno para el tercero.

Fue así como descubrió algunas reglas que no había formulado de antemano. Una de ellas, que al escribir para niños no se puede utilizar la ironía del mismo modo que con un adulto. Los niños entienden el chiste, explica, pero la ironía llega con la pubertad. Puede funcionar para el adulto que acompaña la lectura, pero no necesariamente para el niño. Su procedimiento era contar primero una historia, escribirla después y volver a leerla con sus hijos. Finalmente, les ofrecía modificar aquello que no les gustaba. Lo curioso es que ellos no cambiaban las grandes cosas, cambiaban los detalles: los nombres, pequeñas circunstancias, elementos que para el adulto podrían parecer secundarios pero que para ellos hacían a la singularidad de la historia. “Para escribir para las infancias hay que evitar el cliché y buscar la singularidad”, afirma. En cuanto a la construcción del sentido en la literatura, Uwe Timm explica que en el mismo participan tres intenciones: la del autor, la del lector y la del propio texto. Ninguna controla por completo el significado.

Abrir caminos invisibles

Al final del encuentro me acerco a Timm. La conversación sobre la revolución me quedó pendiente pero, como sucede en estos encuentros, hay un tiempo limitado. Entonces pregunto: si la salida ya no es la revolución tal como se la entendía antes y si las “resistencias” tampoco pueden ser las mismas que hasta ahora (como planteó Lucrecia Martel en una conversación con Marta Dillon), ¿por dónde hay que ir? ¿Cómo se hace?

Timm responde con la vieja metáfora marxista: “como los topos”. Trabajar bajo la superficie, abrir caminos invisibles, insistir en otro plano. Y agrega una frase breve: “Es siempre político”. La imagen vuelve, de algún modo, al comienzo de la conversación. A aquello que queda fuera de los documentos oficiales. A los sentimientos que no aparecen en los archivos, a la microhistoria como una forma de entrar en la Historia. Quizás sea todo eso lo que nos acerque a una definición de la literatura de Uwe Timm: trabajar sobre lo que permanece debajo de la superficie.

Carla Duimovich Nigro

Estudié Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Trabajé de muchas cosas y colaboré con muchos medios. Fui profesora en Eter Mar del Plata. Me gusta el cine, leer y hacer grabados. Escribo desde que me acuerdo. Ahora vivo en Sicilia.

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